sábado, 2 de diciembre de 2017

NO SOMOS LOS DE ANTES

Joaquín Córdova Rivas No es lo mismo. La bufalada no distingue matices, simplemente carga de frente sin importar nada: los destrozos que provoque y deje le tienen sin cuidado, es ciega porque simplemente va detrás de la cola del que va adelante, sin importar si va directo al precipicio, el chiste es sentirse parte de eso que levanta impresionante polvareda y aterroriza por breves instantes. No importa que se atropelle a los más lentos, no importa que se ignore a los sabios de la manada, no importa que se reviente contra el suelo a los que resbalan o tropiezan, tampoco si por la estupidez colectiva todos acaban malheridos o muertos. No embisten porque se sienten poderosos, sino porque huyen de lo que los atemoriza y hace correr sin miramientos. Es una huida, no un avance ni conquista. Ocuparse de la precandidatura presidencial de la tercera fuerza electoral actual del país parece una ociosidad, no lo es por varias razones. La primera es que los intereses que representa su posible candidato están presentes en el resto de las fuerzas políticas. La partidocracia mexicana tiene más en común que sus posibles diferencias, aunque sigan aparentando desavenencias ideológicas que, en el fondo, ya no tienen. Y es que ese “fin de la historia” proclamada por el neoliberalismo los ha igualado en sus ambiciones, ya no importa quién defienda lo poco que queda de soberanía, tampoco garantizar la seguridad de los ciudadanos, mucho menos trabajar por incrementar el nivel o la calidad de vida de trabajadores, obreros o campesinos; mucho menos meterse en broncas por disminuir las desigualdades sociales. Total, el catecismo neoliberal dice que cada uno tiene lo que se merece, lo que individualmente le toca. Retrocedimos más de 2 mil años, ahora el destino, disfrazado de libre mercado, donde todos somos mercancías y no seres humanos, determina lo que será de nuestro futuro por varias generaciones. La brutal concentración de la riqueza en pocas manos, que es consecuencia de la inhumana pobreza del 99 por ciento de la población restante, seguirá siendo vista —por el 1 por ciento—, como deseable, como legal, como moralmente aceptada y divinamente normalizada. Segundo. El destapado priista aspira a ser el representante de esos intereses que no acostumbran a dar la cara ¿para qué si siempre hay quienes estén dispuestos a recibir los mamporros por unas cuantas migajas? Lo peor es que esas mayorías depauperadas, indignamente tratadas como carne de urnas, llegan a creer que los intereses de esas privilegiadas minorías son también los propios, y los apoyan, los justifican, los protegen hasta con su vida y su credencial de elector. Tercero, hasta el momento, el pasado mes de octubre ha sido el mes más violento del año más violento, por lo menos en lo que va del siglo 21. Podemos asegurar que las víctimas de tanta inseguridad, de tanta violencia, de tanta corrupción, no se quedarán pasmados. Es cierto que el miedo paraliza, pero no por siempre. En cuanto el miedo se convierte en indignación las reacciones son impredecibles. Ya no es el miedo de la bufalada que no sabe a qué le huye, es la ciudadanía indignada que sabe, porque lo sufre, que los millonarios robos —“desvíos” les dicen—, la quiebra financiera de instituciones públicas —los sistemas educativos de los estados, por ejemplo—, la descarada impunidad, las desapariciones, la trata de personas, los feminicidios, los levantados, los ejecutados, las extorsiones, los secuestros, los homicidios, la represión, la devastación de los recursos humanos y naturales, tienen causas, tienen nombres y apellidos, tienen una partidocracia que los protege, tienen a las supuestas fuerzas de seguridad trabajando para ellos, tienen secretarías e instituciones, como la de hacienda y crédito público que sabiendo lo que hacen no los investiga, mucho menos los encausa para ser castigados. Tienen tribunales, organismos electorales, fiscalías, un sistema educativo cómplice al que no le interesa formar ciudadanos, y que solo sirven para taparse los unos con los otros. La escalada violenta que ha provocado cientos de miles de víctimas no puede permanecer fuera de la ecuación electoral, el voto de castigo será un componente importante que no se atreven a medir bien, prefieren invisibilizarlo a ver si en realidad desaparece. Pero tanto agravio producirá sus efectos. Para el 8 de diciembre está programada la gira por Querétaro de la representante del Concejo Indígena de Gobierno María de Jesús Patricio Martínez, lo deseable sería que los protagonismos de esa supuesta izquierda vociferante, enquistada en movimientos sociales de su exclusiva propiedad, dejaran espacio para nuevos liderazgos, para formas diferentes de hacer política, que no revienten, desde dentro, la esperanza de que otro país es posible. Aunque no logre las más de ochocientas mil firmas de ciudadanos con credencial de elector que apoyen su registro.

sábado, 11 de noviembre de 2017

SOBRE LA ESTUPIDEZ

SOBRE LA ESTUPIDEZ Joaquín Córdova Rivas «¿Cómo es posible que los estúpidos lleguen a alcanzar posiciones de autoridad? Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) permitieron un flujo de poder constante de personas estúpidas a los puestos de poder en las sociedades preindustriales. Ese puesto lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. Las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción ε (esta letra ε es una constante en el planteamiento del ensayo) entre los poderosos: pueden perjudicar a todos los demás sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Carlo Maria Cipolla. Allegro ma non troppo.» https://koralieucm.files.wordpress.com/2010/09/carlo-m-cipolla-allegro-ma-non-troppo.pdf Tendremos que agradecerle a la escritora Rosa Montero la recuperación del ensayo de donde salió la cita anterior. Carlo Maria Cipolla escribe un divertido e inteligente texto entre histórico y tipológico, primero, porque a su manera explica la transición europea entre diferentes etapas de su desarrollo: Edad Media y Renacimiento, atendiendo al comercio de las especias “de la pimienta en particular”, y en una segunda parte, establece las leyes de la estupidez, con gráfica incluida, para medir que tan incauto, inteligente, malvado o estúpido es uno mismo o alguien más. Quizás aquí tendría que retractarme, una cualidad del estúpido es que ignora que lo es. Hasta Cipolla lo advierte: «al contrario que los malvados, inteligentes o ingenuos, que tienen constancia de su posición, el estúpido no sabe que es estúpido, y te causarán pérdidas sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.» Regresemos a Rosa Montero para que nos sintetice las “Leyes fundamentales de la estupidez humana”: «Primera, siempre subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en el mundo. Segunda, la estupidez es una cualidad independiente de cualquier otra, no está asociada ni al dinero que se tenga o a la clase social o a la educación recibida, los estúpidos lo son de manera absoluta y democrática y siempre habrá en la Tierra un determinado porcentaje de imbéciles (que siempre tenderemos a subestimar). Tercera, un estúpido es alguien que causa daño a los demás sin obtener con ello ningún beneficio e incluso perjudicándose a sí mismo: y tengo la impresión de que esta ley está de rabiosa actualidad en España. Cuarta, por desgracia también subestimamos la inmensa capacidad de los estúpidos para hacer daño (sobre todo, añado yo, cuando a la estupidez se le suma redundantemente el fanatismo). Y quinta: el estúpido es, pues, el individuo más peligroso del mundo. De hecho, los estúpidos son mucho más peligrosos que los malvados.» http://elpaissemanal.elpais.com/columna/rosa-montero-peligrosa-estupidez/?id_externo_rsoc=FB_CC Rosa se queja de la situación en la España actual, pero ¿qué podríamos decir del México del presente? Al parecer el escenario no es mejor, aquí los malvados se sirven de los estúpidos para mantenerse en el poder, que tampoco sería algo muy mexicano, porque es una “cualidad” de la democracia liberal que vivimos asociada al capitalismo de compinches o neoliberal. Lo que sí es que nos pasamos de incautos (según la RAE: Que no tiene cautela. Ingenuo, cándido, que no tiene malicia.), acabamos de pasar por desastres naturales que provocaron víctimas y daños considerables por mucho tiempo, y los medios de comunicación se encargaron de ensalzar y neutralizar esa loable solidaridad ciudadana, diciéndonos que solo nosotros, los mexicanos, nos mostrábamos así ante esas circunstancias, lo que es falso, en todos los lugares donde ocurren ese tipo de eventos, y hasta otros más catastróficos, los humanos nos movilizamos para ayudar a los demás. Pasar del yo individual al nosotros colectivo de forma casi masiva e instantánea, sucede en cualquier país del mundo. Tampoco somos excepcionales en otras muchas cosas, todos creen que su país es el más bonito, el que mejor gastronomía tiene, el que hace la ropa más elaborada y colorida, el que es más feliz. Los estúpidos repiten la cantaleta, los incautos se la creen y siguen votando, los malvados se aprovechan. Diario conocemos de actos de corrupción —los Panama Papers, los Paradise Papers, las casas de colores, las haciendas en Malinalco—, sabemos de instituciones diseñadas para propiciar las fortunas indebidas, aunque sean “legales”, nos percatamos de la absurda impunidad que protege a los poderosos, vemos como los medios de comunicación masiva se desgañitan denunciando la porquería para terminar justificándola: «estamos mal pero así son las cosas». Seguimos cayendo en la mentira de que “ahora sí, en las elecciones, podremos arreglarlo casi todo”. Cipolla es concluyente, no deja lugar para refugiarse en la indiferencia o en la falsa esperanza de que el simple paso del tiempo remediara los entuertos: «en la sociedad en declive: Los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.» ¿Hasta cuándo se los seguiremos permitiendo?

jueves, 2 de noviembre de 2017

COMPARACIONES INCÓMODAS

Joaquín Córdova Rivas Hay algunas instituciones que, todavía, quieren justificar su existencia y presupuesto, una de ellas es el polémico Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que, para este 2017, tardecito porque está por terminar, presenta un análisis necesario sobre los “Resultados Nacionales de Logro 2017” en Educación Media Superior. http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P2/A/328/P2A328.pdf Ni que decir que dichos resultados siguen reflejando, desde la óptica de una prueba masiva y estandarizada, el fracaso de nuestro sistema educativo, por más reformas bien o mal hechas que se han estado implementado desde hace algunos años. Con todo y que nuestro país ha sido cuna y refugio de brillantes pedagogos, seguimos importando modelos que ignoran nuestro contexto histórico y cultural, también pretenden pasar por alto las enormes desigualdades sociales generacionales que no favorecen tener un entorno adecuado para los cambios que se pretenden, o más bien los que serían deseables si tuviéramos un proyecto de sociedad y de país, igualitario, diverso y tolerante. Primer cambio en la mirada, ya no se habla de contenidos, de seguir poniendo el acento en la enorme cantidad de datos sin sentido que todavía contemplan nuestros planes de estudio, ya se refiere a “aprendizajes clave”, que según el INEE: «Son relevantes para la adquisición de nuevos aprendizajes en distintos campos de conocimiento. Son fundamentales para el dominio del campo curricular. Prevalecen en el tiempo con cierta independencia de los cambios curriculares.» Los puntajes se agrupan en 4 niveles, desde el más básico y notoriamente insatisfactorio para un egresado del bachillerato o preparatoria, el malo, el llamado bueno y, finalmente, el excelente. Si las expectativas de los planes de estudio se cumplieran y hablando de aprendizajes clave, todos los estudiantes que salen del nivel medio superior debieran estar en los dos niveles superiores (III y IV), sin excepción. Porque, según lo especifica la propia autoridad educativa: «Los niveles de logro son acumulativos: aquellos estudiantes que han adquirido los aprendizajes de un determinado nivel de logro poseen los del nivel previo (por ejemplo: quienes se ubican en el nivel II, ya tienen los aprendizajes del nivel I; quienes se ubican en el nivel III, poseen los del II y los del I, y así sucesivamente).» Vamos a algunas de las conclusiones, quien quiera consultar los datos pueden complementarlos en la liga electrónica señalada al principio de este texto. En los promedios nacionales, los resultados son consistentes y confiables en la evaluación de los niveles de logro para Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En los puntajes más altos aparecen los llamados bachilleratos autónomos, es decir las escuelas asociadas con las universidades públicas estatales. Lo que es una paradoja, pues son el sector educativo más golpeado presupuestalmente y más desprestigiado apelando a supuestas razones de disciplina —no llevan uniforme, el control de asistencia a clase no es tan estricto, no se penaliza o se es más tolerante con la apariencia de los estudiantes (no se les está fastidiando con lo largo o corto del cabello, con que si traen piercings o perforaciones “fuera de reglamento”, con que si se ven “extravagantes” a juicio de quién sabe quién, con el color de las calcetas, lo largo de la falda y demás), o a lo variado de su origen económico y cultural. Uno de los muchos factores que podrían ayudar a entender sus mejores resultados, es la expectativa que tienen sus estudiantes, parece lógico imaginar que, quien de inicio prefiere ingresar a un bachillerato asociado a una universidad pública es porque pretende seguir sus estudios en la misma, ya tiene un proyecto de vida que trasciende la educación media superior y en esa dirección enfoca sus esfuerzos, otro, es que el clima de tolerancia los vuelve más autónomos en sus decisiones, ya piensan por sí mismos sin tener encima una “autoridad” que les diga cómo deben verse, qué deben pensar y cómo comportarse. Para los que pagan alguna de las muy caras preparatorias, cuya finalidad principal es el lucro, no la educación, pueden conformarse con un segundo lugar, aunque no muy lejos del resto de las instituciones públicas con administración y financiamiento federal o estatal. Y hasta se puede matizar más, en matemáticas, los bachilleratos de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), tienen un promedio en el puntaje de matemáticas (515) igual al de las preparatorias particulares, aclarando que el máximo es de 800 puntos, así que están igual de mal, aunque arriba del promedio nacional. El capital económico de los estudiantes también influye, entre más acceso a bienes y servicios mejores son los puntajes, pero, los bachilleratos asociados a las universidades autónomas siguen obteniendo los mejores resultados, por arriba de las particulares que concentran a la población con mayores ingresos, así que el tipo de educación cuenta y puede borrar, en algo, las diferencias. Quienes obtienen los puntajes más bajos, prácticamente sin importar el capital económico de sus estudiantes, son los bachilleratos con administración estatal; es lógico si consideramos que a los gobernadores les interesa más utilizar a su sistema educativo como “caja chica”, como lugar dónde depositar a parientes, compadres, ahijados y demás familiares, aunque no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto directivo en ninguna parte. Continua la tendencia cultural de que las estudiantes obtienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación, y los varones en Matemáticas, la diferencia en el promedio nacional es de 20 puntos en el primer caso, y de 30 en el segundo. Hay una parte en que vale la pena acudir a la cita textual, es esta: «En Lenguaje y Comunicación, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 112 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. En Matemáticas, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 87 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. [...] Diversos autores coinciden en que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con la acumulación de bienes, servicios y recursos que se asocian a la permanencia en la escuela y al desempeño educativo de sus hijos. Además, impacta en la expectativa y el acompañamiento académico que les proporcionan, lo cual puede reflejarse en mejores resultados académicos.» Ese “capital cultural” es importante, influye de manera significativa, pero es generacional y llevará años revertirlo, lo que no se toma en cuenta a la hora de evaluar a los docentes, que tienen un trabajo cuesta arriba desde el inicio de la vida escolar de sus estudiantes. Hay otras comparaciones y conclusiones interesantes, pero se acaba el espacio, basta mencionar, otra vez, que los estudiantes queretanos obtienen el cuarto mejor promedio a nivel nacional en lenguaje y comunicación, y el tercero en matemáticas; dentro de lo malo no estamos tan peor.

NUESTRA UNIVERSIDAD PÚBLICA

Joaquín Córdova Rivas Antes de que se acabe la semana habrá definición en quién recaerá la rectoría de nuestra universidad pública, esa que es casi la única esperanza para acceder a estudios superiores para muchos queretanos cuya situación económica no es, precisamente, boyante. Pero, además, por ser pública, por tener como fuente principal de ingresos nuestros impuestos, se puede dar el lujo de responder a intereses más generales, a tener mayor margen para cuestionar las ideas y suposiciones que sustentan un sistema político y económico cada vez más depredador e injusto. A proponer soluciones que están fuera del horizonte de instituciones educativas cuya tarea principal es el lucro. Tomando como referencia los documentos uniformemente titulados: Proceso Electoral Rectoría 2018 – 2021, va una opinión a vuela pluma, muy apretada y personal. Afortunadamente, la aparición pública de este texto será después de la elección, dado que no hay intención de influir en lo más mínimo en el mismo. Siendo una institución académica, cargamos la atención hacia ese lado, además de que parece haber cierta coincidencia en el ajuste a estructura administrativa, asunto que no es menor puesto que sería la encargada de lograr que lo deseable sea posible. En ese tenor, nos ocupamos en buscar aquellos puntos que insinuaran una búsqueda o apertura a posiciones consideradas actualmente de vanguardia. Ni modo, nuestro cientificismo racionalista está en crisis, el humanismo resultó contraproducente pues al considerarnos los amos de la creación, hemos devastado el planeta a grado irreversible, poniendo en riesgo de corto plazo la sobrevivencia de nuestra especie y de todas las demás que no vacilamos en extinguir. Primera pista, la Dra. Blanca Gutiérrez Grageda anuncia una fusión de fondos cuya denominación parece indicar que se toman en cuenta esas Epistemologías del Sur que están resurgiendo como alternativa al neoliberalismo depredador actual: «Solicitaremos a Consejo Universitario la fusión de los fondos existentes (Fondo de Proyectos Especiales de Rectoría, FOPER; Fondo de Vinculación, FOVIN; Fondo de Fomento a la Investigación, FOFI) en uno solo, que busque incentivar el desarrollo de proyectos que impacten directamente en la formación de los estudiantes y en la capacidad docente. El fondo se denominará Semillas para el Bien Vivir, y estará orientado a promover la colaboración entre docentes y estudiantes en trabajos multidisciplinarios, donde dialoguen e interactúen las diversas tradiciones disciplinarias. Se trata de sentar las bases desde la ciencia, la cultura y la tecnología, para la construcción de nuevos paradigmas que nos posibiliten incidir en la mejora de vida de los sectores de la población afectados por problemáticas complejas.» Multidisciplina y nuevos paradigmas, sacudirse las inercias, buscar soluciones diferentes a problemas complejos y novedosos, habría que saber hasta dónde llega el atrevimiento. Otra pista que apunta a que se está al tanto de formas diferentes de hacer ciencia: «Se impulsará una colaboración cercana con el Centro de Estudios de la Complejidad de la UNAM, institución de vanguardia en nuestro país, para detonar proyectos de colaboración que promuevan el diálogo interinstitucional e interdisciplinario.» Hay información que debiera ser pública, la educación formal no puede seguir desvinculada de un entorno complicado, hay que salir de las cavernas de los laboratorios y cubículos, la realidad está afuera y hay que incidir en ella, cambiarla para bien de la mayoría o de las muchas minorías: «De igual manera, se promoverá la divulgación y difusión de los saberes y quehaceres universitarios como dos tareas importantes de la Universidad. [...] Daremos un importante impulso al fomento del pensamiento crítico-propositivo y a la lectura. Se creará el programa Libros e Ideas Libres, que buscará fomentar entre los universitarios la reflexión sobre las problemáticas y preocupaciones en torno al mundo contemporáneo, detonar procesos creativos, así como facilitar el acceso e intercambio de libros, ideas y todo aquello que contribuya a fortalecer el pensamiento crítico y la lectura.» Eso es importante, la lectura no es solo descifrar signos y sonidos, es recrear el mundo, construir nuevos significados, apropiarnos de la realidad de formas diferentes. Si acaso la crítica principal es que toda la propuesta viene con el freno de mano puesto, esa fetichización del consenso a toda costa no funciona, la racionalidad no se puede imponer porque le falta el otro componente, el afectivo-emotivo, somos seres sentipensantes como dice Eduardo Galeano que le dijeron ciertos pescadores colombianos. Y toda la propuesta está condicionada a un consenso imposible. Por su parte, la Dra. Teresa García Gasca se percibe como más cercana a las propuestas de la Reforma Educativa en curso en la educación básica, con sus novedades, hasta la forma de plantear las cosas se siente “tecnocrática”: «Además de la formación disciplinar, es necesario asegurar la formación integral que permita la adquisición de habilidades, competencias y valores. La enseñanza de una segunda lengua es fundamental para aumentar la competitividad en un mundo globalizado. Nuestras lenguas nativas también deben ser consideradas como criterio en la enseñanza de una segunda lengua. [...] La UAQ como Universidad Responsable y Comprometida con la Sociedad, debe contribuir a solucionar los problemas que afectan a los diferentes sectores a través de acciones de vinculación social, tecnológica, científica y cultural. Debe privilegiar la formación integral de los estudiantes, la autosuficiencia de las comunidades, el desarrollo de tecnología, la divulgación del conocimiento y la producción y la preservación de la cultura. [...] Como todo proceso, el modelo administrativo debe ser sujeto de evaluación para conocer su eficiencia y capacidad resolutiva. Es por ello que cada uno de los componentes debe pasar un proceso de evaluación, certificación y por los respectivos indicadores de calidad, tales como los sistemas ISO.» De lo más rescatable, aunque es más político que académico: «Realizar la gestión para lograr el del 3% del presupuesto estatal para Universidad.» Si mal no recuerdo, por allí hay alguna mención a la transdisciplina, pero como simple enunciado y no como recuperación del Manifiesto de Arrábida. El Dr. Arturo Castañeda Olalde va a la segura, recupera algunos de los planteamientos de documentos de la UNESCO, pero curiosamente se olvida de otros, como de la fuerte corriente de la Multidisciplina y el Pensamiento Complejo, su diagnóstico está bien, aunque ya resulta obvio: «Se pueden apuntar como rasgos de nuestro tiempo: la globalización neoliberal y su impacto en el mercado mundial, tanto como la búsqueda incesante de los pueblos por establecer gobiernos democráticos. Sin embargo, a la par que se avanza hacia la “sociedad de conocimiento”, se profundiza la desigualdad económica, la marginación social y el deterioro ambiental, hasta niveles que ponen en riesgo la viabilidad de toda la humanidad.» Bueno, se nos olvida que todas las sociedades, en su tiempo, a su modo y velocidad han sido “sociedades del conocimiento”. Después sigue una larga serie de citas de documentos de la UNESCO con los que difícilmente se puede estar en contra, y aun así hay quien los abomina, los que se resisten a los cambios, los que creen que el inmovilismo es lo mejor mientras les convenga, bueno, va una de las citas que parecen más importantes: «Hacer avanzar nuestra comprensión de problemas polifacéticos con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, así como nuestra capacidad de hacerles frente. La educación superior debería asumir el liderazgo social en materia de creación de conocimientos de alcance mundial para abordar retos mundiales, entre los que figuran la seguridad alimentaria, el cambio climático, la gestión del agua, el diálogo intercultural, las energías renovables y la salud pública” (UNESCO, 2009: 2).» Aunque luego se clava en el eficientismo, porque lo que hay que procurar es: «la generación de conocimiento socialmente útil», todavía muy en la línea de la separación entre ciencia pura o teórica y ciencia práctica, como si fuera cierta. También se casa con el rollo ese de la educación “de calidad”, sin cuestionar el fondo ideológico del concepto. La virtud del proceso de elección de Rector de nuestra Universidad pública es que permite conocer y contrastar las propuestas, allí está el acento y no en las descalificaciones, hay que cuidarlo, garantizarlo con la suficiencia académica y ética de los contendientes, apoyar siempre frente a los intereses que pretenden domesticarla, volverla el semillero de una casta política ineficiente y corrupta. Ya no estamos para eso.

INVENTANDO AMÉRICA

Joaquín Córdova Rivas Todavía en mi infancia se conmemoraba como el día del “Descubrimiento de América”, después el nombrecito cambió queriendo zafarse de una amplia corriente de repudio. “Día de la Raza”, “Encuentro de dos mundos”, pongámosle el nombre que sea, la vieja Europa tenía la necesidad de sacudirse caducas formas de pensar, a la vez que encontraba una manera de justificar el peculiar salvajismo de la conquista y colonialización, algo que permitiera el genocidio, la carencia absoluta de piedad y misericordia, cualidades tan cristianas que solo se practican cuando resulta política y religiosamente conveniente. Esa vieja Europa, necesitada de algo que revitalizara sus desgastadas utopías, al grado de necesitar construir otra que les diera sentido a años de guerras sin más pretexto que las ambiciones de monarquías con diversos grados de locura. O quizás, siguiendo la pista que sugiere Carlos Fuentes, encontrada en los escritos de Edmundo O’Gorman, América no fue “descubierta”, sino que fue “inventada” por los europeos, porque la necesitaban para sacudirse esos viejos moldes que les impedían transitar de la Edad Media al Renacimiento, hacía falta una utopía que le diera ese impulso definitorio. Ni qué decir, que esa invención de un territorio que siglos antes ya había sido “descubierto” por las diversas culturas indígenas, que ya la habitaban, y en la que habían construido verdaderas formas, diferentes a la europea, de relacionarse con su ambiente y hasta con las ciencias y el universo, tenía que pasar por un proceso de destruir o al menos “invisibilizar”, esas culturas, tan poderosas, que siglos después emergen como una alternativa, quizás tardía, a la destrucción de lo que hace que este planeta sea amigable con la especie humana. Sin embargo, esa invención de “América”, como una especie de paraíso perdido y finalmente encontrado, pasó por un largo proceso de fabricación, porque había que hacer compatible el hallazgo de esas tierras ignotas con la idea predominante de la forma y extensión de la tierra, había que comprobar que eran algo diferente a la Asia que describía Marco Polo, y que era accesible por vía marítima, dado que la ruta de la seda seguía siendo larga, peligrosa y sujeta a cambios frecuentes de dominio territorial por la guerras, invasiones y expansión de tribus guerreras, muchas desconfiadas de esos bárbaros que tenían creencias totalmente diferentes, pero destructoras para ellos. Todavía en 1500, siete años después del primer viaje de Cristóbal Colón, seguían existiendo serias dudas acerca de lo encontrado. Dejando la reputación del genovés en vilo. Ese llamado “orbis novus” por Pedro Mártir, todavía no era la necesitada y anhelada América. Hizo falta que, en 1502 Cristobal, hiciera otro viaje a la vez que Américo Vespucio hacía 4 travesías más para que, en noviembre de 1504, se vislumbrara, sin asegurar con certeza, que se estaba a la vista de algo diferente a lo propuesto y defendido por Colón. Para dar una idea de las creencias que implicaba reconocer que se encontraban ante tierras desconocidas para la cristiana Europa, O’Gorman explica que: «El pensamiento de Vespucio es bien claro si lo referimos al horizonte cultural que le presta su significación. En efecto, para él, como para cualquier contemporáneo suyo, la palabra "mundo" aludía, según ya sabemos, al orbis terrarum, a sólo la Isla de la Tierra, o sea a aquella porción del globo que comprendía a Europa, Asia y África y que le había sido asignada al hombre por Dios para que viviera en ella con exclusión de cualquier otra parte. Es así, entonces, que si a Vespucio le pareció lícito designar a los países recién explorados por él como un "nuevo mundo", es porque los concibió, según ya los había concebido hipotéticamente antes Cristóbal Colón, como uno de esos orbis alterius admitidos por los paganos, pero rechazados por los autores cristianos en cuanto que podía implicar una inaceptable y herética pluralidad de mundos.» http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libros/166.pdf ¿Cómo explicar ese “descubrimiento” sin confrontarse, momentáneamente, con los dogmas religiosos de la época? Una manera provisional fue a través de un documento: «el célebre folleto intitulado Cosmographiae Introductio, publicado en 1507 por la Academia de Saint-Dié, que incluyó la Lettera de Vespucio en traducción latina, y la no menos célebre y espectacular carta geográfica destinada a ilustrarlo, el mapamundi de Waldseemûller, también de 1507. En la Cosmographiae Introductio se dice: a) que, tradicionalmente, el orbe, es decir, la Isla de la Tierra en que se alojaba el mundo, se ha venido dividiendo en tres partes: Europa, Asia y África; b) que en vista de recientes exploraciones, ha aparecido una "cuarta parte"; c) que, como fue concebida por Vespucio, no parece que exista ningún motivo justo que impida que se la denomine Tierra de Américo, o mejor aún, América, puesto que Europa y Asia tiene nombres femeninos, y d) se aclara que esa "cuarta parte" es una isla, a diferencia de las otras tres partes que son "continentes", es decir, tierras no separadas por el mar, sino vecinas y continuas.» Tiene razón Carlos Fuentes, la “invención” de América no solo pasó por las carabelas de Cristóbal Colón, o por los viajes del resto de los navegantes españoles y portugueses, sino que también confrontó corrientes filosóficas, algunas que impedían el paso de una época histórica a otra significativamente diferente, y otras, que pregonaban la necesidad de deshacerse de formas viejas de ver al hombre y su relación con el universo. Carlos Fuentes. Espacio y Tiempo del Nuevo Mundo en descargacultura.unam.mx Mientras, nuestros pueblos originarios se enfrentaron a mecanismos desconocidos de exterminio, que nunca imaginaron.

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA Joaquín Córdova Rivas Es cierto, en un primer momento nuestros sentidos son indispensables para apropiarnos de la realidad que nos rodea. Pero, si nos quedamos allí nuestro mundo se hace chiquito, del tamaño de nuestros brazos, de lo que alcancen a tocar nuestras manos, de lo que vean nuestros ojos, de lo que huela la nariz, de lo que oigan los oídos, de lo que pruebe nuestra lengua, y aun así, nada garantiza que mi agudeza visual sea la misma de los demás, tampoco que sienta, huela, saboree o perciba las texturas igual que el resto de mis semejantes. Cada uno tiene su forma de relacionarse sensitivamente consigo mismo y con lo que tiene al alcance. Y no hay forma completa de saber lo que siente cada quien. Agreguemos una cosa más, todo lo que sentimos está mediado por nuestro cerebro, allí se concentran todas las estimulaciones sensoriales y se interpretan. Y esa interpretación también es muy personal. Aprendemos que ciertos olores son desagradables porque indican que hay cierto peligro en tocar o comer lo que nos puede dañar, pero ese aprendizaje depende de los otros, de los que nos acompañan en nuestra tierna infancia, pero lo que para algunos puede ser un contacto amoroso, para otros, eso mismo, puede ser parte de una agresión mayor; lo que alcanzamos a ver tiene también sus efectos, para algunos será arte, para otros simples trazos al azar; hay quien se deleita con un buen vino tinto, otros que no aprecian una bebida de otra, y así podemos seguir con el resto de los sentidos, y aun así faltarían los interoceptivos, esos que nos avisan cómo nos sentimos o en qué posición y distancia estamos con respecto al suelo, o los que cuidan nuestros pasos y equilibrio, o los que sienten las lejanas miradas. Pero no nos conformamos con eso, para salirnos de la limitada cercanía sensitiva inventamos los conceptos, las palabras, el lenguaje. Y entonces, como dicen los clásicos, nuestro mundo, el de cada uno, es del tamaño de ese lenguaje, porque nos apropiamos de lo que nombramos, lo que no tiene nombre para mí, no es parte de mi mundo. Aprendemos a amar y a odiar, a vengarnos o a perdonar, encelarnos o confiar, a pensar y creer que en colectivo podemos vivir mejor, o, al contrario, que el individuo está por encima de todas las cosas y que su libertad vale más que el bienestar de todos, por eso nos agrupamos alrededor de ideologías, de formas de ver e interpretar lo que somos y queremos ser. Por eso, predicar que las diferencias ideológicas ya se sobrepasaron, que ya no existen, que no son necesarias, solo sirve para legitimar e imponer el estado actual de las cosas, fomentar el inmovilismo, el conformismo como bandera social. Así, el discurso del engaño se instala y se normaliza, como muchas cosas indeseables en nuestras vidas. Parece que todos queremos lo mismo, pero la forma de lograrlo puede hacerlo posible o imposible, puede facilitarlo o eternizarlo con las consecuencias sociales —pobreza, muertes por abandono y enfermedad, simple sobrevivencia en lugar de una vida digna— que todos, bueno, casi todos, vemos. No, no es lo mismo la izquierda que la derecha. No es lo mismo establecer políticas sociales para distribuir la riqueza que producimos todos, a creer que hay que concentrar la riqueza en pocas manos para después distribuirla —lo que nunca ocurre, pero es que hay que tenerles paciencia—. No es igual promover y reconocer los derechos de todos, incluso los de las llamadas minorías, que imponer, por la coerción y fuerza del Estado, lo que piensa y cree un pequeño grupo de iluminados que expropia la capacidad de pensar que tenemos todos, disque por nuestro bien, o un hipotético “bien común” que curiosamente nunca se alcanza. Hasta llegamos a justificar políticas de combate a la pobreza que producen más pobres, perdonar deudas fiscales de grandes corporativos que tienen dueños específicos, y ahorcar a los miserables contribuyentes cautivos quienes además “gozan” de salarios miserables y cada vez menos derechos laborales. Pregunta impertinente: ¿por qué las fundaciones de los ricos esperan a que se les done para ellos donar a los damnificados de los desastres naturales, no podrían hacerlo y ya? ¿o es que así duplican sus deducciones fiscales? Pruebe su ideología. Hay maneras diferentes de interpretar la realidad. Nos arrojan el anzuelo de “renunciar” al dinero de las campañas electorales, a cambio de retroceder unas décadas en la representación política equilibrada, que se logra, o al menos se hace posible, con las posiciones plurinominales. Regresar a que la minoría menos pequeña se lleve todo, beneficia al voto duro, corporativo, comprado, que ya sabemos quién tiene. Mientras, las consecuencias de la corrupción aparecen en nuestras carreteras, libramientos viales, calles y edificios mal construidos, nos quieren cambiar unos hipotéticos 9 mil millones de pesos para la reconstrucción del país, que requiere de todo lo que se han robado, a cambio de que nos olvidemos que uno solo de sus gobernadores “desvió” 35 mil millones, buen negocio. Pero habría que olvidarse de los 3 años del crimen impune de Ayotzinapa, de Tlataya, de las redes de trata que cruzan nuestros territorios, de chupaductos y huachicoleros, del acoso y espionaje a dirigentes sociales que buscan desenmarañar las redes de corrupción que invaden todo, de los periodistas que investigan y encuentran lo que otros quieren mantener oculto e impune. La reconstrucción no requiere solo de dinero, que también buscarán “desviar” a sus bolsillos y cuentas bancarias, también de coraje, impaciencia, organización y resultados.

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA MANCHA Y LA PUREZA

Joaquín Córdova Rivas Estamos obsesionados con el orden, con inculcar una disciplina que forje al carácter, con educar para imponer principios y virtudes que niegan parte de nuestra naturaleza, con encontrar lo simple en medio del caos que nos rodea. Pero la realidad parece que no es así, que no se domestica a nuestro deseos y afanes de sobrevivencia, que la complejidad está por encima de nuestro entendimiento, que lo simple es una ilusión pasajera. Diferenciar el bien del mal puede que no sea tan fácil como parece, aunque llevemos milenios intentándolo; desde diferentes aproximaciones tratamos de convencernos de que lo que es, y lo que debe ser, puede ser separado sin trauma alguno. Pero no todo es como queremos hacerlo parecer. En una provocadora reseña de Fernando García Ramírez se focaliza el origen del problema: «Desde su panóptico, Hans Magnus Enzensberger observa todo. Se pregunta por las cosas de las que no solemos ocuparnos. Entre ellas, la mancha. “¿Por qué los filósofos han omitido el problema de la mancha?” Basta con que dejemos algo a la intemperie para que se manche. Salimos de casa limpios por la mañana y por la tarde regresamos cubiertos de manchas. Salimos de la juventud impoluta al mundo, y la vejez nos va imponiendo manchas en el rostro y en las manos. ¿De dónde salieron? La realidad ensucia. El tiempo mancha. Hacemos todo lo posible para quitárnoslas, pero es inútil. Gastamos mucho dinero y esfuerzo en tratar de borrar las manchas de la ropa, en limpiar el cuerpo con jabones y afeites; en trapear el piso y fregar los trastos, en lavar el carro y barrer las calles. Todo esto es muy extraño porque en la naturaleza no existe la pureza. “La normalidad –señala Enzensberger– significa mezcla, desorden, desbarajuste, polución, cohabitación, metabolismo, mixtura.” Y sin embargo, en vano limpiamos, tallamos, pulimos sin cesar: puntual, la mancha reaparece siempre. En el mundo se emplean al año veintidós millones de toneladas de detergentes. Nuestro afán permanente de limpieza ensucia el mundo. Esas toneladas de limpiadores terminan en el mar. No nos importa. No nos damos cuenta, como apuntó Philip Roth en su novela, de que la mancha es humana. Como Lady Macbeth, nos lavamos interminablemente las manos porque no soportamos las manchas de sangre, en nuestro caso, de los animales que nos comemos, de la grasa con la que los freímos, de la mierda que nos limpiamos.» Fernando García Ramírez 16 Julio 2017 http://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-dificultad-explicar-lo-normal Paro hay de manchas a manchas. Exhibimos la corrupción y a los corruptos, cuando se descuidan y se quedan sin parte de la protección que los multiplica, creemos que eso será suficiente como represalia y castigo, desnudamos esa mancha que afea su humanidad y la sometemos al escarnio público, pero si el filósofo alemán tiene razón, quizás nos identifiquemos con el corrupto, secretamente lo justifiquemos —“está mal pero yo habría hecho lo mismo”, “el que esté libre de corrupción que tire el primer fajo de billetes”—, y en el extremo, hasta lleguemos a envidiarlo. «Lavamos y limpiamos porque, como ningún otro ser en el planeta, aspiramos a la pureza. A vivir sin mácula. Para eso sirve la religión, para lavar el pecado a través de la confesión, comunión, expiación, sacrificio. Para eso sirven las leyes: para mostrarnos qué mancha y qué no. El problema con la obsesión de limpieza, más allá de la contaminación que genera, se da cuando “trasciende el ámbito privado y se convierte en la idea fija de un colectivo”. El afán de limpieza colectiva señala y condena al que le parece sucio, manchado, oscuro, pecador, de sangre impura. “Es en la limpieza de justificaciones éticas o ideológicas donde el lavado obsesivo muda en genocidio”, sentencia y advierte el pensador alemán.» Claro que no hablamos de esas manchas que discriminan al que nos parece extraño a nosotros, por el miedo de reconocernos en él. Hablamos de los malos, los que atentan contra un orden que suponemos sirve para reforzar nuestra pacífica y equitativa convivencia. Sabemos que, si alguien abusa de un poder que no le es propio, atenta de alguna manera contra todos. Ese que se mancha voluntariamente, que se mete en el fangal moral o ético puede salpicarnos a todos, más si nos percatamos que los límites de la pocilga no están tan definidos como creemos. Con todas nuestras dudas, con las manchas que aparecen sin cesar ni dar tregua a nuestros afanes de pureza, sin negar lo que somos y aspirando a lo que podemos ser, vale la pena señalar y castigar a los que ensucian esta humanidad eternamente incompleta. «El mundo es una mancha, sí. El caos siempre vence, las dudas son interminables, los sistemas complejos son imprevisibles, los engranajes nunca son perfectos porque los perturba la gente, ningún pueblo es el elegido de Dios, los ideales de la Ilustración han perdido su razón de ser. Todo esto es cierto, pero estamos aquí y hay que disfrutarlo. “La verdad debe ser buscada por todos”, dice Enzensberger.»