sábado, 20 de enero de 2018

SEGUIR ANDANDO

SEGUIR ANDANDO Joaquín Córdova Rivas Existen muchas formas de ver la realidad, o más bien de construirla. Existen muchas formas de gobierno, no solo la democracia liberal que hoy está de moda, aunque bastante decaída ya. Existen muchas formas de relacionarse con los otros, con la naturaleza, con el universo; el neoliberalismo depredador, que considera que todo —el agua, la tierra, los animales, los seres humanos, el conocimiento, la justicia, la dignidad—, es una mercancía que se puede comprar, usar y desechar, no es la única. Hay quienes cometen el atrevimiento de pensar fuera de los estrechos márgenes de un cientificismo y humanismo impuesto desde los grandes centros colonizadores, de esos que postulan que su pensar es el único válido porque se aferra a reglas anquilosadas que perpetúan las desigualdades sociales, que no logran esa felicidad que prometen con el consumo incesante de bienes que se transforman en males. Que siguen predicando que su camino es el correcto por cuidar sus particulares intereses, unos, o los otros, por el miedo a admitir que por mucho tiempo se ha vivido en el error y el engaño. Evidenciar nuestra insostenible e infeliz forma de vivir, nuestra falsa democracia, nuestro hipócrita humanismo, nuestra falsa solidaridad disfrazada de zombi individualismo, es posible porque existen otras maneras de vivir, de aprender, de convivir y de gobernarnos. Cuando una “civilización” se enfrenta a otra buscando su sometimiento y después su destrucción, no solo se matan seres humanos que se presumen diferentes físicamente, o inferiores por sus creencias, o ignorantes porque su conocimiento abreva de otras fuentes, también se destruye su sabiduría ancestral. Ese “epistemicidio” —de episteme: conocimiento— se da en nombre del progreso material de los conquistadores, de la salvación de las almas, de la superioridad dada por quién sabe qué dios o del gobernante que lo representa. Por eso vale la pena seguir el peregrinaje, otra vez, de nuestros pueblos indígenas; de los representantes de esas culturas originarias que no se han vencido ante el embate corruptor de los modernos partidos políticos, que reivindican esa historia ignorada en los libros de historia y petrificada en monumentos que distorsionan su apariencia y los presentan como un pasado ya superado, como algo de lo que hay que renegar para ser “modernos”. Ese “Nunca más un México sin nosotros”, que apareciera en la misma fecha del anuncio salinista del tratado de libre comercio con américa del norte, donde nuestro país caería en la trampa de aportar la mano de obra barata y controlada, para que las grandes empresas norteamericanas y canadienses pudieran competir con los tigres asiáticos, para que pudieran bajar el precio de sus productos y se volcaran al consumismo irresponsable, no deja de resonar y buscar canales de expresión desde ese enero de 1994. Pero las cosmovisiones indígenas son más antiguas y hasta más sabias que muchas de las ideas impuestas desde la vieja Europa, esa que se empeñara en destruir las civilizaciones diferentes a la suya, que robara todo tipo de riquezas para malgastarlas en guerras estúpidas internas, en perseguir con particular saña otras formas de relacionarse con la tierra, con los ríos, con los animales, con otras culturas. No se trata de reinventar un paraíso precolombino ni de ignorar sus propios conflictos, sus conquistas de pueblos vecinos sangrientas y crueles, pero esa visión también está distorsionada por la mirada de quienes se presumían superiores. Esas culturas, esas visiones, esas reivindicaciones se encuentran presentes en el proceso electoral mexicano a través de la vocera —que no candidata—, del Congreso Nacional Indígena, la médica tradicional náhuatl María de Jesús Patricio Martínez. Pero para no repetir su historia personal, ligada estrechamente al movimiento indígena reciente, quien esté interesado puede recurrir a las fuentes de información más confiables, o a simpatizantes como Juan Villoro. www.congresonacionalindigena.org Las dificultades, las traiciones, las promesas incumplidas han sido muchas; desde los Acuerdos de San Andrés, hasta las dilatadas e incompletas sentencias de los tribunales agrarios o de otro tipo, que siguen sin acatar sus propias chicanadas legales, hasta lo de ahora: los desalojos, las represiones abiertas, el robo de tierras comunales, el encarcelamiento o asesinato de sus líderes, el patrocinio de guardias blancas y mercenarios buscando su exterminio, la discriminación y el accionar de las instituciones oficiales que perpetúan las desigualdades sociales. Quién sabe si se logre vencer los obstáculos puestos por la misma partidocracia para que María de Jesús Patricio llegue a ser reconocida como candidata independiente, pero nuestros pueblos indígenas saben que hay que persistir en el andar, que si más de 500 años de historia oficial no han logrado destruirlos, menos se dejarán ahora: “A todos ellos les estorbamos los pueblos vivos, que creemos que la tierra es sagrada y el agua nuestra vida, pues en ella está también la memoria de lo que somos y de lo que fuimos, de lo que pelearon nuestros abuelos ante el despojo que siempre han querido hacer los ricos y los gobiernos para arrebatarnos lo que para ellos es una mercancía, pero que para los originarios de este país y del mundo son nuestra única forma de seguir existiendo”.

sábado, 13 de enero de 2018

¿HOMBRES O LEYES?

¿HOMBRES O LEYES? Joaquín Córdova Rivas La democracia no es, ni ha sido, la única forma de gobierno; tampoco se ha considerado siempre la más adecuada. Es más, desde su auge en la Gracia clásica ha sido sometida a una crítica constante y fundamentada. El colmo lo vivimos ahora, en que hemos construido la idea de que la democracia es la mejor y única forma correcta de gobierno, que cuestionarla es hacerle el juego a “intereses oscuros”, a lo políticamente incorrecto. Pero, como ya hemos visto en textos anteriores, la democracia se considera un estorbo cuando de eficacia electoral se trata. Entre la dictadura de una mayoría inculta o de una minoría ilustrada la discusión parecía zanjarse con un sistema donde una mayoría informada, crítica, educada que supiera sus derechos y ejercerlos, pudiera elegir legisladores sabios que diseñaran un entramado de leyes que los reyes, buenos o malos, tuvieran que respetar. Uno de los grandes teóricos de la democracia, Norberto Bobbio, en una sintética revisión de la vieja polémica ¿Gobierno de los hombres o gobierno de las leyes? Nos ubica en el centro de la misma: «Mientras que la primacía de la ley protege al ciudadano de la arbitrariedad del mal gobernante, la primacía del hombre lo protege de la aplicación indiscriminada de la norma general, por supuesto, siempre que el gobernante sea justo. La primera solución sustrae al individuo a la singularidad de la decisión; la segunda, a la generalidad de la prescripción. [...] En realidad, ambas presuponen una condición que acaba por hacerlas, al cambiar la condición, intercambiables. La primacía de la ley se basa en el presupuesto de que los gobernantes son en su mayoría malos, en el sentido de que tienden a usar del poder para sus propios fines. A la inversa, la primacía del hombre se funda en el presupuesto del buen gobernante, cuyo ideal es, para los antiguos, el gran legislador. En efecto, si el gobernante es sabio, ¿qué necesidad hay de constreñirlo en la red de las leyes generales, que le impiden sopesar los méritos y deméritos de cada uno? Por supuesto; pero si el gobernante es malo, ¿no es mejor someterlo al imperio de normas generales, que impiden a quien ocupa el poder erigir su arbitrariedad como criterio de juicio de lo justo y de lo injusto?» http://www.liderazgos-sxxi.com.ar/bibliografia/bobbio-cap-7.pdf Desde ambos frentes, el idealismo y el materialismo filosófico, desde Platón y Aristóteles, —que observaron horrorizados como una “mayoría” condenaba a muerte a uno de los suyos: Sócrates—, pasando por los grandes del pensamiento político, a veces de diferentes formas, pero la discusión permanece. En nuestro mexicano contexto actual, se revivió cuando se le pregunta al precandidato Andrés Manuel López Obrador su opinión respecto de la repudiada Ley de Seguridad Interior que legaliza a que las fuerzas armadas permanezcan fuera de los cuarteles e intervengan cuando las fuerzas policiacas sean rebasadas por la corrupción, el crimen, o por el desorden público, y responde que no hay de qué preocuparse, porque él no la utilizaría. Es decir, el buen gobernante no aplicaría una ley mala, por lo que el pueblo puede estar tranquilo. La forma adecuada de responder al desplante lopezobradorista la dan los teóricos revisitados por Bobbio: «no es el rey el que hace la ley, sino la ley la que hace al rey.» Solo que no lo pueden hacer porque sería reconocer la perversidad posible en la aplicación de una Ley propia de un estado de excepción, no de un estable “estado de derecho”, que si no existe como tal es por responsabilidad de los propios gobernantes actuales —incluidos los legisladores, que son más estúpidos que sabios—, que se mandan a hacer leyes a la medida de sus propios intereses y que legalizan el trato preferencial a los poderosos a costa del resto de los ciudadanos. A pesar de que esas “desviaciones” democráticas fueron previstas, de poco han servido las advertencias y el apelar a la historia: «Para Tocqueville, una nueva especie de opresión amenaza a los pueblos democráticos, por lo cual resulta difícil valerse de las palabras antiguas, “porque la cosa es nueva”. Pero no tan nueva como para no poderse describir como una forma de despotismo: Imaginemos bajo qué aspectos nuevos podría producirse en el mundo el despotismo: veo una innumerable multitud de hombres semejantes e iguales que no hacen más que girar sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres con los que saciar su espíritu...» Hasta parece que está describiendo a nuestra kakistocrática casta política, que solo ve y se cuida a sí misma, fingiendo una contienda política con falsos competidores a través de los cuales busca perpetuarse y mantenerse corrupta e impune. Incluso se reconoce que formas dictatoriales de gobierno aparecen en crisis muy específicas, como una necesidad de buscar solución a situaciones extremas y no solo por la voluntad de un individuo por muy poderoso que se crea, que además tiene un tiempo específico de acción y una tarea precisa: «Algunos de los más importantes escritores políticos de la Edad Moderna, desde Maquiavelo hasta Rousseau, señalan la dictadura romana como ejemplo de sabiduría política, por cuanto reconoce la utilidad del gobierno del hombre, si bien lo admite sólo en caso de peligro público y únicamente mientras dure tal peligro. Más aún, el cometido del dictador es precisamente el de restablecer el estado normal y, en consecuencia, la soberanía de las leyes.» Ante las crisis actuales: económica, social, de justicia —impunidad—, del sistema completo de bienestar social (véanse las presiones de gobierno del estado contra el sistema de retiros y jubilaciones de sus trabajadores), educativa, ética y las que se acumulen hasta antes del primero de julio, las respuestas podrían ser: apostar por la continuidad pensando que las cosas no pueden ir peor y en la idea de un “progreso” que solo hay que esperar porque es inevitable —nos caería como bendición o castigo divino—; o apostar por un “dictador bueno”, rodeado de asesores y legisladores sabios que, ante la emergencia, imponga medidas que restauren ese devastado sistema de bienestar social que seguimos perdiendo, y que restaure la moral y ética pública. Difícil elección, pero habrá que hacerla.

sábado, 2 de diciembre de 2017

NO SOMOS LOS DE ANTES

Joaquín Córdova Rivas No es lo mismo. La bufalada no distingue matices, simplemente carga de frente sin importar nada: los destrozos que provoque y deje le tienen sin cuidado, es ciega porque simplemente va detrás de la cola del que va adelante, sin importar si va directo al precipicio, el chiste es sentirse parte de eso que levanta impresionante polvareda y aterroriza por breves instantes. No importa que se atropelle a los más lentos, no importa que se ignore a los sabios de la manada, no importa que se reviente contra el suelo a los que resbalan o tropiezan, tampoco si por la estupidez colectiva todos acaban malheridos o muertos. No embisten porque se sienten poderosos, sino porque huyen de lo que los atemoriza y hace correr sin miramientos. Es una huida, no un avance ni conquista. Ocuparse de la precandidatura presidencial de la tercera fuerza electoral actual del país parece una ociosidad, no lo es por varias razones. La primera es que los intereses que representa su posible candidato están presentes en el resto de las fuerzas políticas. La partidocracia mexicana tiene más en común que sus posibles diferencias, aunque sigan aparentando desavenencias ideológicas que, en el fondo, ya no tienen. Y es que ese “fin de la historia” proclamada por el neoliberalismo los ha igualado en sus ambiciones, ya no importa quién defienda lo poco que queda de soberanía, tampoco garantizar la seguridad de los ciudadanos, mucho menos trabajar por incrementar el nivel o la calidad de vida de trabajadores, obreros o campesinos; mucho menos meterse en broncas por disminuir las desigualdades sociales. Total, el catecismo neoliberal dice que cada uno tiene lo que se merece, lo que individualmente le toca. Retrocedimos más de 2 mil años, ahora el destino, disfrazado de libre mercado, donde todos somos mercancías y no seres humanos, determina lo que será de nuestro futuro por varias generaciones. La brutal concentración de la riqueza en pocas manos, que es consecuencia de la inhumana pobreza del 99 por ciento de la población restante, seguirá siendo vista —por el 1 por ciento—, como deseable, como legal, como moralmente aceptada y divinamente normalizada. Segundo. El destapado priista aspira a ser el representante de esos intereses que no acostumbran a dar la cara ¿para qué si siempre hay quienes estén dispuestos a recibir los mamporros por unas cuantas migajas? Lo peor es que esas mayorías depauperadas, indignamente tratadas como carne de urnas, llegan a creer que los intereses de esas privilegiadas minorías son también los propios, y los apoyan, los justifican, los protegen hasta con su vida y su credencial de elector. Tercero, hasta el momento, el pasado mes de octubre ha sido el mes más violento del año más violento, por lo menos en lo que va del siglo 21. Podemos asegurar que las víctimas de tanta inseguridad, de tanta violencia, de tanta corrupción, no se quedarán pasmados. Es cierto que el miedo paraliza, pero no por siempre. En cuanto el miedo se convierte en indignación las reacciones son impredecibles. Ya no es el miedo de la bufalada que no sabe a qué le huye, es la ciudadanía indignada que sabe, porque lo sufre, que los millonarios robos —“desvíos” les dicen—, la quiebra financiera de instituciones públicas —los sistemas educativos de los estados, por ejemplo—, la descarada impunidad, las desapariciones, la trata de personas, los feminicidios, los levantados, los ejecutados, las extorsiones, los secuestros, los homicidios, la represión, la devastación de los recursos humanos y naturales, tienen causas, tienen nombres y apellidos, tienen una partidocracia que los protege, tienen a las supuestas fuerzas de seguridad trabajando para ellos, tienen secretarías e instituciones, como la de hacienda y crédito público que sabiendo lo que hacen no los investiga, mucho menos los encausa para ser castigados. Tienen tribunales, organismos electorales, fiscalías, un sistema educativo cómplice al que no le interesa formar ciudadanos, y que solo sirven para taparse los unos con los otros. La escalada violenta que ha provocado cientos de miles de víctimas no puede permanecer fuera de la ecuación electoral, el voto de castigo será un componente importante que no se atreven a medir bien, prefieren invisibilizarlo a ver si en realidad desaparece. Pero tanto agravio producirá sus efectos. Para el 8 de diciembre está programada la gira por Querétaro de la representante del Concejo Indígena de Gobierno María de Jesús Patricio Martínez, lo deseable sería que los protagonismos de esa supuesta izquierda vociferante, enquistada en movimientos sociales de su exclusiva propiedad, dejaran espacio para nuevos liderazgos, para formas diferentes de hacer política, que no revienten, desde dentro, la esperanza de que otro país es posible. Aunque no logre las más de ochocientas mil firmas de ciudadanos con credencial de elector que apoyen su registro.

sábado, 11 de noviembre de 2017

SOBRE LA ESTUPIDEZ

SOBRE LA ESTUPIDEZ Joaquín Córdova Rivas «¿Cómo es posible que los estúpidos lleguen a alcanzar posiciones de autoridad? Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) permitieron un flujo de poder constante de personas estúpidas a los puestos de poder en las sociedades preindustriales. Ese puesto lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. Las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción ε (esta letra ε es una constante en el planteamiento del ensayo) entre los poderosos: pueden perjudicar a todos los demás sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Carlo Maria Cipolla. Allegro ma non troppo.» https://koralieucm.files.wordpress.com/2010/09/carlo-m-cipolla-allegro-ma-non-troppo.pdf Tendremos que agradecerle a la escritora Rosa Montero la recuperación del ensayo de donde salió la cita anterior. Carlo Maria Cipolla escribe un divertido e inteligente texto entre histórico y tipológico, primero, porque a su manera explica la transición europea entre diferentes etapas de su desarrollo: Edad Media y Renacimiento, atendiendo al comercio de las especias “de la pimienta en particular”, y en una segunda parte, establece las leyes de la estupidez, con gráfica incluida, para medir que tan incauto, inteligente, malvado o estúpido es uno mismo o alguien más. Quizás aquí tendría que retractarme, una cualidad del estúpido es que ignora que lo es. Hasta Cipolla lo advierte: «al contrario que los malvados, inteligentes o ingenuos, que tienen constancia de su posición, el estúpido no sabe que es estúpido, y te causarán pérdidas sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.» Regresemos a Rosa Montero para que nos sintetice las “Leyes fundamentales de la estupidez humana”: «Primera, siempre subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en el mundo. Segunda, la estupidez es una cualidad independiente de cualquier otra, no está asociada ni al dinero que se tenga o a la clase social o a la educación recibida, los estúpidos lo son de manera absoluta y democrática y siempre habrá en la Tierra un determinado porcentaje de imbéciles (que siempre tenderemos a subestimar). Tercera, un estúpido es alguien que causa daño a los demás sin obtener con ello ningún beneficio e incluso perjudicándose a sí mismo: y tengo la impresión de que esta ley está de rabiosa actualidad en España. Cuarta, por desgracia también subestimamos la inmensa capacidad de los estúpidos para hacer daño (sobre todo, añado yo, cuando a la estupidez se le suma redundantemente el fanatismo). Y quinta: el estúpido es, pues, el individuo más peligroso del mundo. De hecho, los estúpidos son mucho más peligrosos que los malvados.» http://elpaissemanal.elpais.com/columna/rosa-montero-peligrosa-estupidez/?id_externo_rsoc=FB_CC Rosa se queja de la situación en la España actual, pero ¿qué podríamos decir del México del presente? Al parecer el escenario no es mejor, aquí los malvados se sirven de los estúpidos para mantenerse en el poder, que tampoco sería algo muy mexicano, porque es una “cualidad” de la democracia liberal que vivimos asociada al capitalismo de compinches o neoliberal. Lo que sí es que nos pasamos de incautos (según la RAE: Que no tiene cautela. Ingenuo, cándido, que no tiene malicia.), acabamos de pasar por desastres naturales que provocaron víctimas y daños considerables por mucho tiempo, y los medios de comunicación se encargaron de ensalzar y neutralizar esa loable solidaridad ciudadana, diciéndonos que solo nosotros, los mexicanos, nos mostrábamos así ante esas circunstancias, lo que es falso, en todos los lugares donde ocurren ese tipo de eventos, y hasta otros más catastróficos, los humanos nos movilizamos para ayudar a los demás. Pasar del yo individual al nosotros colectivo de forma casi masiva e instantánea, sucede en cualquier país del mundo. Tampoco somos excepcionales en otras muchas cosas, todos creen que su país es el más bonito, el que mejor gastronomía tiene, el que hace la ropa más elaborada y colorida, el que es más feliz. Los estúpidos repiten la cantaleta, los incautos se la creen y siguen votando, los malvados se aprovechan. Diario conocemos de actos de corrupción —los Panama Papers, los Paradise Papers, las casas de colores, las haciendas en Malinalco—, sabemos de instituciones diseñadas para propiciar las fortunas indebidas, aunque sean “legales”, nos percatamos de la absurda impunidad que protege a los poderosos, vemos como los medios de comunicación masiva se desgañitan denunciando la porquería para terminar justificándola: «estamos mal pero así son las cosas». Seguimos cayendo en la mentira de que “ahora sí, en las elecciones, podremos arreglarlo casi todo”. Cipolla es concluyente, no deja lugar para refugiarse en la indiferencia o en la falsa esperanza de que el simple paso del tiempo remediara los entuertos: «en la sociedad en declive: Los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.» ¿Hasta cuándo se los seguiremos permitiendo?

jueves, 2 de noviembre de 2017

COMPARACIONES INCÓMODAS

Joaquín Córdova Rivas Hay algunas instituciones que, todavía, quieren justificar su existencia y presupuesto, una de ellas es el polémico Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que, para este 2017, tardecito porque está por terminar, presenta un análisis necesario sobre los “Resultados Nacionales de Logro 2017” en Educación Media Superior. http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P2/A/328/P2A328.pdf Ni que decir que dichos resultados siguen reflejando, desde la óptica de una prueba masiva y estandarizada, el fracaso de nuestro sistema educativo, por más reformas bien o mal hechas que se han estado implementado desde hace algunos años. Con todo y que nuestro país ha sido cuna y refugio de brillantes pedagogos, seguimos importando modelos que ignoran nuestro contexto histórico y cultural, también pretenden pasar por alto las enormes desigualdades sociales generacionales que no favorecen tener un entorno adecuado para los cambios que se pretenden, o más bien los que serían deseables si tuviéramos un proyecto de sociedad y de país, igualitario, diverso y tolerante. Primer cambio en la mirada, ya no se habla de contenidos, de seguir poniendo el acento en la enorme cantidad de datos sin sentido que todavía contemplan nuestros planes de estudio, ya se refiere a “aprendizajes clave”, que según el INEE: «Son relevantes para la adquisición de nuevos aprendizajes en distintos campos de conocimiento. Son fundamentales para el dominio del campo curricular. Prevalecen en el tiempo con cierta independencia de los cambios curriculares.» Los puntajes se agrupan en 4 niveles, desde el más básico y notoriamente insatisfactorio para un egresado del bachillerato o preparatoria, el malo, el llamado bueno y, finalmente, el excelente. Si las expectativas de los planes de estudio se cumplieran y hablando de aprendizajes clave, todos los estudiantes que salen del nivel medio superior debieran estar en los dos niveles superiores (III y IV), sin excepción. Porque, según lo especifica la propia autoridad educativa: «Los niveles de logro son acumulativos: aquellos estudiantes que han adquirido los aprendizajes de un determinado nivel de logro poseen los del nivel previo (por ejemplo: quienes se ubican en el nivel II, ya tienen los aprendizajes del nivel I; quienes se ubican en el nivel III, poseen los del II y los del I, y así sucesivamente).» Vamos a algunas de las conclusiones, quien quiera consultar los datos pueden complementarlos en la liga electrónica señalada al principio de este texto. En los promedios nacionales, los resultados son consistentes y confiables en la evaluación de los niveles de logro para Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En los puntajes más altos aparecen los llamados bachilleratos autónomos, es decir las escuelas asociadas con las universidades públicas estatales. Lo que es una paradoja, pues son el sector educativo más golpeado presupuestalmente y más desprestigiado apelando a supuestas razones de disciplina —no llevan uniforme, el control de asistencia a clase no es tan estricto, no se penaliza o se es más tolerante con la apariencia de los estudiantes (no se les está fastidiando con lo largo o corto del cabello, con que si traen piercings o perforaciones “fuera de reglamento”, con que si se ven “extravagantes” a juicio de quién sabe quién, con el color de las calcetas, lo largo de la falda y demás), o a lo variado de su origen económico y cultural. Uno de los muchos factores que podrían ayudar a entender sus mejores resultados, es la expectativa que tienen sus estudiantes, parece lógico imaginar que, quien de inicio prefiere ingresar a un bachillerato asociado a una universidad pública es porque pretende seguir sus estudios en la misma, ya tiene un proyecto de vida que trasciende la educación media superior y en esa dirección enfoca sus esfuerzos, otro, es que el clima de tolerancia los vuelve más autónomos en sus decisiones, ya piensan por sí mismos sin tener encima una “autoridad” que les diga cómo deben verse, qué deben pensar y cómo comportarse. Para los que pagan alguna de las muy caras preparatorias, cuya finalidad principal es el lucro, no la educación, pueden conformarse con un segundo lugar, aunque no muy lejos del resto de las instituciones públicas con administración y financiamiento federal o estatal. Y hasta se puede matizar más, en matemáticas, los bachilleratos de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), tienen un promedio en el puntaje de matemáticas (515) igual al de las preparatorias particulares, aclarando que el máximo es de 800 puntos, así que están igual de mal, aunque arriba del promedio nacional. El capital económico de los estudiantes también influye, entre más acceso a bienes y servicios mejores son los puntajes, pero, los bachilleratos asociados a las universidades autónomas siguen obteniendo los mejores resultados, por arriba de las particulares que concentran a la población con mayores ingresos, así que el tipo de educación cuenta y puede borrar, en algo, las diferencias. Quienes obtienen los puntajes más bajos, prácticamente sin importar el capital económico de sus estudiantes, son los bachilleratos con administración estatal; es lógico si consideramos que a los gobernadores les interesa más utilizar a su sistema educativo como “caja chica”, como lugar dónde depositar a parientes, compadres, ahijados y demás familiares, aunque no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto directivo en ninguna parte. Continua la tendencia cultural de que las estudiantes obtienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación, y los varones en Matemáticas, la diferencia en el promedio nacional es de 20 puntos en el primer caso, y de 30 en el segundo. Hay una parte en que vale la pena acudir a la cita textual, es esta: «En Lenguaje y Comunicación, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 112 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. En Matemáticas, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 87 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. [...] Diversos autores coinciden en que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con la acumulación de bienes, servicios y recursos que se asocian a la permanencia en la escuela y al desempeño educativo de sus hijos. Además, impacta en la expectativa y el acompañamiento académico que les proporcionan, lo cual puede reflejarse en mejores resultados académicos.» Ese “capital cultural” es importante, influye de manera significativa, pero es generacional y llevará años revertirlo, lo que no se toma en cuenta a la hora de evaluar a los docentes, que tienen un trabajo cuesta arriba desde el inicio de la vida escolar de sus estudiantes. Hay otras comparaciones y conclusiones interesantes, pero se acaba el espacio, basta mencionar, otra vez, que los estudiantes queretanos obtienen el cuarto mejor promedio a nivel nacional en lenguaje y comunicación, y el tercero en matemáticas; dentro de lo malo no estamos tan peor.

NUESTRA UNIVERSIDAD PÚBLICA

Joaquín Córdova Rivas Antes de que se acabe la semana habrá definición en quién recaerá la rectoría de nuestra universidad pública, esa que es casi la única esperanza para acceder a estudios superiores para muchos queretanos cuya situación económica no es, precisamente, boyante. Pero, además, por ser pública, por tener como fuente principal de ingresos nuestros impuestos, se puede dar el lujo de responder a intereses más generales, a tener mayor margen para cuestionar las ideas y suposiciones que sustentan un sistema político y económico cada vez más depredador e injusto. A proponer soluciones que están fuera del horizonte de instituciones educativas cuya tarea principal es el lucro. Tomando como referencia los documentos uniformemente titulados: Proceso Electoral Rectoría 2018 – 2021, va una opinión a vuela pluma, muy apretada y personal. Afortunadamente, la aparición pública de este texto será después de la elección, dado que no hay intención de influir en lo más mínimo en el mismo. Siendo una institución académica, cargamos la atención hacia ese lado, además de que parece haber cierta coincidencia en el ajuste a estructura administrativa, asunto que no es menor puesto que sería la encargada de lograr que lo deseable sea posible. En ese tenor, nos ocupamos en buscar aquellos puntos que insinuaran una búsqueda o apertura a posiciones consideradas actualmente de vanguardia. Ni modo, nuestro cientificismo racionalista está en crisis, el humanismo resultó contraproducente pues al considerarnos los amos de la creación, hemos devastado el planeta a grado irreversible, poniendo en riesgo de corto plazo la sobrevivencia de nuestra especie y de todas las demás que no vacilamos en extinguir. Primera pista, la Dra. Blanca Gutiérrez Grageda anuncia una fusión de fondos cuya denominación parece indicar que se toman en cuenta esas Epistemologías del Sur que están resurgiendo como alternativa al neoliberalismo depredador actual: «Solicitaremos a Consejo Universitario la fusión de los fondos existentes (Fondo de Proyectos Especiales de Rectoría, FOPER; Fondo de Vinculación, FOVIN; Fondo de Fomento a la Investigación, FOFI) en uno solo, que busque incentivar el desarrollo de proyectos que impacten directamente en la formación de los estudiantes y en la capacidad docente. El fondo se denominará Semillas para el Bien Vivir, y estará orientado a promover la colaboración entre docentes y estudiantes en trabajos multidisciplinarios, donde dialoguen e interactúen las diversas tradiciones disciplinarias. Se trata de sentar las bases desde la ciencia, la cultura y la tecnología, para la construcción de nuevos paradigmas que nos posibiliten incidir en la mejora de vida de los sectores de la población afectados por problemáticas complejas.» Multidisciplina y nuevos paradigmas, sacudirse las inercias, buscar soluciones diferentes a problemas complejos y novedosos, habría que saber hasta dónde llega el atrevimiento. Otra pista que apunta a que se está al tanto de formas diferentes de hacer ciencia: «Se impulsará una colaboración cercana con el Centro de Estudios de la Complejidad de la UNAM, institución de vanguardia en nuestro país, para detonar proyectos de colaboración que promuevan el diálogo interinstitucional e interdisciplinario.» Hay información que debiera ser pública, la educación formal no puede seguir desvinculada de un entorno complicado, hay que salir de las cavernas de los laboratorios y cubículos, la realidad está afuera y hay que incidir en ella, cambiarla para bien de la mayoría o de las muchas minorías: «De igual manera, se promoverá la divulgación y difusión de los saberes y quehaceres universitarios como dos tareas importantes de la Universidad. [...] Daremos un importante impulso al fomento del pensamiento crítico-propositivo y a la lectura. Se creará el programa Libros e Ideas Libres, que buscará fomentar entre los universitarios la reflexión sobre las problemáticas y preocupaciones en torno al mundo contemporáneo, detonar procesos creativos, así como facilitar el acceso e intercambio de libros, ideas y todo aquello que contribuya a fortalecer el pensamiento crítico y la lectura.» Eso es importante, la lectura no es solo descifrar signos y sonidos, es recrear el mundo, construir nuevos significados, apropiarnos de la realidad de formas diferentes. Si acaso la crítica principal es que toda la propuesta viene con el freno de mano puesto, esa fetichización del consenso a toda costa no funciona, la racionalidad no se puede imponer porque le falta el otro componente, el afectivo-emotivo, somos seres sentipensantes como dice Eduardo Galeano que le dijeron ciertos pescadores colombianos. Y toda la propuesta está condicionada a un consenso imposible. Por su parte, la Dra. Teresa García Gasca se percibe como más cercana a las propuestas de la Reforma Educativa en curso en la educación básica, con sus novedades, hasta la forma de plantear las cosas se siente “tecnocrática”: «Además de la formación disciplinar, es necesario asegurar la formación integral que permita la adquisición de habilidades, competencias y valores. La enseñanza de una segunda lengua es fundamental para aumentar la competitividad en un mundo globalizado. Nuestras lenguas nativas también deben ser consideradas como criterio en la enseñanza de una segunda lengua. [...] La UAQ como Universidad Responsable y Comprometida con la Sociedad, debe contribuir a solucionar los problemas que afectan a los diferentes sectores a través de acciones de vinculación social, tecnológica, científica y cultural. Debe privilegiar la formación integral de los estudiantes, la autosuficiencia de las comunidades, el desarrollo de tecnología, la divulgación del conocimiento y la producción y la preservación de la cultura. [...] Como todo proceso, el modelo administrativo debe ser sujeto de evaluación para conocer su eficiencia y capacidad resolutiva. Es por ello que cada uno de los componentes debe pasar un proceso de evaluación, certificación y por los respectivos indicadores de calidad, tales como los sistemas ISO.» De lo más rescatable, aunque es más político que académico: «Realizar la gestión para lograr el del 3% del presupuesto estatal para Universidad.» Si mal no recuerdo, por allí hay alguna mención a la transdisciplina, pero como simple enunciado y no como recuperación del Manifiesto de Arrábida. El Dr. Arturo Castañeda Olalde va a la segura, recupera algunos de los planteamientos de documentos de la UNESCO, pero curiosamente se olvida de otros, como de la fuerte corriente de la Multidisciplina y el Pensamiento Complejo, su diagnóstico está bien, aunque ya resulta obvio: «Se pueden apuntar como rasgos de nuestro tiempo: la globalización neoliberal y su impacto en el mercado mundial, tanto como la búsqueda incesante de los pueblos por establecer gobiernos democráticos. Sin embargo, a la par que se avanza hacia la “sociedad de conocimiento”, se profundiza la desigualdad económica, la marginación social y el deterioro ambiental, hasta niveles que ponen en riesgo la viabilidad de toda la humanidad.» Bueno, se nos olvida que todas las sociedades, en su tiempo, a su modo y velocidad han sido “sociedades del conocimiento”. Después sigue una larga serie de citas de documentos de la UNESCO con los que difícilmente se puede estar en contra, y aun así hay quien los abomina, los que se resisten a los cambios, los que creen que el inmovilismo es lo mejor mientras les convenga, bueno, va una de las citas que parecen más importantes: «Hacer avanzar nuestra comprensión de problemas polifacéticos con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, así como nuestra capacidad de hacerles frente. La educación superior debería asumir el liderazgo social en materia de creación de conocimientos de alcance mundial para abordar retos mundiales, entre los que figuran la seguridad alimentaria, el cambio climático, la gestión del agua, el diálogo intercultural, las energías renovables y la salud pública” (UNESCO, 2009: 2).» Aunque luego se clava en el eficientismo, porque lo que hay que procurar es: «la generación de conocimiento socialmente útil», todavía muy en la línea de la separación entre ciencia pura o teórica y ciencia práctica, como si fuera cierta. También se casa con el rollo ese de la educación “de calidad”, sin cuestionar el fondo ideológico del concepto. La virtud del proceso de elección de Rector de nuestra Universidad pública es que permite conocer y contrastar las propuestas, allí está el acento y no en las descalificaciones, hay que cuidarlo, garantizarlo con la suficiencia académica y ética de los contendientes, apoyar siempre frente a los intereses que pretenden domesticarla, volverla el semillero de una casta política ineficiente y corrupta. Ya no estamos para eso.

INVENTANDO AMÉRICA

Joaquín Córdova Rivas Todavía en mi infancia se conmemoraba como el día del “Descubrimiento de América”, después el nombrecito cambió queriendo zafarse de una amplia corriente de repudio. “Día de la Raza”, “Encuentro de dos mundos”, pongámosle el nombre que sea, la vieja Europa tenía la necesidad de sacudirse caducas formas de pensar, a la vez que encontraba una manera de justificar el peculiar salvajismo de la conquista y colonialización, algo que permitiera el genocidio, la carencia absoluta de piedad y misericordia, cualidades tan cristianas que solo se practican cuando resulta política y religiosamente conveniente. Esa vieja Europa, necesitada de algo que revitalizara sus desgastadas utopías, al grado de necesitar construir otra que les diera sentido a años de guerras sin más pretexto que las ambiciones de monarquías con diversos grados de locura. O quizás, siguiendo la pista que sugiere Carlos Fuentes, encontrada en los escritos de Edmundo O’Gorman, América no fue “descubierta”, sino que fue “inventada” por los europeos, porque la necesitaban para sacudirse esos viejos moldes que les impedían transitar de la Edad Media al Renacimiento, hacía falta una utopía que le diera ese impulso definitorio. Ni qué decir, que esa invención de un territorio que siglos antes ya había sido “descubierto” por las diversas culturas indígenas, que ya la habitaban, y en la que habían construido verdaderas formas, diferentes a la europea, de relacionarse con su ambiente y hasta con las ciencias y el universo, tenía que pasar por un proceso de destruir o al menos “invisibilizar”, esas culturas, tan poderosas, que siglos después emergen como una alternativa, quizás tardía, a la destrucción de lo que hace que este planeta sea amigable con la especie humana. Sin embargo, esa invención de “América”, como una especie de paraíso perdido y finalmente encontrado, pasó por un largo proceso de fabricación, porque había que hacer compatible el hallazgo de esas tierras ignotas con la idea predominante de la forma y extensión de la tierra, había que comprobar que eran algo diferente a la Asia que describía Marco Polo, y que era accesible por vía marítima, dado que la ruta de la seda seguía siendo larga, peligrosa y sujeta a cambios frecuentes de dominio territorial por la guerras, invasiones y expansión de tribus guerreras, muchas desconfiadas de esos bárbaros que tenían creencias totalmente diferentes, pero destructoras para ellos. Todavía en 1500, siete años después del primer viaje de Cristóbal Colón, seguían existiendo serias dudas acerca de lo encontrado. Dejando la reputación del genovés en vilo. Ese llamado “orbis novus” por Pedro Mártir, todavía no era la necesitada y anhelada América. Hizo falta que, en 1502 Cristobal, hiciera otro viaje a la vez que Américo Vespucio hacía 4 travesías más para que, en noviembre de 1504, se vislumbrara, sin asegurar con certeza, que se estaba a la vista de algo diferente a lo propuesto y defendido por Colón. Para dar una idea de las creencias que implicaba reconocer que se encontraban ante tierras desconocidas para la cristiana Europa, O’Gorman explica que: «El pensamiento de Vespucio es bien claro si lo referimos al horizonte cultural que le presta su significación. En efecto, para él, como para cualquier contemporáneo suyo, la palabra "mundo" aludía, según ya sabemos, al orbis terrarum, a sólo la Isla de la Tierra, o sea a aquella porción del globo que comprendía a Europa, Asia y África y que le había sido asignada al hombre por Dios para que viviera en ella con exclusión de cualquier otra parte. Es así, entonces, que si a Vespucio le pareció lícito designar a los países recién explorados por él como un "nuevo mundo", es porque los concibió, según ya los había concebido hipotéticamente antes Cristóbal Colón, como uno de esos orbis alterius admitidos por los paganos, pero rechazados por los autores cristianos en cuanto que podía implicar una inaceptable y herética pluralidad de mundos.» http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libros/166.pdf ¿Cómo explicar ese “descubrimiento” sin confrontarse, momentáneamente, con los dogmas religiosos de la época? Una manera provisional fue a través de un documento: «el célebre folleto intitulado Cosmographiae Introductio, publicado en 1507 por la Academia de Saint-Dié, que incluyó la Lettera de Vespucio en traducción latina, y la no menos célebre y espectacular carta geográfica destinada a ilustrarlo, el mapamundi de Waldseemûller, también de 1507. En la Cosmographiae Introductio se dice: a) que, tradicionalmente, el orbe, es decir, la Isla de la Tierra en que se alojaba el mundo, se ha venido dividiendo en tres partes: Europa, Asia y África; b) que en vista de recientes exploraciones, ha aparecido una "cuarta parte"; c) que, como fue concebida por Vespucio, no parece que exista ningún motivo justo que impida que se la denomine Tierra de Américo, o mejor aún, América, puesto que Europa y Asia tiene nombres femeninos, y d) se aclara que esa "cuarta parte" es una isla, a diferencia de las otras tres partes que son "continentes", es decir, tierras no separadas por el mar, sino vecinas y continuas.» Tiene razón Carlos Fuentes, la “invención” de América no solo pasó por las carabelas de Cristóbal Colón, o por los viajes del resto de los navegantes españoles y portugueses, sino que también confrontó corrientes filosóficas, algunas que impedían el paso de una época histórica a otra significativamente diferente, y otras, que pregonaban la necesidad de deshacerse de formas viejas de ver al hombre y su relación con el universo. Carlos Fuentes. Espacio y Tiempo del Nuevo Mundo en descargacultura.unam.mx Mientras, nuestros pueblos originarios se enfrentaron a mecanismos desconocidos de exterminio, que nunca imaginaron.