domingo, 15 de abril de 2018

TODOS FORMADITOS

Joaquín Córdova Rivas Mientras las temperaturas —político electoral y climática— se incrementan hasta parecer insoportables, la distorsionada marcha de este país no se detiene ni corrige su rumbo. El tema educativo apenas aparece en los discursos y se centra en defender a ultranza una reforma que comenzó, y sigue culpando a los profesores por el mal desempeño de los estudiantes mexicanos en las evaluaciones locales e internacionales; o en ponerle algunos peros para ganarse los votos de los miles de inconformes. Pero lo básico se sigue escapando de las propuestas, quizás porque se dan por hecho, aunque no sea cierto. Hace algunos meses conocimos el diagnóstico de las escuelas mexicanas del llamado nivel básico, nos horrorizamos con las cifras, aunque su deterioro es parte del cotidiano paisaje nacional, pero hacía falta su complemento, la situación de nuestros espacios escolares en la educación media superior, que abarca a los diferentes subsistemas en que está dividido. Se da a conocer apenas el informe titulado: Condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje en los planteles de educación media superior en México. Publicado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE 2018. Compuesto de 198 páginas de información imprescindible para entender mejor lo que pasa con los indicadores y resultados del Sistema Educativo Nacional (SEN). Para ubicar mejor los datos, iremos contrastándolos con los de la prueba PISA 2015, que es el referente internacional que algunos consideran válido, recordando que, en el mes de mayo próximo, del 1 al 4 está programada la aplicación de PISA 2018 en México. Primera advertencia del INEE, con la que estamos de acuerdo: «los estudios sobre oferta educativa se suelen basar en una perspectiva de eficacia escolar; sin embargo, ECEA — Evaluación de Condiciones Básicas para la Enseñanza y el Aprendizaje— se fundamenta en los derechos humanos, lo cual implica enfocarse en elementos básicos que deberían garantizarse en todas las escuelas a fin de asegurar igualdad de condiciones educativas y aspirar a que dichas condiciones se presenten de manera equitativa, lo que implica dotar de mejores condiciones a los planteles que atienden a población con mayores desventajas contextuales.» INEE (2018). Condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje en los planteles de educación media superior en México. Resultados generales. México: autor. La síntesis de resultados de PISA 2015 para México es esta: «el desempeño de México se encuentra por debajo del promedio OCDE en ciencias (416 puntos), lectura (423 puntos) y matemáticas (408 puntos). En estas tres áreas, menos del 1% de los estudiantes en México logran alcanzar niveles de competencia de excelencia (nivel 5 y 6).» En teoría, si lo establecido en los programas de estudio se cumpliera, la mayoría debería estar en ese nivel de excelencia. Primer contraste, rendimiento de los estudiantes en lectura, según PISA 2015: «Los estudiantes mexicanos obtienen en promedio 423 puntos. Dicho rendimiento está por debajo del promedio de 493 puntos de la OCDE y sitúa a México a un nivel similar al de Bulgaria, Colombia, Costa Rica, Moldavia, Montenegro, Trinidad y Tobago, y Turquía. Los jóvenes mexicanos de 15 años tienen una diferencia de más de 70 puntos por debajo de Portugal y España, y entre 15 y 35 puntos por debajo de los estudiantes de Chile y Uruguay, pero se sitúan por encima de los estudiantes de Brasil, República Dominicana y Perú.» Pero a nadie se le ha ocurrido cruzar esa información con la proporcionada por los actores del proceso educativo en preparatoria o bachillerato, que es donde esos jóvenes, que obtuvieron ese puntaje bajo, están o se seguirán desarrollando: «A los directores se les preguntó por la existencia en su plantel de acervo bibliohemerográfico; 40% reportaron que sus planteles no disponen de éste (sic) acervo o materiales de la biblioteca escolar. Con respecto a la existencia de un espacio que funcione como biblioteca escolar, se puede observar que 41% de los directores respondieron que no cuentan con él.» Sin biblioteca, sin libros de texto o de cultura general, sin revistas ni periódicos ¿cómo exigir que nuestros estudiantes lean? Peor no podría ser, pero sí es: «Es necesario que los planteles cuenten con el material bibliohemerográfico básico de todos los programas que se imparten, y es preocupante que sólo 1 de cada 4 directores reportó tener, en el plantel, este material. 28% de los directores reportaron que no tienen acervo bibliohemerográfico en el plantel y que tampoco tienen internet o sus estudiantes no tienen acceso a él; esto implica que los estudiantes de casi la tercera parte de los planteles no tienen posibilidad de conseguir información adicional a la que les proporcionan sus profesores, mediante recursos escolares.» Segundo contraste, rendimiento de los estudiantes mexicanos en ciencias: «Los estudiantes en México obtienen en promedio 416 puntos. Este puntaje promedio sitúa a México por debajo del promedio OCDE de 493 puntos y a un nivel similar al de Colombia, Costa Rica, Georgia, Montenegro, Qatar y Tailandia. Los jóvenes mexicanos de 15 años tienen una diferencia de más de 70 puntos por debajo de los estudiantes en Portugal y España, y una diferencia entre 20 y 60 puntos por debajo de los estudiantes en Chile y Uruguay, pero se sitúan por encima de los estudiantes Brasil, la República Dominicana y Perú.» ¿Qué dice nuestra infraestructura educativa en media superior? «Si consideramos que, a nivel nacional, 49% de los planteles no cuentan con laboratorio de ciencias experimentales y que 17% no cuenta con materiales instrumentales, tenemos que los estudiantes de 67% de los planteles no pueden realizar actividades de experimentación en el plantel debido a esta carencia.» No se puede pedir lo que nunca se ha dado, nuestros estudiantes muestran interés por la ciencia, pero se quedan allí porque sus planteles no tienen lo mínimo para despertárselos o seguir desarrollándolo, y luego nos sorprendemos de los malos resultados echándole la culpa —como lo hace la SEP— a los maestros, planteando como falsa solución una evaluación que castiga, no que forma o capacita, mucho menos una que reconozca las graves carencias de nuestro sistema educativo nacional. Un análisis más completo, lo hace el INEE en algunos aspectos, encuentra que, aunque se requieren: «aulas multidisciplinarias o de usos múltiples; aulas, laboratorios, talleres o salas de cómputo; aulas o espacios de tutoría para estudiantes; biblioteca escolar; sala de maestros y auditorios. con base en la información proporcionada por el director, sólo 1 de cada 4 planteles tiene todos los espacios.» Y esto por mencionar solo dos aspectos, el informe es una radiografía de nuestras desigualdades, de nuestras carencias en lo más básico. Muchos planteles educativos de este nivel ni siquiera fueron construidos pensando en ser bachilleratos o preparatorias, no están equipados ni tienen las características de suficiencia en espacios, en aulas, en laboratorios, no tienen internet y, en ocasiones, ni siquiera suministro de agua todos los días, menos pedir que tengan rampas de acceso o instalaciones para estudiantes con capacidades diferentes. Los subsistemas encargados de disminuir esas desigualdades —telebachilleratos comunitarios (TBC), EMSAD y demás— más bien las perpetúan, ni siquiera se les asigna a los profesores la carga horaria necesaria frente a grupo para cumplir con los planes de estudio y la mitad de su sostenimiento cotidiano, en los TBC, es responsabilidad de la comunidad; lo que significa que a los más jodidos les sale más caro el educar a sus niños y jóvenes en condiciones precarias. Pero bueno, allí vamos todos formaditos, rumbo a otro fracaso generacional, a pesar de una reforma que no toca ni siquiera lo fundamental que es la infraestructura, porque para todo hay presupuesto menos para la educación, pero si busca a quién echarle la culpa: los maestros.

EL NIDO

Joaquín Córdova Rivas Determinar la agenda con un tema importante, con uno que sintetice todas las corruptelas habidas y por haber, que refleje las tensiones internas de las élites que parecen a prueba de insurrecciones internas, uno que sea fácil de entender para el elector en general, uno que permita poner al régimen en tela de juicio sin la necesidad del absurdo desgaste judicial, uno que sea atractivo en los medios de comunicación. Se intentó con temas que afectan a las mayorías: la reforma educativa con su cauda de fracasos que se sufrirán por varias generaciones —si antes estábamos mal, ahora estamos peor—, pero los maestros no aciertan a salir de su letargo como para generar movilizaciones que impacten conciencias. La energética y los absurdos, por desmesurados, incrementos a los precios de los combustibles y otras formas de energía indispensables para mover los hogares y las industrias, tampoco la entrega traicionera de los campos petroleros presentes y futuros —ya detectados y en exploración—. No se logró con la reforma laboral, esa psudofilosofía de que cada uno se rasque con sus propias uñas, tan propia del neoliberalismo y de los gurús de la autoayuda, sigue causando estragos en la mente de los trabajadores y empleados. La inseguridad creciente con robos, asesinatos, ejecutados, periodistas incómodos para los corruptos que desaparecen de la faz de la tierra, los deleznables feminicidios, la imparable trata de personas —mujeres y niños primero—, la pederastia, que provocan indignación momentánea pero no la empatía para organizarse —mientras no me pase a mí, quizás las víctimas tienen parte de culpa—. Tampoco se logró con las valientes investigaciones de la llamada Estafa Maestra, premiada en otros países y sepultada en el nuestro a pesar de que se muestra cómo nuestro gobierno federal desvió más de 400 millones de pesos, de nuestros bolsillos vía impuestos, creando 128 empresas fantasma: «El portal mexicano Animal Político obtuvo el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2018 en la categoría de Mejor Historia o Investigación Periodística por su trabajo “La estafa maestra”. Los periodistas Daniel Moreno, director del portal, Salvador Camarena, Miriam Castillo, Nayeli Roldán y Manuel Ureste fueron reconocidos por su labor en el reportaje titulado “La estafa maestra”, un trabajo de investigación que reveló el desvío de fondos públicos.» http://www.sinembargo.mx/03-04-2018/3403907 Nada se logró con las denuncias sobre la manera en que el consorcio brasileño Odebrecht ganó tratos preferenciales ilegales en diversos países, incluyendo el nuestro, se sabe a quién le dio dinero, cuándo, para qué, y aquí no pasa nada. El escándalo de corrupción en licitaciones hasta internacionales, tenemos cercana la fallida construcción del tren rápido México-Querétaro. O el del sureste, dejando solo el de México-Toluca por muy atlacomulenses razones. Pero no se trata de seguir haciendo un mini catálogo de corrupciones, simplemente señalar que lo mostrado en esos casos, sumado a la pérdida de derechos laborales, al desmantelamiento de las instituciones educativas, de salud, de los sistemas de jubilación y retiro basados en la solidaridad social, los incrementos de precio que se desdeñan en los reportes sobre la inflación, el despojo de bienes públicos —vialidades, parques y jardines, zonas de reserva ecológica y todo lo que falta mencionar— para hacer negocios privados, la misma inseguridad en sus muchas modalidades —secuestros, desapariciones, feminicidios, extorsiones, ejecuciones, acosos, desempleo—, todos ellos constituyen, a final de cuentas, mecanismos de transferencia de riqueza, de todos hacia unos poquitos que no padecen de esas “incomodidades” porque ya tienen todo y más, despojando a los que menos tienen. Por eso, el proyecto del llamado nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México (NAICM), es el nido donde se encuentran, se concentran, se pueden evidenciar, todas las corruptelas de nuestra casta política y empresarial. Por eso reaccionaron a bote pronto cuando un candidato a la presidencia puso en duda la continuidad del proyecto, pasando por encima de la cúpula política y de sus candidatos, propusieron un debate técnico sobre el tema, antes de que se ventilen las graves irregularidades que anidan en la citada construcción y en las circunvecinas que no son públicas todavía, aunque ya asoman la cabecita buscando sus dosis de corrupción: «Sin Embargo publicó que las empresas de Carlos Slim Helú, Carlos Hank Rhon, Hipólito Gerard Rivero, Rolando Cantú Barragán, Olegario Vázquez Aldir, Bernardo Quintana Isaac y constructoras como Iuyet –que participa en la construcción del Tren México-Toluca– y Aldesem, Epccor y Aldesa –encargadas de construir el Paso Exprés de Cuernavaca–, concentran el 77 por ciento del presupuesto que se ha pagado, hasta el momento, en la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.» http://www.sinembargo.mx/04-04-2018/3403639 Para colmo, hasta el dinero de nuestros fondos para retiro, ya exprimidos por las administradoras con sus porcentajes de comisión, están siendo utilizados para que los ricos no arriesguen su dinero, sino que se queden con el nuestro con sus proyectos faraónicos. Por la desconfianza de los trabajadores en el manejo de su ahorro no voluntario, el otro, el voluntario que supuestamente incrementaría las posibilidades de vivir dignamente después de la edad laboral no crece. Ahora esa desconfianza tiene de dónde agarrarse. Pero el proyecto del NAICM no para allí, con el feo nombre de “aerotrópolis” aparecen otras negras intenciones —oportunidades de negocios dirían los cínicos—, de un proyecto urbanístico de lujo que rebasa en mucho el costo del primero. http://www.eluniversal.com.mx/columna/salvador-garcia-soto/nacion/aerotropolis-el-gran-negocio-del-aeropuerto Lo dicho, hincarle el diente al caso de ese elefante blanco puede desnudar las corrupciones de un régimen que no tiene llenadera pero que se olvida de algo importante: para ser multimillonario es necesario que entre poquitos se quede lo que se pueda sacar a los demás, entre más “socios” la ganancia disminuye y esa contradicción puede abrir el espacio para negociar una transición pacífica, porque los despojados son muchos, hasta son mayoría y las reacciones nadie las puede predecir.

DE LO COTIDIANO

Joaquín Córdova Rivas Un 18 de marzo con gasolineras mal disfrazadas, apenas les mal pegaron unas calcomanías de colores diferentes al que tenían en las bombas surtidoras, en los copetes de los techos de lámina, vistieron a sus empleados de colores chillones, más parecen payasos sin gracia y, el milagro, subieron el precio del litro de la gasolina. Apenas en el siglo pasado el país se angustiaba, pero sabía necesario el nacionalizar la industria petrolera ante el saqueo de las nacientes trasnacionales, que, insatisfechas de sus enormes ganancias, se encargaban de reprimir a la población cercana a sus instalaciones y dar salarios miserables, sin derechos laborales, a sus obreros. Ahora, tontos que somos, festejamos lo contrario. Nuestros corruptos gobernantes ignoraron lo mas elemental: el petróleo produce riqueza donde se consume, no donde se extrae, por eso incrementar las exportaciones para tener dólares fáciles y baratos nunca fue una buena idea, porque a final de cuentas, los productos elaborados (transformados) con ese petróleo, los teníamos que comprar más caros, endeudándonos hasta la ignominia. Y también pasaron por alto, que el petróleo es la base para producir miles de productos necesarios en el desarrollo tecnológico que despuntaba y ahora nos tiene tan sometidos. La gasolinera que queda más cercana a la ruta que me lleva a mi trabajo porta ahora un símbolo marino, la gasolina es más cara que la de las otras que mantienen los colores de la franquicia de PEMEX, porque, según enseñan a repetir a sus empleados, está “aditivada”, es decir, se supone que tiene un aditivo que antes se vendía aparte y que ahora, sin preguntarle al consumidor si lo quiere o necesita, se “incorpora” a la misma gasolina que venden todos los demás. Al cuestionar a la empleada de turno si dicha “aditividad” mejoraba la combustión y disminuía la contaminación, dijo que no; si se pasaba con mayor facilidad la verificación vehicular, la respuesta también fue negativa; al parecer, en caso de que en realidad le “aditiven” algo, cosa que a los consumidores no nos consta, solo sirve para encarecer lo que ya está caro. Y luego dicen que producir y vender gasolina no es negocio. Pues siempre, no. A los empleados y trabajadores de los poderes del estado no les llegó el aumento salarial que serviría para compensar, en algo, la pérdida del poder adquisitivo por la inflación, que a ver si para la primera quincena de abril, mientras hay que seguir jineteando lo que se pueda. Y la cúpula sindical, buscando eternizarse, aunque cambien algunos nombres, ya les gustó la buena vida. Ya se había señalado antes, las obras públicas ya no se hacen para prevenir o resolver problemas, tampoco para mejorar la calidad de vida de la población que las paga con los impuestos, son para hacer negocio, aunque no sirvan para nada o resulten peor que lo que pretendían resolver. Los semáforos no son “inteligentes” si quienes los programan no lo son, las ciclovías no funcionan si no están acompañadas de un transporte público eficiente y económico (y no otro negocio que hay que “rescatar” con los impuestos), tampoco si no se resuelve la “necesidad” del auto particular para llegar a tiempo al trabajo o la escuela. No van a servir mientras el objetivo sea turistear a la vera del canal de aguas negras más adornado del mundo (río Querétaro le dicen). Hablando de esto último, ya son varias las fugas de mierda —literalmente—, que desembocan al dichoso río nada más en el tramo en que se encuentra el Plantel 7 del COBAQ en La Cañada, tengo fotografías, y el hedor es insoportable, mientras, al gobernador se le ocurre gastar otros 160 millones para, ahora sí, prevenir inundaciones por el rumbo de Santa María Magdalena pero ¿porqué no poner orden en la CEA para impedir los vertederos del drenaje sanitario desde El Marqués para acá? Vergüenza debería dar que un pueblito de Guanajuato, de 160 mil habitantes —San Miguel Allende—, tenga una vida cultural y artística mucho mayor que la de todos los “pueblos mágicos” queretanos juntos, pero es que a nuestros gobernantes no les interesa la cultura, no leen ni sus misales, solo están a la caza de lo que sea para convertirlo en negocio. La reforma educativa sigue su retorcido curso, parece que están esperando las vacaciones de verano para dar a conocer los resultados de la evaluación para la permanencia docente del ciclo 2017-2018 realizado en noviembre pasado. En lo que eso pasa, viene la de PISA y a la SEP se le ocurrió inscribir a los profesores, sin avisarles, en un curso llamado PruébaT, impartido por la Fundación Carlos Slim, pero diseñado como video juego. Como no soy afecto a dichos divertimentos, no entiendo para qué me sirve tener 18 cristales, 421 monedas, una máscara de madera, una hoja de oro y una de plata, una llave maestra dorada y otra plateada, una pócima del entendimiento, dos mapas, un cetro, una flauta, un anillo, unos lentes y un libro de magia. ¡Alguien que me explique por favor! Bueno, navegando por el sitio, que sigo sin comprender, parece que el curso para preparar a los estudiantes para resolver PISA es para profesores de varios países de Latinoamérica ¿Cuánto estará cobrando la fundación Carlos Slim por impartirlo o por qué tiene interés en que los profesores trabajemos para ella y adiestremos a los estudiantes para resolver dicha evaluación? Y luego dicen que no hay privatización de la enseñanza pública si hasta nos dicen qué tenemos que hacer en el aula y por el mismo sueldo.

sábado, 17 de marzo de 2018

LAS ESTRELLAS Y EL TIEMPO

Joaquín Córdova Rivas Nuestros sabios antepasados, esos de los pueblos originarios que, desde un eurocentrismo miope y abusivo se calificara de ignorantes, observaban la bóveda celeste y además de maravillarse con los astros y las estrellas, buscaban relaciones con su vida cotidiana, con las estaciones del año, con lluvias y tormentas, con la siembra y la cosecha, con su ubicación terrestre en un mundo que, al ras del suelo, ofrecía pocas referencias. Después, observarlas con los instrumentos que incrementaban el alcance de la vista fue considerado peligroso, porque, decían algunos, podían cuestionar lo escrito en textos sagrados que se interpretaban a gusto de los gobernantes civiles y religiosos en turno. Pero la técnica siguió avanzando y la curiosidad también. Las ciencias comenzaron a querer explicar lo que algunos consideraban resuelto e inmutable. Como ahora sabemos, aunque solemos olvidar, los sentidos no son nada sin la interpretación que de los datos hace nuestro intelecto. Por eso fue posible que desde una tecnologizada silla de ruedas, alguien que no podía moverse ni para articular palabra, se comunicara y conociera las estrellas y el universo mejor que nadie. No se trata de montarse oportunistamente en la noticia de su muerte, para nuestra generación el físico teórico Stephen Hawking fue un referente que le daba significado a parte de nuestra forma de pensar y disfrutar lo que nos rodea, por muy lejano o próximo que esté. Pero la tecnología desvela algunas cosas a la vez que oculta otras. Podemos maravillarnos con los grandes avances que permiten que dentro de una pequeña pieza de plástico y metal se guarde gran cantidad de información, o se tenga acceso a casi cualquier persona, lugar o conocimiento disponible. Pero esa “disponibilidad” afecta la manera en que nos relacionamos con los otros, con nuestro trabajo, con todo lo que nos rodea. Hemos perdido la capacidad de asombro cuando todo lo damos por hecho, como si no supiéramos que lo que ignoramos sigue siendo la mayor parte, nuestra subjetividad pierde rutinas, horarios, se modifican las costumbres y creemos que seguimos siendo libres cuando somos más esclavos que antes, y hasta interiorizamos la violencia que ese proceso lleva consigo. El filósofo surcoreano, profesor de la Universidad de la Artes de Berlín Byung-Chui-Han, en su ensayo Topología de la Violencia, trata de explicar lo que nos está haciendo este capitalismo posmoderno, como él lo llama. Si usted es de los que está atado a lo que le llegue por su celular, tablet, computadora o televisión supuestamente inteligente, si cree que es más productivo porque alarga su tiempo laboral hasta abarcar lo que antes eran tiempos de descanso, de sueño, de reflexión, de convivencia y cree que es porque así lo decide, parece que sufrirá una decepción. Sin meternos en honduras he aquí algo de lo que escribe y explica: «El sujeto de rendimiento de la Modernidad tardía no está sometido a nadie. De hecho, ya no es un sujeto, pues ha dejado de serle inherente cualquier tipo de sujeción (subject to, sujét à). Se positiviza, se libra a un proyecto. La transformación de sujeto a proyecto no hace que la violencia desaparezca. En lugar de una coacción externa aparece una coacción interna, que se ofrece como libertad. Este desarrollo está estrechamente relacionado con el modo de producción capitalista. Porque a partir de cierto nivel de producción, la autoexplotación es mucho más eficiente, mucho más potente que la explotación del otro, porque va aparejada con el sentimiento de libertad. La sociedad del rendimiento es la sociedad de la autoexplotación. El sujeto de rendimiento se explota hasta quedar abrasado (burnout). Se desarrolla una autoagresividad, que no en pocas ocasiones se agudiza y acaba en la violencia del suicidio. El proyecto se revela un proyectil, que el sujeto de rendimiento dirige contra sí mismo.» Es cierto, terminamos “fundidos” creyendo que somos más productivos cuando solo nos ahogamos en lo superficial, en lo aparentemente urgente que parece importante, aunque al final sea una bobada que no vale la pena el esfuerzo y el desgaste. Nos mantenemos hiperconectados “por si pasa algo” y sí, pasan muchas cosas, demasiadas para digerirlas mentalmente, para jerarquizarlas y entonces queremos responder compulsivamente a todo, nos violentamos creyendo estar ejerciendo una libertad que no existe. «En el nivel psicológico profundo, el capitalismo tiene mucho que ver con la muerte y el miedo a la muerte. También ahí reside su dimensión arcaica. La histeria de la acumulación y del crecimiento y el miedo a la muerte se condicionan mutuamente. El capital se puede interpretar como tiempo condensado, pues el dinero permite hacer que otros trabajen para uno. El capital infinito genera la ilusión de un tiempo infinito. La acumulación del capital trabaja contra la muerte, contra la falta absoluta de tiempo. En vistas al tiempo limitado de vida, uno acumula tiempo de capital. La economía capitalista absolutiza la supervivencia. Su preocupación no es la buena vida. Se alimenta de la ilusión de que el incremento de capital genera más vida, más capacidad para la vida.» Dejamos “la buena vida” por la ilusión vana de “más vida” porque parece que exprimimos el tiempo todo lo posible, hasta que nos ganamos una muerte prematura.

domingo, 11 de marzo de 2018

DISQUE AUSTERIDAD

DISQUE AUSTERIDAD Joaquín Córdova Rivas En el ámbito público, las políticas de austeridad son una forma de agresión. Principalmente porque los recortes de gastos caen en los que menos ganan, ya mero los que deciden que hay que ser austeros, se aplican esas medidas, claro que no, si alguien lo decide es para aplicárselo a los demás. Padecemos de varios ejemplos, los trabajadores al servicio de los poderes del estado de Querétaro no han recibido aumento salarial alguno en lo que va del año, con todo y que, se supone, ya está acordado y firmado, a ver si para esta quincena les llega. Otro, los trabajadores que cumplen con la antigüedad y hasta el ilegal incremento en la edad para jubilarse, se las están viendo negras para ejercer tal derecho, que porque no hay dinero para pagar los finiquitos —hay retrasos hasta de dos años y amenazan con que serán más—, y al parecer la lista de trabajadores “atorados” o pendientes del dictamen correspondiente por la Cámara de Diputados crece sin que haya mayor esperanza que la espera indefinida. Ya en otros textos hemos planteado la inexistencia de los fondos requeridos hasta para implementar la demagógica reforma educativa. Mientras esto sucede, vía nuestros impuestos y la poca o insuficiente infraestructura pública, crecen los fraccionamientos, condominios o edificios de lujo que buscan satisfacer la necesidad de aparentar de nuestras élites políticas, económicas y religiosas. Para ellos la austeridad no existe. Lo que está detrás de mecanismos como estos, es una forma más de transferencia de riqueza de los más jodidos hacia los más pudientes, sin que las cúpulas sindicales, ya muy “entregadas” a los intereses ajenos a los de sus agremiados, hagan nada por revertir esa tendencia. ¿De veras el gobierno y sus partidos esperan que las víctimas directas de sus decisiones y omisiones voten por ellos? Como que ya no es tan seguro como antes. Conste que no nos referimos al significado bondadoso de la austeridad que definen los diccionarios como el de la RAE: «1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral. 2. adj. Sobrio, morigerado, sin excesos. En esa época, llevaba una vida austera, sin lujos. 3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto. 4. adj. Retirado, mortificado y penitente.» O la santa Wikipedia: «Austeridad se define como la capacidad de una persona de administrar sus bienes materiales y riqueza de una manera justa y sencilla sin lujos o extras empequeñeciendo sus gastos en lo esencial.» El otro, el que estamos comentando, es tan evidente que hasta analistas del espectro ideológico contrario han alertado sobre sus efectos, por ejemplo, Diego Castañeda de la Revista Forbes ha señalado que: «Después de todo, la austeridad –tal como ha sido entendida por los hacedores de política pública en México, con la serie de recortes que se han realizado en los últimos años, y como se ha entendido en el resto del mundo– no ha tenido un efecto positivo. [...] La austeridad, como se ha aplicado en México y en especial en Europa, ha sido característicamente nociva para la actividad económica. Ha producido tasas de crecimiento mediocres y causado un innecesario malestar social. [...] Durante los últimos años, México ha realizado fuertes recortes a la inversión pública, llegando a niveles 40% por debajo de la media de los países en desarrollo. A tales recortes se han sumado otros a la educación pública, a la salud y en general a la provisión de bienes y servicios públicos de calidad. Todos los anteriores, precursores del crecimiento económico sostenible en el tiempo. [...] La apuesta de la austeridad es la del abandono del Estado de las actividades que fomentan el crecimiento, es el abandono de los mecanismos que favorecen el desarrollo económico. [...] Los países con políticas de austeridad severas como Italia, España, Grecia o Portugal no sólo tuvieron un impacto negativo en su crecimiento de corto plazo, sino que han tenido un efecto permanente en su crecimiento potencial; el costo de la austeridad no es sólo crecer menos hoy, también es crecer menos por años y años en el futuro.» https://www.forbes.com.mx/los-peligros-la-austeridad-mexico/ Pero aquí nuestros gobernantes no tienen una visión siquiera desarrollista, a ellos les importa la austeridad como la forma corrupta de seguir aprovechando lo poco de margen que le pueden sacar de ganancia a los servicios públicos indispensables para eternizarse en el poder y echarse el dinero a la bolsa, aunque tengan que hacer maromas financieras por diversas partes del mundo. Mientras, los efectos de tales medidas disque de austeridad, las pagan las mayorías con un declive en su calidad de vida actual y en las esperanzas de vivir mejor de las generaciones siguientes, pero a nuestros funcionarios neoliberales eso les importa menos que un cacahuate.

martes, 6 de marzo de 2018

SACUDIRSE EL MIEDO

Joaquín Córdova Rivas La ropa sucia se lava en casa, pero en asuntos de política pública, de crisis económicas y sociales, de falta de respeto a los derechos humanos, la casa se vuelve global, extiende sus límites hasta abarcar al planeta entero. Por eso alarma la poca difusión y discusión del Informe 2017/18 de la organización Amnistía Internacional titulado «La situación de los Derechos Humanos en el Mundo». Parece que no queremos darnos cuenta de lo que nos ensucia a todos. https://www.amnesty.org/es/latest/research/2018/02/annual-report-201718/ El diagnóstico es crítico y alentador a la vez. Crítico porque la lucha no cesa y los retrocesos parecen no tener más justificación que las malas cualidades humanas, esas que echan al traste cualquier posibilidad de una convivencia pacífica en un mundo sembrado de intolerancias y desigualdades, ambas provocadas por nosotros, que no tienen nada de predestinación divina, ni de maldición racial o generacional. Alentador porque también hay avances, porque vemos que en los lugares donde los derechos humanos se respetan se incrementa la posibilidad de disfrutar de la vida más allá de la simple sobrevivencia. «Cuando comienza el año del 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, queda sobradamente claro que nadie puede dar por sentados sus derechos humanos. Desde luego, no podemos dar por sentado que tendremos libertad para reunirnos en una protesta o para criticar a nuestro gobierno. Tampoco podemos dar por sentado que dispondremos de seguridad social cuando seamos personas ancianas o incapacitadas, que nuestros bebés podrán crecer en ciudades con aire limpio y respirable o que, como jóvenes, acabaremos los estudios y encontraremos un trabajo que nos permita comprar una casa. [...] La batalla por los derechos humanos nunca se gana de forma definitiva en ningún lugar ni en ningún momento. Las fronteras cambian continuamente, por lo que nunca puede haber margen para la autocomplacencia. Probablemente nunca haya sido este hecho tan evidente en la historia de los derechos humanos. Aun así, ante desafíos sin precedentes en todo el mundo, las personas han demostrado una y otra vez que su sed de justicia, dignidad e igualdad no se va a calmar, y, aunque pagando a veces un precio muy alto, continúan buscando formas nuevas y audaces de expresarlo. En 2017, esta batalla global de valores cobró una intensidad sin precedente.» Intensidad es la palabra clave porque esos derechos hay que ganarlos cotidianamente, en todo momento, en todo lugar, en cualquier situación. El miedo y la inseguridad son grandes aliados de los retrocesos, nos han querido convencer de que vivir tranquilos y seguros implica renunciar a ciertos derechos, más en el caso de los que nos protegen contra los abusos de la propia autoridad, hasta llegar a la estupidez de afirmar que los derechos humanos son para proteger a los delincuentes porque les facilitan no pisar la cárcel o salir pronto de ella para seguir delinquiendo. Lo que la autoridad teme, es no poder seguir ejerciendo un poder discrecional que lo lleva fácilmente a inventar culpables para ocultar sus propias fechorías, revictimizar a las víctimas es su nuevo credo. En el apartado titulado Violencia e Impunidad en México se afirma y sintetiza, aunque se habla en pasado no porque lo señalado haya sido superado, sino porque se refieren a datos del 2017: «Continuó la crisis de derechos humanos en México, agravada por el aumento de la violencia y los homicidios; hubo, en particular, una cifra sin precedentes de homicidios de periodistas. Las detenciones y reclusiones arbitrarias seguían siendo generalizadas y a menudo daban lugar a otras violaciones de derechos humanos, la mayoría de las cuales no se investigaban debidamente. Más de 34.000 personas seguían sometidas a desaparición forzada, y abundaban las ejecuciones extrajudiciales. La tortura y otros malos tratos seguían siendo una práctica generalizada a la que recurrían con impunidad y de manera habitual las fuerzas de seguridad para obligar a personas a firmar “confesiones” falsas. Sin embargo, la aprobación por parte del Senado de una nueva ley contra las desapariciones forzadas (tras la indignación popular nacional suscitada por el caso de la desaparición forzada de 43 estudiantes cuya suerte y paradero seguían sin revelarse) podía suponer un paso adelante, aunque su posterior implementación requeriría de un compromiso político serio para garantizar la justicia, la verdad y la reparación. El Congreso mexicano también aprobó, por fin, una nueva ley general contra la tortura. Más preocupante fue la promulgación de una ley de seguridad interior que permitía la prolongada asignación de funciones policiales ordinarias a las fuerzas armadas, una estrategia que se ha vinculado con el aumento de las violaciones de derechos humanos.» El informe atina en algo importante, los retrocesos en los derechos humanos no se dan en el vacío, hay ambientes y políticas que atentan contra ellos: «La austeridad es una cuestión de derechos humanos. Afecta al acceso de las personas a la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social y otros derechos económicos y sociales. También propicia abusos contra los derechos civiles y políticos, como cuando los gobiernos responden de forma draconiana a las protestas y otras expresiones de disidencia o recortan servicios que afectan al acceso a la justicia, como la asistencia letrada gratuita. Con demasiada frecuencia, los gobiernos hacen caso omiso de esos derechos y toman decisiones cuya mayor carga hacen recaer sobre quienes viven en la pobreza, al tiempo que ponen en peligro el bienestar de la sociedad en su conjunto. La austeridad es una cuestión de orden mundial. En 2017 se aplicaron medidas de austeridad generalizadas en países de todas las regiones del mundo, limitando sobre todo los derechos económicos y sociales de las personas.» Quizás por esa razón la poca difusión al informe de Amnistía Internacional, porque en el ambiente electoral mexicano cuestionar las políticas representadas por dos de los tres candidatos a la presidencia de la república no les debe ser oportuno ni agradable. En fin, nos quedamos con la idea de que hay y puede haber avances, de que la lucha por nuestros derechos es algo de todos los días, nada de que ya se ganaron y nos tiramos en la hamaca, y de que hay que cuestionar esas políticas neoliberales que atentan contra el bienestar de las mayorías. Sacudirse el miedo y avanzar. La violencia aumentó en todo México. Las fuerzas armadas seguían llevando a cabo labores habituales de la policía. Continuaron las amenazas, los ataques y los homicidios contra periodistas y defensores y defensoras de los derechos humanos; los ciberataques y la vigilancia digital eran especialmente habituales. Las detenciones arbitrarias generalizadas seguían derivando en torturas y otros malos tratos, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales. Persistía la impunidad por violaciones de derechos humanos y crímenes de derecho internacional. México recibió la cifra más alta de solicitudes de asilo de su historia, la mayoría de ciudadanos y ciudadanas de El Salvador, Honduras, Guatemala y Venezuela. La violencia contra las mujeres seguía suscitando una honda preocupación; según datos recientes, dos tercios de las mujeres habían experimentado violencia de género a lo largo de su vida. Dos grandes terremotos hicieron peligrar los derechos a la vivienda y a la educación.

sábado, 17 de febrero de 2018

EL PENSAMIENTO CONFUNDIDO

Joaquín Córdova Rivas Hay ideas fijas que se dan por incuestionables y se toman como base para avanzar en cierto tipo de conocimiento, pero como dice la canción de Luis Eduardo Aute: “el pensamiento es estar siempre de paso”, por lo que, a final de cuentas, esas ideas fijas terminan por no dejar avanzar, se utilizan como anclas que inmovilizan creyendo que como el mar se mueve, es uno el que está navegando. Una de ellas, que se repite hasta el cansancio, es que, en política, para que las cosas cambien debe operarse de abajo hacia arriba, de la base a la cúspide, de la masa a la élite, porque con ello se aseguraría que los intereses de la mayoría prevalecerían sobre el de la minoría, que, por serlo, ve la realidad desde una óptica completamente diferente. En teoría eso puede ser cierto, pero se ignora que, frecuentemente, esa “mayoría” ni siquiera tiene claro cuáles son sus intereses y termina defendiendo los que no son suyos y hasta le resultan contraproducentes. O también, que exista una minoría ilustrada, conocedora de sus orígenes, convencida de que el buen gobierno es considerar los intereses de todos y mediar cuando los de unos cuantos pretendan imponerse sobre los de todos. «Para gobernar un Estado de tamaño medio, hay que despachar los asuntos con dignidad y buena fe; ser frugal y amar a todos; movilizar al pueblo sólo en los momentos adecuados.» Confucio. En términos religiosos, una persona que enarbole la defensa de los oprimidos, de los pobres, de los generacionalmente desfavorecidos, es ensalzada y santificada; se convierte en ejemplo a seguir, sus palabras y acciones se ven exclusivamente desde la bondad y la valentía. Por eso, no es casual que las dos primeras, de tres acepciones que aparecen en el diccionario de la RAE sean: «1. En el judaísmo, salvador y rey descendiente de David, prometido por los profetas al pueblo hebreo. 2. En el cristianismo, redentor enviado por Dios para salvar a la humanidad. El Mesías.» Dejando como tercera opción, la que parece corresponder a la persona con las mismas características, pero desde el lado de la política: «Sujeto real o imaginario en cuyo advenimiento hay puesta confianza inmotivada o desmedida.» Y entonces ya se vale ponerle adjetivos ¿El Mesías tropical? «Quien gobierna mediante la virtud es como la estrella Polar, que permanece fija en su casa mientras las demás estrellas giran respetuosamente alrededor de ella.» Confucio. Pero no todos han estado de acuerdo con esa visión, para no ir más lejos en el tiempo, en la China de Confucio, podía enseñarse algo diferente: la virtud de los gobernantes, por el hecho de serlo, era más que importante. Algunas de sus analectas —“Colección de trozos selectos de materias literarias” como dice la RAE—, están en el contexto del filósofo chino al cual no le gustaba decir cosas nada más porque se escucharan bien, sino porque encontraba su práctica inmediata en la forma de gobernar. Quizás a los precandidatos presidenciales le convendría leerlas, ahora que están en pausa forzosa, recargar baterías mentales no sería mala idea, y hasta se evitan gastar en encuestas que les van a indicar lo que ellos quieren: ««Eleva a las personas honradas y colócalas por encima de las no honradas, y ganarás el corazón de la gente. Si elevas a las personas no honradas y las sitúas por encima de las honradas, el pueblo te negará su apoyo.» Nuestros aborrecibles neoliberales deberían recordar que no todo se vale, que el “fin de la historia” se la inventaron para justificar su pereza ética y moral, y su incansable voracidad y corrupción, que “el mercado” nunca ha sido ni será “libre” porque es una invención humana y solo algunos se benefician de la falta de control, que al igual que otras “modas” puede terminar, aunque no deje de provocar terribles daños, quizás irreversibles: «Ser rico y tener rango es lo que todo el mundo codicia; pero si la única forma de obtenerlo va contra sus principios, debe desistir de su propósito. La pobreza y la oscuridad es lo que todo el mundo odia; pero si para escapar de ella tiene que ir contra sus principios, debe aceptar su suerte. Si un caballero traiciona la benevolencia, ¿cómo puede hacerse un nombre? Ni siquiera por un momento debe un caballero apartarse de la virtud; se aferra a ella a través de las pruebas, se aferra a ella a través de las tribulaciones.» Para Confucio, actuar de acuerdo con ciertos principios y ser buen gobernante tiene sus efectos, sus afanes por hacer el bien no pasarán desapercibidos: El señor Ji Kang preguntó: «¿Qué puedo hacer para que el pueblo sea respetuoso, leal y aplicado?» El Maestro respondió: «Acércate a él con dignidad y éste será respetuoso. Sé tú mismo un buen hijo y un padre bondadoso, y el pueblo será leal. Eleva a los buenos y entrena a los incompetentes, y todos cumplirán su deber con celo.»