viernes, 26 de mayo de 2017

EL ESTADO QUE DEJÓ DE EXISTIR

Mis neuronas no lo registran, por más que busco alguna conexión que encuentre una década de mi vida sin la palabra “crisis” en todas aparece, quizás un poco difusa en la primera si nos referimos únicamente a la económica, pero si ampliamos el rango a lo político ni por donde escaparse, allí está el 68 mexicano, poco entendido en su momento por el papel lacayuno de los medios de comunicación, pero persistente y con la suficiente fuerza para poder ser reflexionado e indagado posteriormente. Hay crisis que parece que duran poco y otras que se extienden eternamente, algunas que no se diferencian claramente porque se superponen, se mezclan, se enredan como queso oaxaqueño o charamusca guanajuatense. En las tres décadas más recientes nos hemos pasado parte de nuestra vida —y ahora sí abro la experiencia a toda mi generación—, tratando de explicar qué pasa con este riquísimo y diverso país, y una casta política —incluyendo empresarios, líderes religiosos y criminales desembozados— que se empeña en destruirlo. Que si es la transición a la democracia, que si es una democracia pasmada, que si es un estado fallido, que si es una democracia neoliberal a lo bestia, que si es... lo que sea menos democracia. Como muchos, el académico y analista Lorenzo Meyer ya se cansó de hipótesis fallidas y parece que tocó fondo, en su columna Agenda Ciudadana, en el diario Reforma del 18 de mayo pasado escribe: «Para una escuela de pensamiento, el Estado es una construcción ideológica que pretende que hay un ente político que está por encima de intereses particulares para defender el general pero que, en la práctica, es una máscara que encubre lo que realmente está fallando: los arreglos políticos entre facciones, intereses e instituciones y que nunca han tenido como meta el "interés general" sino apenas mantener la estabilidad y legitimidad de un arreglo que beneficia a unos más que a otros.» De veras, uno creería que el conjunto de instituciones que se mantienen con nuestros impuestos existe para detectar necesidades y resolver los problemas que nos afectan a todos: nuestra salud, seguridad, educación, trabajo digno y salario remunerador, alimentación, cultura, vivienda, vialidad, descanso, lo que tenga que ver con una vida digna y el disfrute de todos los derechos humanos. Pero en México eso está en proceso de desmantelamiento o de plano dejó de existir. «Todos los grupos en control de algunas de las diferentes partes del aparato gubernamental —Presidencia, secretarías de Estado, gubernaturas, municipios, etcétera— y en alianza con intereses privados, incluyendo al crimen organizado, se han lanzado a extraer el máximo de recursos en el menor tiempo posible sin importar el daño que causen al equilibrio histórico —siempre precario— entre clases, regiones, intereses y grupos. [...] el Estado no existe. Lo que ha fallado y de manera dramática no es ese ente fantasmagórico sino la capacidad de la clase dirigente y sus instituciones para autolimitarse, para moderar su desenfreno en la extracción de riqueza. De continuar por ese camino de corrupción, ineptitud, violencia y desigualdad, México, como nación, seguirá perdiendo sentido.» Y esa pérdida de sentido se está acelerando a ojos vista, allí están los procesos electorales, señaladamente el del Estado de México, con su cauda descarada de compra de votos y la intervención de todo el gabinete presidencial y los intereses corruptores que lo acompañan, y parece algo normal o lógico, tanto, que nadie se atreve a declarar que eso ya no sirve, que es un fruto envenenado que podemos negarnos a tragar. Dicen los que saben, que los partidos políticos buscan lo mismo por diferentes caminos, ese “interés general” que menciona Lorenzo Meyer. Como existen diversas formas de interpretar la realidad y de intervenir en ella para cambiarla, o intentar mantenerla si a algunos les conviene, los ciudadanos se organizarán, o simpatizarán y/o votarán por el partido que juzguen tiene la versión más acertada, que coincide con sus intereses para señalar cuál es, en ese momento, el “interés general”. Por eso hay propuestas que son contrarias entre sí, por eso existe la separación entre izquierda y derecha, entre liberales y conservadores, entre demócratas y autoritarios, entre revolucionarios y reformistas, eso es lo que le da sentido a que se reconozca la existencia de partidos políticos diferentes. Y por eso también, sabemos que es un engaño cuando partidos con propuestas o plataformas electorales radicalmente distintas plantean una alianza, coalición, o candidatura común; porque están vendiendo algo que en la realidad no existe: un alebrije político. Lo que sí hacen es contribuir a esa crisis de inexistencia de un Estado que debiera estar allí porque es necesario. Desvelan sus muy particulares intereses y el crónico valemadrismo por ese “interés general”. Dos muestras más, opuestas pero que apuntan en la misma dirección, la boda de la hija del casi eterno líder petrolero Romero Deschamps, con la presencia y participación de priistas, panistas, perredistas y disque independientes, se supone que todos aborrecen la corrupción, el latrocinio, el corporativismo que secuestra las voluntades y conciencias, pero allí estaban como lo que son, la misma casta política autocelebrándose. La otra, la salida de un grupo importante de organizaciones no gubernamentales que reniegan de pertenecer a un mecanismo que trabaja, junto con instancias oficiales, señaladamente la presidencia de la república, en contra de la corrupción y por la transparencia. Misión imposible con los que no entienden que no entienden.

sábado, 20 de mayo de 2017

YA BASTA

Joaquín Córdova Rivas “Si el narco tiene este poderío, es porque el Gobierno lo ha permitido, o porque está sometido, porque no está o porque es cómplice". Javier Valdez. Periodista asesinado el 15 de mayo en Culiacán, Sinaloa. Con el ejército en las calles, en las avenidas, en las carreteras, acudiendo a lugares públicos donde las autoridades civiles terminan por dejar hacer porque no les interesa la seguridad, ni la legalidad, ni resolver problema alguno, solo clavados en saber quién puede ser el más corrupto, quién compra lealtades perversas mientras dura la conveniencia, quiénes se tapan unos con otros para protegerse entre todos. Quien denuncie o intente informar o hacer algo, queda en el blanco de los grupos criminales que no dudan en deshacerse de ellos, lo mismo si es el crimen organizado o los funcionarios corruptos que les dan información, protección, complicidad y tolerancia. Caen periodistas y activistas de todo tipo, todos les estorban, a todos los quisieran eliminar. Acudiendo a la memoria, conviene traer a cuento las advertencias que los demócratas norteamericanos enviaron, con creciente frecuencia, a la casta política mexicana antes de las elecciones internas presidenciales de ese país. Tanto Hillary Clinton como la actual embajadora Roberta Jacobs, aprovechaban conferencias de prensa o clases magistrales en diversas universidades para manifestar su alarma ante la creciente y descarada corrupción de nuestros políticos. Si bien el capitalismo neoliberal es tolerante ante la corrupción que le conviene, en exceso deslegitima esa concentración de la riqueza producto del mal llamado libre mercado. El capitalismo de compinches —donde unos cuantos allegados al centro de poder político son los beneficiarios exclusivos de privatizaciones, de concesiones amañadas, de privilegios fiscales, de una legalidad tramposa y hecha a la medida—, choca de frente, pero no lo hace mejor, al capitalismo donde los más grandes simplemente se tragan a los más chicos. Vamos, para estos últimos, la corrupción excesiva cambia las reglas del juego a un grado que ya no pueden tolerar, porque son desplazados por unos cuantos sinvergüenzas que no pertenecen, ni serán aceptados nunca, en su élite. Por eso el círculo peñista se apresuró a intervenir descaradamente —no lo saben hacer de otra manera—, en las elecciones del vecino del norte tratando a su candidato preferido, el señor Trump, como presidenciable, esperando que la persecución en su contra se detuviera tantito, pero la maquinaria ya estaba echada a andar, y aprovechando que desde sus bancos los egresados del nuevo PRI mueven sus cuentas a otras partes del mundo —Mónaco, Islas Cayman, España, Suiza y demás—, les están cayendo dejándolos a la vista de todos. No están, los norteamericanos, haciendo justicia, ni les interesa la ética o la honestidad, simplemente se están vengando de las “bad hombres” que les hacen trampa. Dicen que las elecciones del Estado de México serán la antesala de las presidenciales del 2018, que los partidos, candidatos, medios de comunicación y grupos de interés están probando límites y su capacidad de movilización y/o compra de votos, pero se les olvida el verdadero protagonista de la historia que también los está observando y probando: la ciudadanía desesperada por un cambio. Si las elecciones locales de este 2017 muestran que la vía electoral no es transitable para arreglar lo descompuesto, esperar que haya alguna esperanza para el 2018 no será creíble, y habrá que explorar otras formas. Por eso la urgencia de algunos para legitimar el estado de excepción que ya vivimos cotidianamente y que no quieren invocar abiertamente. Legalizar el actuar de las fuerzas armadas —ejército y armada—, en las calles, sería su única posibilidad de frenar violentamente cualquier intento de salirse de esa legalidad electoral tramposa. Sería su última carta y están dispuestos a jugársela el todo por el todo. Otra de maestros, pero de Media Superior —prepas y bachilleratos—, porque siempre se habla de educación básica. No se trataba de oponerse nada más por llevar la contraria, con todo y las evaluaciones de la pareja SEP-INEE los profes queretanos están en el sexto lugar de los estados con menos porcentaje de los calificados como “insuficientes” con un 11.6 por ciento, mientras la media nacional es de 17.7. Apenas nos superan con menos “insuficientes” —en porcentaje—, los estados de Quintana Roo, Hidalgo, México, Chihuahua y Campeche. Habría que considerar que los datos publicados por el Servicio Profesional Docente son confusos ya que varían de una tabla a otra y entre gráficas que supuestamente establecen las mismas comparaciones, pero según las cifras disponibles los maestros queretanos de Media Superior lograron en un 19.83 por ciento ser evaluados con los conocimientos y habilidades “suficientes” para tener su materia frente a grupo. El 41.74 se ubica como “bueno”, el 5.79 como “destacado” y el 7.85 como excelente. Los que de plano no se presentaron a ser evaluados por diversas causas, principalmente por no estar de acuerdo con el proceso y la reforma educativa, aunque muchos de los que sí se presentaron tampoco estaban conformes con ello, fue el 13.22, de los más altos después de Michoacán, Chiapas y Guerrero. Así están las cosas.

NO ES LO MISMO

Joaquín Córdova Rivas Cuando algo marcha mal en el proceso de ser cada vez mejores seres humanos, cuando parece que nos hundimos en el fango de la corrupción, de la intolerancia, del individualismo y de la incompetencia, aparece la tabla salvadora de la educación como la mejor alternativa para curarnos de esos y otros males. Ahora que los avances tecnológicos amenazan con volvernos obsoletos, en que la tecnobiología presume saber de lo humano más que nosotros mismos, la singularidad sentimental y emotiva, las infinitas posibilidades de relacionarnos con los otros, nos saca de sus omnipotentes algoritmos y reivindica que somos mucho más que la simple suma e interconexión de células, neuronas, órganos o lo que sea. Sabemos que somos mucho más que la simple acumulación de experiencias, habilidades o técnicas, que ser humanos escapa a las determinaciones de cualquier ciencia. “El hombre llega a serlo a través del aprendizaje. Pero ese aprendizaje humanizador tiene un rasgo distintivo que es lo que más cuenta de él. Si el hombre fuese solamente un animal que aprende, podría bastarle aprender de su propia experiencia y del trato con las cosas. Sería un proceso muy largo que obligaría a cada ser humano a empezar prácticamente desde cero, pero en todo caso no hay nada imposible en ello. De hecho, buena parte de nuestros conocimientos más elementales los adquirimos de esa forma, a base de frotarnos grata o dolorosamente con las realidades del mundo que nos rodea. Pero si no tuviésemos otro modo de aprendizaje, aunque quizá lográramos sobrevivir físicamente todavía nos iba a faltar lo que de específicamente humanizador tiene el proceso educativo. Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos. Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos «cultura» sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias.” Fernando Savater, El Valor de Educar. https://www.ivanillich.org.mx/Conversar-educar.pdf Los tecnócratas sueñan con un mundo donde la educación escape de casi cualquier presencia humana —individual o colectiva—, para ellos lo ideal es que cada individuo, conectado al ciberespacio con el cordón umbilical de una computadora, Tablet, o cualquiera de estos artilugios, siendo diagnosticado su “estilo” ideal de aprendizaje, teniendo guardado en poderosas bases de datos sus “preferencias” y las necesidades de los mercados globales, sea “educado” de la manera más conveniente ¿para quién? Y entonces deshacerse de los molestos profesores que, como todo humano está sujeto a contingencias que algunos ven como comportamientos indeseables: se enferman, quieren que se reconozca su labor, se organizan para defender sus intereses, opinan y quieren que se les considere al momento de tomar decisiones sobre lo que hacen o pueden hacer, se solidarizan y empatizan con los niños y jóvenes con quienes conviven cotidianamente, no pueden ser indiferentes y dejar pasar lo que les parece malo o criticable. Pero es que adiestramiento y educación no son lo mismo. “Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento. De todas estas creencias optimistas puede uno muy bien descreer en privado, pero en cuanto intenta educar o entender en qué consiste la educación no queda más remedio que aceptarlas. Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla... y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros.” Ya lo tratamos en otro texto, no cualquiera puede y debe dedicarse a educar. Al contrario de los que no saben de qué va el asunto, la actividad educadora “formal” —para diferenciarla de todas las demás—, no puede medirse por las horas frente a un grupo de estudiantes, tampoco se puede igualar —ahora le dicen homologar— a cualquier otra actividad laboral, no es solo cuestión de tener los conocimientos básicos en varias disciplinas y saberlos relacionar conociendo sus interacciones, también es de actitud, de interesarse por los otros más allá de los números que marcan asistencias, calificaciones, es más que acreditar que se lograron desarrollar conocimientos, que se arraigaron valores, que se está éticamente comprometido con todo y con todos, es —y vale la pena repetirlo— lograr ser mejores seres humanos y eso ningún algoritmo lo puede hacer. Coincido con Fernando Savater: “Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra «valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo e impotencia y por eso la profesión de maestro —en el más amplio sentido del noble término, en el más humilde también— es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a depresiones, a desalentada fatiga acompañada por la sensación de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada.”

NIÑOS EN CRISIS

Joaquín Córdova Rivas No votan, no marchan porque no es su manera de expresarse, pocas veces se les considera para consultarles su opinión, de hecho, infantia “no significa puramente en latín «incapacidad de hablar», puesto que el verbo fari no es simplemente «hablar», sino hablar o expresarse en público, o si se quiere, expresarse de una manera inteligible para otros”. Por lo cual se considera a la infancia como el periodo de tiempo entre el nacimiento y los 7 años, porque a esa edad los niños “comenzaban a acudir a los ludus o escuela de primeras letras, y empieza a tener una expresión pública”. http://etimologias.dechile.net/?infancia Por adjudicarles esa incapacidad de no poder hablar, o de que no se les entiende lo que pueden expresar, los adultos lo hacemos por ellos, o al menos eso queremos hacernos creer. Y entonces el llamado día del niño (y de la niña, por si hace falta aclararlo) es uno en el año, debe ser el 30 de abril y “celebrarse” dándoles dulces, comida chatarra o algún regalo para irlos convirtiendo en consumidores de cosas que ni necesitan, y eso si bien les va. Pero cualquier fecha sirve para repasar la situación de esos infantes mexicanos, que solo están en crisis en las mentes malvadas de los adultos que no creemos en la propaganda oficial. Evitando caer en el fetiche comercial, UNICEF México presentó el 3 de mayo de este año, su Informe Anual 2016, en el apartado inicial con el título “Una oportunidad justa en la vida”, señala que «En México, un tercio de la población —unos 40 millones de personas—, son niños, niñas y adolescentes, de los cuales 21 millones (el 54%) viven en condiciones de pobreza y 1.5 millones sufren desnutrición crónica.» Los números puede que pasen desapercibidos en nuestra mente apabullada cotidianamente por cifras que parecen absurdas si no fueran ciertas, pero saber que más de la mitad de nuestros niños viven en pobreza, contrasta con la campaña oficial que nos quiere convencer que estamos cada día mejor, y que señalar cosas como estas es por ganas de llevar la contraria. Saber que, con todo y la millonada que supuestamente se gasta en programas sociales, en mantener nuestra moneda en niveles “aceptables”, que a pesar de las bondades de las reformas estructurales, que nos están llevando directo al paraíso, tenemos un millón y medio de infantes en desnutrición crónica, constituye un golpe al ego público nacional y un desmentido a los economistas que se desgañitan en los noticieros preguntando “¿cuál crisis?” Muy en su papel, UNICEF presenta las acciones que realiza para disminuir o intentar acabar con esa absurda realidad, nada digna de la decimosegunda economía del mundo. Si alguien quiere saber de esos afanes, convencerse de que hay que hacer algo, o por lo menos convertirse en donador si el tiempo no le alcanza para contribuir de otra manera, puede entrar al sitio www.unicef.org.mx o en http://bit.ly/2ptXJle En el apartado llamado “Protección Integral de Derechos” se menciona que «En México, 6 de cada 10 niños han vivido algún tipo de violencia en el hogar, y la mitad de las y los adolescentes del país, han sufrido algún tipo de agresión psicológica.» Como era de esperarse en un país que padece de una espiral de violencia, el contexto de desarrollo infantil necesariamente refleja sus efectos; ese ambiente de supuesta guerra contra el narcotráfico que se desarrolla en nuestras calles y espacios públicos, y no en las cuentas bancarias de los cárteles y de nuestros corruptos gobernantes, permea los espacios más íntimos, y los niños también son víctimas en ese contexto familiar que debería protegerlos y garantizarles derechos para su desarrollo adecuado. Hay que mencionar que los datos corresponden a cifras oficiales, principalmente de la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el INEGI. Tanto que se habla de la supuesta Reforma Educativa y no hemos podido cumplir con lo más básico. En lo correspondiente a Educación de Calidad para Todos, encontramos que: «En México, más de 4 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera de la escuela. Además, más de 600 mil podrían dejarla si no se crean estrategias para evitarlo.» Esto ya lo conocíamos, cada año más de medio millón de niños y jóvenes mexicanos son abandonados por un sistema educativo que cuida más la disciplina y las formas, que en promover algo tan indispensable y barato como la lectura, y es que leer nos vuelve reflexivos y críticos, y eso a nuestro gobierno no le conviene, no podría comprar votos, ni indigestarnos con su verdad histórica, ni convencernos que la crisis habita en nuestra mente y no en la realidad del día a día. ¿Cuál es el presente y el futuro de esos 4 millones que ni siquiera están en la escuela? Hay que romper con esa definición etimológica de infancia, que más parece condena, organizaciones especializadas en trabajar con este segmento de la población lo tienen bien claro: «Contar con las voces de las y los niños y adolescentes es fundamental para guiar las políticas que tienen impacto en sus vidas, por ello UNICEF apoyó la creación de una Guía nacional sobre participación infantil y realizó foros de participación infantil en Ciudad de México, Coahuila, Guerrero, Nuevo León y Sonora.» Hay que realizar foros de esos en nuestras escuelas queretanas, bien hechos, sin la intención de manipular sus efectos y resultados, con la asesoría y vigilancia de quienes saben hacerlos. Como bien dijo Christian Skoog, representante en México de esta organización: “La visión de UNICEF para los próximos años es un mundo en el que nuestro trabajo ya no sea necesario, un mundo en el que cada niño esté sano, seguro, educado, atendido y protegido. Por ello, cada año continuamos redoblando esfuerzos, para trazar nuevos caminos que permitan colocar en la agenda nacional a la niñez en condiciones más vulnerables.” En eso debemos coincidir todos.

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS?

Joaquín Córdova Rivas Debe haber algo que le dé sentido a la vida, no como simple proceso biológico de nacer, crecer, reproducirse y morir; sino a la existencia de cada uno, que le otorgue significado a los afanes diarios, a levantarse de la cama, ir a la escuela o al trabajo, enfrentarse a los problemas cotidianos y excepcionales, a sentirse satisfecho ante la certeza de morir en cualquier momento. Algunas culturas pregonan la búsqueda de la felicidad, otras el estar en paz con uno mismo y con los demás. El “humanismo”, que quizás tenga mucho de egoísmo, nos proclamó la especie superior en un planeta que parecía inagotable, resistente a todo intento por destruirlo incluidas el resto de las especies no humanas. Pero topamos con que todos estamos relacionados y dependemos de los demás, hasta de los que no identificamos con un colectivo y vaporoso “nosotros”. Entre más trepados en la escala social, política o económica, más daño podemos hacer. Por eso son notorios los casos de grandes empresarios, de presidentes, secretarios de estado, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, que se corrompen, que se “echan a perder”, que se pudren y degradan a los que están a su alrededor. Los grandes ladrones, esos que han sido tan desvergonzados y estúpidos como para ser detectados por una sociedad harta de sus abusos, sin contar todavía a los que nadan de muertito para no llamar la atención, no son monstruos excepcionales, tampoco personajes de gran inteligencia y valentía, apenas son más corrientes y comunes que todos los demás. ¿De qué están hechos? Caigamos en la provocación y personalicemos. ¿Cómo un niño gordito y de voz chillona se convirtió, antes de los 40 años, en otro de los saqueadores —porque los anteriores y el que le sigue tampoco deslumbran por honestos— de uno de los estados más ricos en recursos de todo tipo, pero con una población muy pobre? ¿Sus mayores —padres, abuelos, tíos, profesores— lo maltrataban, se burlaban de él, o le cumplían todos sus caprichos aunque nada se mereciera? ¿Nadie lo previno de que por muchas casas, ranchos, departamentos de lujo tuviera, su cuerpecito solo haría posible que disfrutara —es un decir— uno a la vez? ¿Alguien hizo el favor de decirle que aunque comprara muchas chucherías caras solo podría utilizar una cantidad limitada sin poder cargárselas todas para presumirlas? ¿Alguna alma caritativa, que lo quisiera un poquito, le advirtió que sus corruptelas dañarían irremediablemente la vida de otros y que lo convertirían en un personaje repudiado, digno de burla y odio, parapeto para proteger a muchos otros que han hecho y hacen los mismo que él? La atención mediática ha sigo intensa, mucho más que la de la “justicia” enlodada que se presta a negociaciones nada éticas. Ya le pasó al hijo de Pablo Escobar Gaviria, por mencionar un caso, quien a pesar de cambiarse de nombre, vivir fuera de su país, las acciones de su padre lo alcanzaron desde muy joven y se ha convertido en activista en favor de los principios y valores que su padre desdeñó, teniendo que asumir algunos de los costos de los daños provocados. ¿Para qué arriesgar a los descendientes directos a un proceso similar o más cruel? No es lo mismo ser hijo de fulano de tal, o de cualquiera que quizás no haya destacado en algo más que en ser congruente, amoroso, solidario y honesto, que llevar el apellido por línea directa de alguien que simboliza la corrupción, el agandalle y concentra el repudio social. ¿En eso los corruptos tampoco piensan? Los miles de millones de pesos robados, “desviados” como dicen los cronistas oficiales, no son solo billetes, representan obras sociales que no se hicieron —hospitales, médicos, enfermeras, equipamientos y medicamentos suficientes para que no enfermen y mueran seres humanos; también escuelas, mejores maestros, más libros, menos ignorancia; más autopistas y carreteras para acercar los productos, para detonar el crecimiento de regiones pobres y apartadas; más cultura para saber disfrutar de la vida—. En lugar de eso lo “logros” quedan en más muertes, más fosas clandestinas, más mujeres violentadas, más pobreza y desesperanza, más enfermedad e ignorancia; menos prensa y opinión pública y más periodistas asesinados; más inseguridad y delincuencia. No nos perdamos en los números, en los miles de millones de pesos que no hay cómo gastárselos porque no se puede transar con la muerte, con el repudio de los demás, no se pueden comprar tantas conciencias como para que sirvan de escenografía a una felicidad hueca y estúpida, sus corruptelas —ahora sí en plural—, atentan contra la calidad de vida de todos, y eso no se los podemos permitir.

HACER LLOVER EN EL DESIERTO

Joaquín Córdova Rivas Hay generaciones que acarician sus utopías, que sienten que las tienen al alcance de la mano y se empeñan en vivir de acuerdo con las mismas, hay otras que simplemente renuncian a sus sueños y se van al carajo. Nuestra llamada “generación del 68” ha sido la última de las primeras que mencionamos, al menos algunos de sus dirigentes más conocidos lo fueron por ser congruentes, por hacer y decir lo que pensaban y deseaban para ellos y para todos, por eso conviene recordar —que, como decía Eduardo Galeano, es volver a pasar por el corazón— que el 5 de abril de hace veinte años, moría, a los 68 años de edad, el ingeniero Heberto Castillo Martínez, inventor, dirigente magisterial universitario, catedrático de la UNAM, creador, junto con personajes destacados como Carlos Fuentes, Luis Villoro, Octavio Paz, Demetrio Vallejo, Eduardo Valle “el Búho” y otros dirigentes del movimiento estudiantil del 68, el Partido Mexicano de los Trabajadores. Algunos persistieron toda su vida en tratar de organizar una fuerza política que se opusiera a las trapacerías del PRI y del sistema de complicidades que le dan origen y razón de ser. Heberto lo hizo desde la academia, a nivel de calle —durmiendo en el piso de plazas o centrales de autobuses cuando no había todavía simpatizantes que cedieran un espacio en algún cuarto o aula de escuela—, con su participación como articulista en diversos medios de comunicación, en el Congreso desde la tribuna o la comisión de ciencia y tecnología que se fundara por su insistencia, o como integrante de la Comisión de Concordia y Pacificación que se integrara para conocer y proponer sobre la rebelión zapatista de 1994. Inventó la tridilosa: «Su objetivo era utilizar la menor cantidad de material posible para la construcción de losas. Al conjuntar un racionado diseño de construcción con estructuras tridimensionales de acero y concreto, ahorró un aproximado de 66% de material que se utilizaba para rellenar las losas. Sólo recubrió de cemento la zona de tensión y la capa superior de las losas obteniendo la misma resistencia, pero más barata y ligera.» «La tridilosa sirve no sólo para hacer techos y puentes ultralivianos, sino también muelles flotantes y hasta pangas, como las 40 que navegan desde hace años en Campeche. En Nicaragua, Heberto Castillo construyó un puente por el que pasan camiones y que, sin embargo, puede ser levantado por dos hombres, uno a cada extremo.» «La invención fue utilizada en más de 200 puentes en México, en el World Trade Center del Distrito Federal, la Torre Chapultepec, Centro Médico Siglo XXI, Plaza Cuauhtémoc, Plaza Tabasco 2000, Hotel Morelia Misión y en el edificio Biosfera 2 (Arizona, EE. UU.). En México hay casi un millón de metros cuadrados construidos con el invento de Heberto Castillo, según datos del Colegio de Ingenieros Arquitectos del Estado de Hidalgo.» http://conacytprensa.mx/index.php/anecdotas-cientificas/473-heberto-castillo-martinez-la-tridilosa-y-un-camion-de-50-toneladas La muerte lo sorprendió imaginando y trabajando por un país diferente, así se opuso con argumentos técnicos a la falsa separación entre petroquímica básica y secundaria, introducida mañosamente en la constitución para permitir las privatizaciones y el debilitamiento de PEMEX, a la vez que exhibía a su corrupta dirigencia sindical: «el debate sobre cuáles productos deben ser considerados petroquímicos básicos y cuáles secundarios, es un debate falso. La decisión “técnica” depende del criterio político-económico del presidente de la República en turno. Es natural, entonces, que en una era de gobiernos privatizados o neoliberales, no haya productos básicos y se llegue al absurdo de considerar petroquímicos a las materias primas. Es equivalente a considerar como muebles a los árboles y como edificios al acero, el cemento, la arena y la grava. El debate que no dieron los diputados y que debe darse en el Senado y en el país es si la privatización de 49 de las plantas petroquímicas existentes y de 100 en las que pueden establecerse en el futuro lastiman o no la soberanía nacional.» http://web.archive.org/web/20160730062447/http://heberto.org/Contenido/PDF/Petroquimica%20y%20soberania.pdf Sostenía que el petróleo no debía utilizarse como combustible, sino como base para su transformación en una gran cantidad de productos que ahora utilizamos y de los que también dependemos del exterior. Las plantas petroquímicas no solo producen gasolinas, con los sucesivos avances tecnológicos los derivados de ese petróleo están presentes en casi cualquier cosa que consumimos cotidianamente y que son base de otras industrias, toda esa capacidad la hemos entregado a cambio de prebendas que han servido para corromper o crear otros monopolios ligados a nuestra casta política y empresarial: «De la Madrid presidente y Carlos Salinas secretario de Programación y Presupuesto implementaron una política de entrega de las empresas de la nación a la iniciativa privada. Entiéndase, de entrega, no de venta. Por ello se hicieron las operaciones tan sucias como las que afloran en estos días. Carlos Salinas entró a la Presidencia a saco, a fuerza, porque tenía que terminar la obra emprendida en el sexenio de Miguel de la Madrid. La venta de las empresas de la nación se dio de la manera más sucia que imaginarse pueda el más pillo de los negociantes. Por ello las enormes fortunas que amasaron los hermanos Salinas, todos ellos, y sus amigos cercanos, a quienes habrá que investigar fiscalmente...» La última vez que Heberto Castillo estuvo en Querétaro, tuvo que suspender abruptamente una conferencia de prensa y posponer un encuentro con simpatizantes; en la comisión de ciencia y tecnología del Senado, del que formaba parte, estaba por decidirse, en su ausencia, el minúsculo financiamiento para conocer y llevar a cabo algunos experimentos en territorio nacional para lograr lo que todavía para imposible: hacer llover en el desierto. Sabiendo ahora que la mayoría de nuestro territorio nacional está en crisis hídrica, entercarse en el tema hubiera sido más que refrescante. Muchos soñadores incorruptibles de esa generación ya no están entre nosotros, no se vale olvidarlos, porque representan esa realidad que se nos escapa a través de la brutalidad y estupidez cotidiana, demostraron que es posible cambiar sin traicionarse, sin olvidar los principios, sin vender la conciencia a cualquiera que la quiera comprar o acallar. Esos ejemplos hacen falta.

CAVERNÍCOLAS

Joaquín Córdova Rivas Mientras en otras latitudes se tiene la certeza de que estamos viviendo un cambio abrupto en las formas de pensar, concentrar y procesar la información, que requieren conceptos diferentes, no construidos, de gobernanza, convivencia, toma de decisiones y educación, nosotros seguimos en las cavernas ideológicas. Según algunos autores, el homo sapiens tiene fecha de caducidad muy próxima, buena parte debido a que los cambios tecnológicos han sido tan rápidos, extendidos y profundos, que la simple adaptación a los mismos producirá una especie humana que pase a otra etapa en su desarrollo. Entendiendo el desarrollo no como un proceso lineal e ineludiblemente exitoso, porque desconocemos cómo y hacia dónde nos llevará en una escala histórica. De manera muy lenta nos estamos dando cuenta que la tecnología de la información y comunicación que utilizamos continuamente, prácticamente sin pausa alguna, almacena información sobre nuestros hábitos, costumbres, gustos, manías y deseos. Vivimos conectados, a través del celular, la computadora —en cualquiera de sus presentaciones—, con el uso de las redes sociales y de aplicaciones que no pueden utilizarse a menos que les demos “permiso” de acceder a toda nuestra información disponible y por generar. Cada que entramos a Facebook, Twitter, Google y sus múltiples tentáculos —correo, clima, mapas, juegos, series de TV, películas, videos, música, información y un extenso etcétera—, Amazon, Mercado Libre o lo que sea; cada que subimos una foto, “compartimos” nuestro gusto por cierta comida, libro, película, lugar —playa, iglesia, monumento, barrio, escuela o lo que sea—, pagamos o usamos un servicio —cine, supermercado, la panadería del barrio, cajero automático, gasolinera, restaurante, caseta de peaje, hotel, boletos para un concierto—estamos entrando en la intrincada red de algoritmos que “nos conocen” mejor que nosotros mismos y que refuerzan nuestras “preferencias” de acuerdo a intereses que desconocemos. Pronto —algunos ya lo hacen—, a través de monitores personalizados atados a nuestras muñecas, con forma de pulseras o relojes, estaremos creando bases de datos sobre nuestro ritmo cardiaco, concentración de azúcar, gasto calórico, temperatura corporal y ambiental, hidratación y todo lo que se nos ocurra. Con cámaras incorporadas a nuestros lentes graduados o protectores contra rayos solares, con el uso involuntario de las incorporadas a los aparatos que cargamos, las instaladas en los autos, las de las calles, enviaremos imágenes de todo lo hacemos y se podrán sincronizar con las reacciones corporales ya enunciadas, así podremos saber qué nos provoca estrés, qué nos alegra, nos entristece, nos excita, nos deprime o nos pone al borde de un ataque cardíaco, o de un coma diabético, o qué nos produce alergia. Ya en un plazo un poco más largo, quizás no tanto como parece, esas bases de datos y algoritmos adaptados a cada uno de nosotros, puedan diagnosticar, con mayor precisión que un médico especialista y en mucho menor tiempo y sin tanto gasto, qué marcha mal en nuestro cuerpo —cerebro incluido— y hasta generar una receta que pueda surtirse en expendedores automáticos con el cobro correspondiente incluido. La concentración de tal cantidad de información y su empleo instantáneo debe ser material de estudio, de otra forma nos agarrará en el primitivo arte de atrapar moscas y creer que lo que nos “sugieren” los aparatos tecnológicos, es una extensión válida de un libre albedrío que hace mucho desapareció para quedar como un tecno fantasma. ¿Cómo encara este reto nuestro “nuevo” modelo educativo?: «Las transformaciones veloces y continuas que experimenta el mundo de hoy tienen su centro en la generación de conocimiento. Si bien en la sociedad actual la transmisión de la información y la producción de nuevos saberes ocurren desde ámbitos diversos, la escuela debe garantizar la organización de dicha información; asegurar que todas las personas tengan la posibilidad de disfrutar de sus beneficios; y crear las condiciones para adquirir las habilidades de pensamiento cruciales en el manejo y procesamiento de información y uso consciente y responsable de las TIC (página 61). De manera particular, la educación enfrenta retos altamente desafiantes con relación a la cantidad de información al alcance, pues ha de garantizar el acceso a ella sin ninguna exclusión; enseñar a discernir lo relevante y pertinente; saber evaluarla, clasificarla, interpretarla y usarla con responsabilidad. Para ello, la escuela debe apoyarse en las herramientas digitales a su alcance; promover que los estudiantes desarrollen habilidades para su aprovechamiento, y que éstas se encausen a la resolución de problemas sociales, lo que implica trabajar en una dimensión ética y social y no únicamente tecnológica o individual (página 63). Otros componentes importantes para acompañar el desarrollo de habilidades del siglo XXI son la conectividad y el acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación incorporadas a los procesos de aprendizaje. Con un enfoque centrado en el aprendizaje de los estudiantes, y con el acompañamiento del docente, las TIC pueden contribuir, al incorporarse gradualmente con pertinencia, a estimular una mayor autonomía en los estudiantes así como a desarrollar competencias para la investigación, la comprensión y el análisis crítico de la información. Al mismo tiempo, las TIC son clave para garantizar la equidad en el acceso a recursos educativos diversos y de calidad» (página 120). http://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/199494/Modelo_Educativo_para_la_Educacio_n_Obligatoria.pdf Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Esas pretensiones de equidad en el uso responsable, de capacitación para utilizar las TIC con todo su potencial, para investigar y conocer de forma creativa y autónoma, se topa con los criterios cavernícolas de directivos y “administradores” de los centros de cómputo de las escuelas, que argumentando el “peligro” de acceder a contenidos no educativos, o la simple posibilidad de “infectar” las pocas computadoras obsoletas que se tienen —en lugar de empeñarse por diseñar estrategias para que eso no suceda—, eligen censurar y bloquear el acceso a los buscadores, plataformas y redes sociales más usuales, dejando a los equipos de cómputo como simples máquinas de escribir, lo peor es que en media superior, COBAQ por ejemplo, a los estudiantes se les cobra una cuota extra por usar esos equipos, que por esos criterios cavernícolas, no sirven para nada.