viernes, 26 de mayo de 2017

EL ESTADO QUE DEJÓ DE EXISTIR

Mis neuronas no lo registran, por más que busco alguna conexión que encuentre una década de mi vida sin la palabra “crisis” en todas aparece, quizás un poco difusa en la primera si nos referimos únicamente a la económica, pero si ampliamos el rango a lo político ni por donde escaparse, allí está el 68 mexicano, poco entendido en su momento por el papel lacayuno de los medios de comunicación, pero persistente y con la suficiente fuerza para poder ser reflexionado e indagado posteriormente. Hay crisis que parece que duran poco y otras que se extienden eternamente, algunas que no se diferencian claramente porque se superponen, se mezclan, se enredan como queso oaxaqueño o charamusca guanajuatense. En las tres décadas más recientes nos hemos pasado parte de nuestra vida —y ahora sí abro la experiencia a toda mi generación—, tratando de explicar qué pasa con este riquísimo y diverso país, y una casta política —incluyendo empresarios, líderes religiosos y criminales desembozados— que se empeña en destruirlo. Que si es la transición a la democracia, que si es una democracia pasmada, que si es un estado fallido, que si es una democracia neoliberal a lo bestia, que si es... lo que sea menos democracia. Como muchos, el académico y analista Lorenzo Meyer ya se cansó de hipótesis fallidas y parece que tocó fondo, en su columna Agenda Ciudadana, en el diario Reforma del 18 de mayo pasado escribe: «Para una escuela de pensamiento, el Estado es una construcción ideológica que pretende que hay un ente político que está por encima de intereses particulares para defender el general pero que, en la práctica, es una máscara que encubre lo que realmente está fallando: los arreglos políticos entre facciones, intereses e instituciones y que nunca han tenido como meta el "interés general" sino apenas mantener la estabilidad y legitimidad de un arreglo que beneficia a unos más que a otros.» De veras, uno creería que el conjunto de instituciones que se mantienen con nuestros impuestos existe para detectar necesidades y resolver los problemas que nos afectan a todos: nuestra salud, seguridad, educación, trabajo digno y salario remunerador, alimentación, cultura, vivienda, vialidad, descanso, lo que tenga que ver con una vida digna y el disfrute de todos los derechos humanos. Pero en México eso está en proceso de desmantelamiento o de plano dejó de existir. «Todos los grupos en control de algunas de las diferentes partes del aparato gubernamental —Presidencia, secretarías de Estado, gubernaturas, municipios, etcétera— y en alianza con intereses privados, incluyendo al crimen organizado, se han lanzado a extraer el máximo de recursos en el menor tiempo posible sin importar el daño que causen al equilibrio histórico —siempre precario— entre clases, regiones, intereses y grupos. [...] el Estado no existe. Lo que ha fallado y de manera dramática no es ese ente fantasmagórico sino la capacidad de la clase dirigente y sus instituciones para autolimitarse, para moderar su desenfreno en la extracción de riqueza. De continuar por ese camino de corrupción, ineptitud, violencia y desigualdad, México, como nación, seguirá perdiendo sentido.» Y esa pérdida de sentido se está acelerando a ojos vista, allí están los procesos electorales, señaladamente el del Estado de México, con su cauda descarada de compra de votos y la intervención de todo el gabinete presidencial y los intereses corruptores que lo acompañan, y parece algo normal o lógico, tanto, que nadie se atreve a declarar que eso ya no sirve, que es un fruto envenenado que podemos negarnos a tragar. Dicen los que saben, que los partidos políticos buscan lo mismo por diferentes caminos, ese “interés general” que menciona Lorenzo Meyer. Como existen diversas formas de interpretar la realidad y de intervenir en ella para cambiarla, o intentar mantenerla si a algunos les conviene, los ciudadanos se organizarán, o simpatizarán y/o votarán por el partido que juzguen tiene la versión más acertada, que coincide con sus intereses para señalar cuál es, en ese momento, el “interés general”. Por eso hay propuestas que son contrarias entre sí, por eso existe la separación entre izquierda y derecha, entre liberales y conservadores, entre demócratas y autoritarios, entre revolucionarios y reformistas, eso es lo que le da sentido a que se reconozca la existencia de partidos políticos diferentes. Y por eso también, sabemos que es un engaño cuando partidos con propuestas o plataformas electorales radicalmente distintas plantean una alianza, coalición, o candidatura común; porque están vendiendo algo que en la realidad no existe: un alebrije político. Lo que sí hacen es contribuir a esa crisis de inexistencia de un Estado que debiera estar allí porque es necesario. Desvelan sus muy particulares intereses y el crónico valemadrismo por ese “interés general”. Dos muestras más, opuestas pero que apuntan en la misma dirección, la boda de la hija del casi eterno líder petrolero Romero Deschamps, con la presencia y participación de priistas, panistas, perredistas y disque independientes, se supone que todos aborrecen la corrupción, el latrocinio, el corporativismo que secuestra las voluntades y conciencias, pero allí estaban como lo que son, la misma casta política autocelebrándose. La otra, la salida de un grupo importante de organizaciones no gubernamentales que reniegan de pertenecer a un mecanismo que trabaja, junto con instancias oficiales, señaladamente la presidencia de la república, en contra de la corrupción y por la transparencia. Misión imposible con los que no entienden que no entienden.

sábado, 20 de mayo de 2017

YA BASTA

Joaquín Córdova Rivas “Si el narco tiene este poderío, es porque el Gobierno lo ha permitido, o porque está sometido, porque no está o porque es cómplice". Javier Valdez. Periodista asesinado el 15 de mayo en Culiacán, Sinaloa. Con el ejército en las calles, en las avenidas, en las carreteras, acudiendo a lugares públicos donde las autoridades civiles terminan por dejar hacer porque no les interesa la seguridad, ni la legalidad, ni resolver problema alguno, solo clavados en saber quién puede ser el más corrupto, quién compra lealtades perversas mientras dura la conveniencia, quiénes se tapan unos con otros para protegerse entre todos. Quien denuncie o intente informar o hacer algo, queda en el blanco de los grupos criminales que no dudan en deshacerse de ellos, lo mismo si es el crimen organizado o los funcionarios corruptos que les dan información, protección, complicidad y tolerancia. Caen periodistas y activistas de todo tipo, todos les estorban, a todos los quisieran eliminar. Acudiendo a la memoria, conviene traer a cuento las advertencias que los demócratas norteamericanos enviaron, con creciente frecuencia, a la casta política mexicana antes de las elecciones internas presidenciales de ese país. Tanto Hillary Clinton como la actual embajadora Roberta Jacobs, aprovechaban conferencias de prensa o clases magistrales en diversas universidades para manifestar su alarma ante la creciente y descarada corrupción de nuestros políticos. Si bien el capitalismo neoliberal es tolerante ante la corrupción que le conviene, en exceso deslegitima esa concentración de la riqueza producto del mal llamado libre mercado. El capitalismo de compinches —donde unos cuantos allegados al centro de poder político son los beneficiarios exclusivos de privatizaciones, de concesiones amañadas, de privilegios fiscales, de una legalidad tramposa y hecha a la medida—, choca de frente, pero no lo hace mejor, al capitalismo donde los más grandes simplemente se tragan a los más chicos. Vamos, para estos últimos, la corrupción excesiva cambia las reglas del juego a un grado que ya no pueden tolerar, porque son desplazados por unos cuantos sinvergüenzas que no pertenecen, ni serán aceptados nunca, en su élite. Por eso el círculo peñista se apresuró a intervenir descaradamente —no lo saben hacer de otra manera—, en las elecciones del vecino del norte tratando a su candidato preferido, el señor Trump, como presidenciable, esperando que la persecución en su contra se detuviera tantito, pero la maquinaria ya estaba echada a andar, y aprovechando que desde sus bancos los egresados del nuevo PRI mueven sus cuentas a otras partes del mundo —Mónaco, Islas Cayman, España, Suiza y demás—, les están cayendo dejándolos a la vista de todos. No están, los norteamericanos, haciendo justicia, ni les interesa la ética o la honestidad, simplemente se están vengando de las “bad hombres” que les hacen trampa. Dicen que las elecciones del Estado de México serán la antesala de las presidenciales del 2018, que los partidos, candidatos, medios de comunicación y grupos de interés están probando límites y su capacidad de movilización y/o compra de votos, pero se les olvida el verdadero protagonista de la historia que también los está observando y probando: la ciudadanía desesperada por un cambio. Si las elecciones locales de este 2017 muestran que la vía electoral no es transitable para arreglar lo descompuesto, esperar que haya alguna esperanza para el 2018 no será creíble, y habrá que explorar otras formas. Por eso la urgencia de algunos para legitimar el estado de excepción que ya vivimos cotidianamente y que no quieren invocar abiertamente. Legalizar el actuar de las fuerzas armadas —ejército y armada—, en las calles, sería su única posibilidad de frenar violentamente cualquier intento de salirse de esa legalidad electoral tramposa. Sería su última carta y están dispuestos a jugársela el todo por el todo. Otra de maestros, pero de Media Superior —prepas y bachilleratos—, porque siempre se habla de educación básica. No se trataba de oponerse nada más por llevar la contraria, con todo y las evaluaciones de la pareja SEP-INEE los profes queretanos están en el sexto lugar de los estados con menos porcentaje de los calificados como “insuficientes” con un 11.6 por ciento, mientras la media nacional es de 17.7. Apenas nos superan con menos “insuficientes” —en porcentaje—, los estados de Quintana Roo, Hidalgo, México, Chihuahua y Campeche. Habría que considerar que los datos publicados por el Servicio Profesional Docente son confusos ya que varían de una tabla a otra y entre gráficas que supuestamente establecen las mismas comparaciones, pero según las cifras disponibles los maestros queretanos de Media Superior lograron en un 19.83 por ciento ser evaluados con los conocimientos y habilidades “suficientes” para tener su materia frente a grupo. El 41.74 se ubica como “bueno”, el 5.79 como “destacado” y el 7.85 como excelente. Los que de plano no se presentaron a ser evaluados por diversas causas, principalmente por no estar de acuerdo con el proceso y la reforma educativa, aunque muchos de los que sí se presentaron tampoco estaban conformes con ello, fue el 13.22, de los más altos después de Michoacán, Chiapas y Guerrero. Así están las cosas.

NO ES LO MISMO

Joaquín Córdova Rivas Cuando algo marcha mal en el proceso de ser cada vez mejores seres humanos, cuando parece que nos hundimos en el fango de la corrupción, de la intolerancia, del individualismo y de la incompetencia, aparece la tabla salvadora de la educación como la mejor alternativa para curarnos de esos y otros males. Ahora que los avances tecnológicos amenazan con volvernos obsoletos, en que la tecnobiología presume saber de lo humano más que nosotros mismos, la singularidad sentimental y emotiva, las infinitas posibilidades de relacionarnos con los otros, nos saca de sus omnipotentes algoritmos y reivindica que somos mucho más que la simple suma e interconexión de células, neuronas, órganos o lo que sea. Sabemos que somos mucho más que la simple acumulación de experiencias, habilidades o técnicas, que ser humanos escapa a las determinaciones de cualquier ciencia. “El hombre llega a serlo a través del aprendizaje. Pero ese aprendizaje humanizador tiene un rasgo distintivo que es lo que más cuenta de él. Si el hombre fuese solamente un animal que aprende, podría bastarle aprender de su propia experiencia y del trato con las cosas. Sería un proceso muy largo que obligaría a cada ser humano a empezar prácticamente desde cero, pero en todo caso no hay nada imposible en ello. De hecho, buena parte de nuestros conocimientos más elementales los adquirimos de esa forma, a base de frotarnos grata o dolorosamente con las realidades del mundo que nos rodea. Pero si no tuviésemos otro modo de aprendizaje, aunque quizá lográramos sobrevivir físicamente todavía nos iba a faltar lo que de específicamente humanizador tiene el proceso educativo. Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos. Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos «cultura» sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias.” Fernando Savater, El Valor de Educar. https://www.ivanillich.org.mx/Conversar-educar.pdf Los tecnócratas sueñan con un mundo donde la educación escape de casi cualquier presencia humana —individual o colectiva—, para ellos lo ideal es que cada individuo, conectado al ciberespacio con el cordón umbilical de una computadora, Tablet, o cualquiera de estos artilugios, siendo diagnosticado su “estilo” ideal de aprendizaje, teniendo guardado en poderosas bases de datos sus “preferencias” y las necesidades de los mercados globales, sea “educado” de la manera más conveniente ¿para quién? Y entonces deshacerse de los molestos profesores que, como todo humano está sujeto a contingencias que algunos ven como comportamientos indeseables: se enferman, quieren que se reconozca su labor, se organizan para defender sus intereses, opinan y quieren que se les considere al momento de tomar decisiones sobre lo que hacen o pueden hacer, se solidarizan y empatizan con los niños y jóvenes con quienes conviven cotidianamente, no pueden ser indiferentes y dejar pasar lo que les parece malo o criticable. Pero es que adiestramiento y educación no son lo mismo. “Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento. De todas estas creencias optimistas puede uno muy bien descreer en privado, pero en cuanto intenta educar o entender en qué consiste la educación no queda más remedio que aceptarlas. Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla... y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros.” Ya lo tratamos en otro texto, no cualquiera puede y debe dedicarse a educar. Al contrario de los que no saben de qué va el asunto, la actividad educadora “formal” —para diferenciarla de todas las demás—, no puede medirse por las horas frente a un grupo de estudiantes, tampoco se puede igualar —ahora le dicen homologar— a cualquier otra actividad laboral, no es solo cuestión de tener los conocimientos básicos en varias disciplinas y saberlos relacionar conociendo sus interacciones, también es de actitud, de interesarse por los otros más allá de los números que marcan asistencias, calificaciones, es más que acreditar que se lograron desarrollar conocimientos, que se arraigaron valores, que se está éticamente comprometido con todo y con todos, es —y vale la pena repetirlo— lograr ser mejores seres humanos y eso ningún algoritmo lo puede hacer. Coincido con Fernando Savater: “Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra «valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo e impotencia y por eso la profesión de maestro —en el más amplio sentido del noble término, en el más humilde también— es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a depresiones, a desalentada fatiga acompañada por la sensación de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada.”

NIÑOS EN CRISIS

Joaquín Córdova Rivas No votan, no marchan porque no es su manera de expresarse, pocas veces se les considera para consultarles su opinión, de hecho, infantia “no significa puramente en latín «incapacidad de hablar», puesto que el verbo fari no es simplemente «hablar», sino hablar o expresarse en público, o si se quiere, expresarse de una manera inteligible para otros”. Por lo cual se considera a la infancia como el periodo de tiempo entre el nacimiento y los 7 años, porque a esa edad los niños “comenzaban a acudir a los ludus o escuela de primeras letras, y empieza a tener una expresión pública”. http://etimologias.dechile.net/?infancia Por adjudicarles esa incapacidad de no poder hablar, o de que no se les entiende lo que pueden expresar, los adultos lo hacemos por ellos, o al menos eso queremos hacernos creer. Y entonces el llamado día del niño (y de la niña, por si hace falta aclararlo) es uno en el año, debe ser el 30 de abril y “celebrarse” dándoles dulces, comida chatarra o algún regalo para irlos convirtiendo en consumidores de cosas que ni necesitan, y eso si bien les va. Pero cualquier fecha sirve para repasar la situación de esos infantes mexicanos, que solo están en crisis en las mentes malvadas de los adultos que no creemos en la propaganda oficial. Evitando caer en el fetiche comercial, UNICEF México presentó el 3 de mayo de este año, su Informe Anual 2016, en el apartado inicial con el título “Una oportunidad justa en la vida”, señala que «En México, un tercio de la población —unos 40 millones de personas—, son niños, niñas y adolescentes, de los cuales 21 millones (el 54%) viven en condiciones de pobreza y 1.5 millones sufren desnutrición crónica.» Los números puede que pasen desapercibidos en nuestra mente apabullada cotidianamente por cifras que parecen absurdas si no fueran ciertas, pero saber que más de la mitad de nuestros niños viven en pobreza, contrasta con la campaña oficial que nos quiere convencer que estamos cada día mejor, y que señalar cosas como estas es por ganas de llevar la contraria. Saber que, con todo y la millonada que supuestamente se gasta en programas sociales, en mantener nuestra moneda en niveles “aceptables”, que a pesar de las bondades de las reformas estructurales, que nos están llevando directo al paraíso, tenemos un millón y medio de infantes en desnutrición crónica, constituye un golpe al ego público nacional y un desmentido a los economistas que se desgañitan en los noticieros preguntando “¿cuál crisis?” Muy en su papel, UNICEF presenta las acciones que realiza para disminuir o intentar acabar con esa absurda realidad, nada digna de la decimosegunda economía del mundo. Si alguien quiere saber de esos afanes, convencerse de que hay que hacer algo, o por lo menos convertirse en donador si el tiempo no le alcanza para contribuir de otra manera, puede entrar al sitio www.unicef.org.mx o en http://bit.ly/2ptXJle En el apartado llamado “Protección Integral de Derechos” se menciona que «En México, 6 de cada 10 niños han vivido algún tipo de violencia en el hogar, y la mitad de las y los adolescentes del país, han sufrido algún tipo de agresión psicológica.» Como era de esperarse en un país que padece de una espiral de violencia, el contexto de desarrollo infantil necesariamente refleja sus efectos; ese ambiente de supuesta guerra contra el narcotráfico que se desarrolla en nuestras calles y espacios públicos, y no en las cuentas bancarias de los cárteles y de nuestros corruptos gobernantes, permea los espacios más íntimos, y los niños también son víctimas en ese contexto familiar que debería protegerlos y garantizarles derechos para su desarrollo adecuado. Hay que mencionar que los datos corresponden a cifras oficiales, principalmente de la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el INEGI. Tanto que se habla de la supuesta Reforma Educativa y no hemos podido cumplir con lo más básico. En lo correspondiente a Educación de Calidad para Todos, encontramos que: «En México, más de 4 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera de la escuela. Además, más de 600 mil podrían dejarla si no se crean estrategias para evitarlo.» Esto ya lo conocíamos, cada año más de medio millón de niños y jóvenes mexicanos son abandonados por un sistema educativo que cuida más la disciplina y las formas, que en promover algo tan indispensable y barato como la lectura, y es que leer nos vuelve reflexivos y críticos, y eso a nuestro gobierno no le conviene, no podría comprar votos, ni indigestarnos con su verdad histórica, ni convencernos que la crisis habita en nuestra mente y no en la realidad del día a día. ¿Cuál es el presente y el futuro de esos 4 millones que ni siquiera están en la escuela? Hay que romper con esa definición etimológica de infancia, que más parece condena, organizaciones especializadas en trabajar con este segmento de la población lo tienen bien claro: «Contar con las voces de las y los niños y adolescentes es fundamental para guiar las políticas que tienen impacto en sus vidas, por ello UNICEF apoyó la creación de una Guía nacional sobre participación infantil y realizó foros de participación infantil en Ciudad de México, Coahuila, Guerrero, Nuevo León y Sonora.» Hay que realizar foros de esos en nuestras escuelas queretanas, bien hechos, sin la intención de manipular sus efectos y resultados, con la asesoría y vigilancia de quienes saben hacerlos. Como bien dijo Christian Skoog, representante en México de esta organización: “La visión de UNICEF para los próximos años es un mundo en el que nuestro trabajo ya no sea necesario, un mundo en el que cada niño esté sano, seguro, educado, atendido y protegido. Por ello, cada año continuamos redoblando esfuerzos, para trazar nuevos caminos que permitan colocar en la agenda nacional a la niñez en condiciones más vulnerables.” En eso debemos coincidir todos.

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS?

Joaquín Córdova Rivas Debe haber algo que le dé sentido a la vida, no como simple proceso biológico de nacer, crecer, reproducirse y morir; sino a la existencia de cada uno, que le otorgue significado a los afanes diarios, a levantarse de la cama, ir a la escuela o al trabajo, enfrentarse a los problemas cotidianos y excepcionales, a sentirse satisfecho ante la certeza de morir en cualquier momento. Algunas culturas pregonan la búsqueda de la felicidad, otras el estar en paz con uno mismo y con los demás. El “humanismo”, que quizás tenga mucho de egoísmo, nos proclamó la especie superior en un planeta que parecía inagotable, resistente a todo intento por destruirlo incluidas el resto de las especies no humanas. Pero topamos con que todos estamos relacionados y dependemos de los demás, hasta de los que no identificamos con un colectivo y vaporoso “nosotros”. Entre más trepados en la escala social, política o económica, más daño podemos hacer. Por eso son notorios los casos de grandes empresarios, de presidentes, secretarios de estado, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, que se corrompen, que se “echan a perder”, que se pudren y degradan a los que están a su alrededor. Los grandes ladrones, esos que han sido tan desvergonzados y estúpidos como para ser detectados por una sociedad harta de sus abusos, sin contar todavía a los que nadan de muertito para no llamar la atención, no son monstruos excepcionales, tampoco personajes de gran inteligencia y valentía, apenas son más corrientes y comunes que todos los demás. ¿De qué están hechos? Caigamos en la provocación y personalicemos. ¿Cómo un niño gordito y de voz chillona se convirtió, antes de los 40 años, en otro de los saqueadores —porque los anteriores y el que le sigue tampoco deslumbran por honestos— de uno de los estados más ricos en recursos de todo tipo, pero con una población muy pobre? ¿Sus mayores —padres, abuelos, tíos, profesores— lo maltrataban, se burlaban de él, o le cumplían todos sus caprichos aunque nada se mereciera? ¿Nadie lo previno de que por muchas casas, ranchos, departamentos de lujo tuviera, su cuerpecito solo haría posible que disfrutara —es un decir— uno a la vez? ¿Alguien hizo el favor de decirle que aunque comprara muchas chucherías caras solo podría utilizar una cantidad limitada sin poder cargárselas todas para presumirlas? ¿Alguna alma caritativa, que lo quisiera un poquito, le advirtió que sus corruptelas dañarían irremediablemente la vida de otros y que lo convertirían en un personaje repudiado, digno de burla y odio, parapeto para proteger a muchos otros que han hecho y hacen los mismo que él? La atención mediática ha sigo intensa, mucho más que la de la “justicia” enlodada que se presta a negociaciones nada éticas. Ya le pasó al hijo de Pablo Escobar Gaviria, por mencionar un caso, quien a pesar de cambiarse de nombre, vivir fuera de su país, las acciones de su padre lo alcanzaron desde muy joven y se ha convertido en activista en favor de los principios y valores que su padre desdeñó, teniendo que asumir algunos de los costos de los daños provocados. ¿Para qué arriesgar a los descendientes directos a un proceso similar o más cruel? No es lo mismo ser hijo de fulano de tal, o de cualquiera que quizás no haya destacado en algo más que en ser congruente, amoroso, solidario y honesto, que llevar el apellido por línea directa de alguien que simboliza la corrupción, el agandalle y concentra el repudio social. ¿En eso los corruptos tampoco piensan? Los miles de millones de pesos robados, “desviados” como dicen los cronistas oficiales, no son solo billetes, representan obras sociales que no se hicieron —hospitales, médicos, enfermeras, equipamientos y medicamentos suficientes para que no enfermen y mueran seres humanos; también escuelas, mejores maestros, más libros, menos ignorancia; más autopistas y carreteras para acercar los productos, para detonar el crecimiento de regiones pobres y apartadas; más cultura para saber disfrutar de la vida—. En lugar de eso lo “logros” quedan en más muertes, más fosas clandestinas, más mujeres violentadas, más pobreza y desesperanza, más enfermedad e ignorancia; menos prensa y opinión pública y más periodistas asesinados; más inseguridad y delincuencia. No nos perdamos en los números, en los miles de millones de pesos que no hay cómo gastárselos porque no se puede transar con la muerte, con el repudio de los demás, no se pueden comprar tantas conciencias como para que sirvan de escenografía a una felicidad hueca y estúpida, sus corruptelas —ahora sí en plural—, atentan contra la calidad de vida de todos, y eso no se los podemos permitir.

HACER LLOVER EN EL DESIERTO

Joaquín Córdova Rivas Hay generaciones que acarician sus utopías, que sienten que las tienen al alcance de la mano y se empeñan en vivir de acuerdo con las mismas, hay otras que simplemente renuncian a sus sueños y se van al carajo. Nuestra llamada “generación del 68” ha sido la última de las primeras que mencionamos, al menos algunos de sus dirigentes más conocidos lo fueron por ser congruentes, por hacer y decir lo que pensaban y deseaban para ellos y para todos, por eso conviene recordar —que, como decía Eduardo Galeano, es volver a pasar por el corazón— que el 5 de abril de hace veinte años, moría, a los 68 años de edad, el ingeniero Heberto Castillo Martínez, inventor, dirigente magisterial universitario, catedrático de la UNAM, creador, junto con personajes destacados como Carlos Fuentes, Luis Villoro, Octavio Paz, Demetrio Vallejo, Eduardo Valle “el Búho” y otros dirigentes del movimiento estudiantil del 68, el Partido Mexicano de los Trabajadores. Algunos persistieron toda su vida en tratar de organizar una fuerza política que se opusiera a las trapacerías del PRI y del sistema de complicidades que le dan origen y razón de ser. Heberto lo hizo desde la academia, a nivel de calle —durmiendo en el piso de plazas o centrales de autobuses cuando no había todavía simpatizantes que cedieran un espacio en algún cuarto o aula de escuela—, con su participación como articulista en diversos medios de comunicación, en el Congreso desde la tribuna o la comisión de ciencia y tecnología que se fundara por su insistencia, o como integrante de la Comisión de Concordia y Pacificación que se integrara para conocer y proponer sobre la rebelión zapatista de 1994. Inventó la tridilosa: «Su objetivo era utilizar la menor cantidad de material posible para la construcción de losas. Al conjuntar un racionado diseño de construcción con estructuras tridimensionales de acero y concreto, ahorró un aproximado de 66% de material que se utilizaba para rellenar las losas. Sólo recubrió de cemento la zona de tensión y la capa superior de las losas obteniendo la misma resistencia, pero más barata y ligera.» «La tridilosa sirve no sólo para hacer techos y puentes ultralivianos, sino también muelles flotantes y hasta pangas, como las 40 que navegan desde hace años en Campeche. En Nicaragua, Heberto Castillo construyó un puente por el que pasan camiones y que, sin embargo, puede ser levantado por dos hombres, uno a cada extremo.» «La invención fue utilizada en más de 200 puentes en México, en el World Trade Center del Distrito Federal, la Torre Chapultepec, Centro Médico Siglo XXI, Plaza Cuauhtémoc, Plaza Tabasco 2000, Hotel Morelia Misión y en el edificio Biosfera 2 (Arizona, EE. UU.). En México hay casi un millón de metros cuadrados construidos con el invento de Heberto Castillo, según datos del Colegio de Ingenieros Arquitectos del Estado de Hidalgo.» http://conacytprensa.mx/index.php/anecdotas-cientificas/473-heberto-castillo-martinez-la-tridilosa-y-un-camion-de-50-toneladas La muerte lo sorprendió imaginando y trabajando por un país diferente, así se opuso con argumentos técnicos a la falsa separación entre petroquímica básica y secundaria, introducida mañosamente en la constitución para permitir las privatizaciones y el debilitamiento de PEMEX, a la vez que exhibía a su corrupta dirigencia sindical: «el debate sobre cuáles productos deben ser considerados petroquímicos básicos y cuáles secundarios, es un debate falso. La decisión “técnica” depende del criterio político-económico del presidente de la República en turno. Es natural, entonces, que en una era de gobiernos privatizados o neoliberales, no haya productos básicos y se llegue al absurdo de considerar petroquímicos a las materias primas. Es equivalente a considerar como muebles a los árboles y como edificios al acero, el cemento, la arena y la grava. El debate que no dieron los diputados y que debe darse en el Senado y en el país es si la privatización de 49 de las plantas petroquímicas existentes y de 100 en las que pueden establecerse en el futuro lastiman o no la soberanía nacional.» http://web.archive.org/web/20160730062447/http://heberto.org/Contenido/PDF/Petroquimica%20y%20soberania.pdf Sostenía que el petróleo no debía utilizarse como combustible, sino como base para su transformación en una gran cantidad de productos que ahora utilizamos y de los que también dependemos del exterior. Las plantas petroquímicas no solo producen gasolinas, con los sucesivos avances tecnológicos los derivados de ese petróleo están presentes en casi cualquier cosa que consumimos cotidianamente y que son base de otras industrias, toda esa capacidad la hemos entregado a cambio de prebendas que han servido para corromper o crear otros monopolios ligados a nuestra casta política y empresarial: «De la Madrid presidente y Carlos Salinas secretario de Programación y Presupuesto implementaron una política de entrega de las empresas de la nación a la iniciativa privada. Entiéndase, de entrega, no de venta. Por ello se hicieron las operaciones tan sucias como las que afloran en estos días. Carlos Salinas entró a la Presidencia a saco, a fuerza, porque tenía que terminar la obra emprendida en el sexenio de Miguel de la Madrid. La venta de las empresas de la nación se dio de la manera más sucia que imaginarse pueda el más pillo de los negociantes. Por ello las enormes fortunas que amasaron los hermanos Salinas, todos ellos, y sus amigos cercanos, a quienes habrá que investigar fiscalmente...» La última vez que Heberto Castillo estuvo en Querétaro, tuvo que suspender abruptamente una conferencia de prensa y posponer un encuentro con simpatizantes; en la comisión de ciencia y tecnología del Senado, del que formaba parte, estaba por decidirse, en su ausencia, el minúsculo financiamiento para conocer y llevar a cabo algunos experimentos en territorio nacional para lograr lo que todavía para imposible: hacer llover en el desierto. Sabiendo ahora que la mayoría de nuestro territorio nacional está en crisis hídrica, entercarse en el tema hubiera sido más que refrescante. Muchos soñadores incorruptibles de esa generación ya no están entre nosotros, no se vale olvidarlos, porque representan esa realidad que se nos escapa a través de la brutalidad y estupidez cotidiana, demostraron que es posible cambiar sin traicionarse, sin olvidar los principios, sin vender la conciencia a cualquiera que la quiera comprar o acallar. Esos ejemplos hacen falta.

CAVERNÍCOLAS

Joaquín Córdova Rivas Mientras en otras latitudes se tiene la certeza de que estamos viviendo un cambio abrupto en las formas de pensar, concentrar y procesar la información, que requieren conceptos diferentes, no construidos, de gobernanza, convivencia, toma de decisiones y educación, nosotros seguimos en las cavernas ideológicas. Según algunos autores, el homo sapiens tiene fecha de caducidad muy próxima, buena parte debido a que los cambios tecnológicos han sido tan rápidos, extendidos y profundos, que la simple adaptación a los mismos producirá una especie humana que pase a otra etapa en su desarrollo. Entendiendo el desarrollo no como un proceso lineal e ineludiblemente exitoso, porque desconocemos cómo y hacia dónde nos llevará en una escala histórica. De manera muy lenta nos estamos dando cuenta que la tecnología de la información y comunicación que utilizamos continuamente, prácticamente sin pausa alguna, almacena información sobre nuestros hábitos, costumbres, gustos, manías y deseos. Vivimos conectados, a través del celular, la computadora —en cualquiera de sus presentaciones—, con el uso de las redes sociales y de aplicaciones que no pueden utilizarse a menos que les demos “permiso” de acceder a toda nuestra información disponible y por generar. Cada que entramos a Facebook, Twitter, Google y sus múltiples tentáculos —correo, clima, mapas, juegos, series de TV, películas, videos, música, información y un extenso etcétera—, Amazon, Mercado Libre o lo que sea; cada que subimos una foto, “compartimos” nuestro gusto por cierta comida, libro, película, lugar —playa, iglesia, monumento, barrio, escuela o lo que sea—, pagamos o usamos un servicio —cine, supermercado, la panadería del barrio, cajero automático, gasolinera, restaurante, caseta de peaje, hotel, boletos para un concierto—estamos entrando en la intrincada red de algoritmos que “nos conocen” mejor que nosotros mismos y que refuerzan nuestras “preferencias” de acuerdo a intereses que desconocemos. Pronto —algunos ya lo hacen—, a través de monitores personalizados atados a nuestras muñecas, con forma de pulseras o relojes, estaremos creando bases de datos sobre nuestro ritmo cardiaco, concentración de azúcar, gasto calórico, temperatura corporal y ambiental, hidratación y todo lo que se nos ocurra. Con cámaras incorporadas a nuestros lentes graduados o protectores contra rayos solares, con el uso involuntario de las incorporadas a los aparatos que cargamos, las instaladas en los autos, las de las calles, enviaremos imágenes de todo lo hacemos y se podrán sincronizar con las reacciones corporales ya enunciadas, así podremos saber qué nos provoca estrés, qué nos alegra, nos entristece, nos excita, nos deprime o nos pone al borde de un ataque cardíaco, o de un coma diabético, o qué nos produce alergia. Ya en un plazo un poco más largo, quizás no tanto como parece, esas bases de datos y algoritmos adaptados a cada uno de nosotros, puedan diagnosticar, con mayor precisión que un médico especialista y en mucho menor tiempo y sin tanto gasto, qué marcha mal en nuestro cuerpo —cerebro incluido— y hasta generar una receta que pueda surtirse en expendedores automáticos con el cobro correspondiente incluido. La concentración de tal cantidad de información y su empleo instantáneo debe ser material de estudio, de otra forma nos agarrará en el primitivo arte de atrapar moscas y creer que lo que nos “sugieren” los aparatos tecnológicos, es una extensión válida de un libre albedrío que hace mucho desapareció para quedar como un tecno fantasma. ¿Cómo encara este reto nuestro “nuevo” modelo educativo?: «Las transformaciones veloces y continuas que experimenta el mundo de hoy tienen su centro en la generación de conocimiento. Si bien en la sociedad actual la transmisión de la información y la producción de nuevos saberes ocurren desde ámbitos diversos, la escuela debe garantizar la organización de dicha información; asegurar que todas las personas tengan la posibilidad de disfrutar de sus beneficios; y crear las condiciones para adquirir las habilidades de pensamiento cruciales en el manejo y procesamiento de información y uso consciente y responsable de las TIC (página 61). De manera particular, la educación enfrenta retos altamente desafiantes con relación a la cantidad de información al alcance, pues ha de garantizar el acceso a ella sin ninguna exclusión; enseñar a discernir lo relevante y pertinente; saber evaluarla, clasificarla, interpretarla y usarla con responsabilidad. Para ello, la escuela debe apoyarse en las herramientas digitales a su alcance; promover que los estudiantes desarrollen habilidades para su aprovechamiento, y que éstas se encausen a la resolución de problemas sociales, lo que implica trabajar en una dimensión ética y social y no únicamente tecnológica o individual (página 63). Otros componentes importantes para acompañar el desarrollo de habilidades del siglo XXI son la conectividad y el acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación incorporadas a los procesos de aprendizaje. Con un enfoque centrado en el aprendizaje de los estudiantes, y con el acompañamiento del docente, las TIC pueden contribuir, al incorporarse gradualmente con pertinencia, a estimular una mayor autonomía en los estudiantes así como a desarrollar competencias para la investigación, la comprensión y el análisis crítico de la información. Al mismo tiempo, las TIC son clave para garantizar la equidad en el acceso a recursos educativos diversos y de calidad» (página 120). http://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/199494/Modelo_Educativo_para_la_Educacio_n_Obligatoria.pdf Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Esas pretensiones de equidad en el uso responsable, de capacitación para utilizar las TIC con todo su potencial, para investigar y conocer de forma creativa y autónoma, se topa con los criterios cavernícolas de directivos y “administradores” de los centros de cómputo de las escuelas, que argumentando el “peligro” de acceder a contenidos no educativos, o la simple posibilidad de “infectar” las pocas computadoras obsoletas que se tienen —en lugar de empeñarse por diseñar estrategias para que eso no suceda—, eligen censurar y bloquear el acceso a los buscadores, plataformas y redes sociales más usuales, dejando a los equipos de cómputo como simples máquinas de escribir, lo peor es que en media superior, COBAQ por ejemplo, a los estudiantes se les cobra una cuota extra por usar esos equipos, que por esos criterios cavernícolas, no sirven para nada.

lunes, 20 de marzo de 2017

AHORITITA

Joaquín Córdova Rivas En teoría todo funciona bien bonito, cada pieza encaja en su lugar y enciende al primer intento. Nada de que falta un resorte o se perdió una goma, tampoco sobran como insinuando que algo quedó mal armado. Suena bien, no vibra en exceso y tampoco se calienta. El lubricante es adecuado e impide el desgaste excesivo. La maquinaria fascina con su precisión aunque no sepamos para qué sirve. Así está nuestro sistema electoral, parece que funciona, pero no tenemos la certeza de si hace lo que debe de hacer o solo es otro aparatote más que nos distrae mientras que el real opera sin que la ciudadanía lo controle. Hace muchos años, tantos que no encuentro el archivo, me aventé la osadía de proponer la posibilidad de romper el monopolio de los partidos políticos sobre la representación política ciudadana, en específico, que pudieran existir los candidatos independientes, que haciendo realidad el principio de que cualquiera que cumpliera con requisitos mínimos —mayoría de edad, modo honesto de vivir, una plataforma electoral—, pudiera registrarse sin la necesidad de que la cúpula de algún partido tuviera que hacer el obligado trámite, con todos los impedimentos internos que eso implicaba. Se trataba de romper, aunque fuera en teoría, con el círculo perverso de la partidocracia. La propuesta no fue bien recibida, el primer obstáculo fueron los supuestos “consejeros ciudadanos” del IEQ, algunos de los cuales rechazaron desde el principio su hipotética representatividad, asumiéndose como escuderos de los partidos políticos que los habían propuesto, aunque no tuvieran esa intención. Trepados en el dogma de que nada debe atentar contra el sistema de partidos políticos, se olvidaron que en otros países, quizás más democráticos o con mayor experiencia en el tema, un ciudadano, por su propio derecho, tiene la facultad de registrarse como candidato al puesto que le parezca más adecuado a sus alcances, y después, los partidos políticos los respaldan y toman como propios. Obvio decir, que quienes ya registrados no conseguían apoyo alguno cancelaban su registro, o se atenían a la reglamentación respectiva posterior a ese momento, o de plano se exponían a la vergüenza de no recibir la votación que su ego esperaba. Pero los partidos no tienen la facultad exclusiva para registrar candidatos, lo que los podía volver más sensibles al sentir popular a la hora de apoyar a alguien, vamos, no tenían el poder de veto que los partidos políticos mexicanos tienen en los hechos y que los ha convertido en cúpulas insensibles, convenencieras y corruptas. ¿A qué viene este rollo? A que el ambiente electoral para el 2018 se está calentando desde ahorita. Por una parte, los precandidatos presidenciales están construyendo su propia narrativa para ganar la simpatía de los votantes potenciales. López Obrador y MORENA con su “triunfo inevitable” dado el desprestigio del resto de los partidos políticos atascados en sus corruptelas, los panistas jugando a las vencidas internas —“nos extrañan como a los Obama”—, los tricolores que titubean con sus propuestas —“¿ustedes qué hubieran hecho?”— dado el miserable porcentaje de aceptación que arrastran, los neozapatistas y sus ambigüedades con su probable candidata indígena y, por último —hasta el momento— esa coalición de intelectuales y ONG’s —autollamados iniciativa AHORA—, que decidieron presentar como propuesta ciudadana a Emilio Álvarez Icaza, exdirector de CENCOS, expresidente de la Comisión de Derechos Humanos del D.F., exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otras cosas más que lo han mantenido con cierta presencia pública, y que busca capitalizar los reacomodos convenencieros de políticos tradicionales que están adoptando otras fuerzas políticas, como MORENA, con el desprestigio y desconfianza que eso implica. Pareciera un encuentro de lucha libre entre pragmáticos —los rudos—, contra los que enarbolan los principios y la práctica de la anticorrupción y la anti impunidad—los técnicos—. Con un réferi que busca el protagonismo y no propiciar un combate equitativo, y un público que prefiere ver sangre y volar butacas, que las exquisiteces de las llaves paralizadoras o los buenos relevos. Por lo pronto AHORA, que algunos identifican con la versión 2.0 de Alianza Cívica, tiene cobija que jalar por la dilatada campaña electoral que oficialmente no inicia, pero ya está aquí. El discurso anticorrupción y por una ética política totalmente ausente en la actualidad será su mayor activo, aunque, como ya sabemos, los intelectuales no pesan en las definiciones electorales en este país de iletrados. Quizás sea hora de ir tomando alguna definición, como dice Sergio Aguayo —diario Reforma del primero de marzo de este año—: “Colaboraré, por tanto, desde la independencia y presidiré el Comité de Ética Pública y Anticorrupción de Ahora que tendrá una integración y una vida autónoma. La tarea de este Comité será frenar el acceso y evitar la permanencia de los corruptos y garantizar que el movimiento se apegue a los principios de transparencia y rendición de cuentas […] En el México acosado por la violencia, la corrupción, la desigualdad y el gobierno de Trump es saludable el regreso de los cívicos como una organización nacional sustentada en luchas locales. Podría ser un espacio atractivo para quienes no encuentran cabida en las opciones existentes y desean zarandear una alternancia que no está funcionando. El paso está dado; que la historia ponga a cada cual en el lugar que le corresponda.”

MÍSERA EXISTENCIA

Joaquín Córdova Rivas Los memes —esos seres horrendos que casi cualquiera puede engendrar y que pueblan el ciberespacio— no se hicieron esperar. La frase, como de castigo por no hacer la tarea: “sí merezco abundancia”, no tardó en atraer la atención ocultando, otra vez, el fondo de un caso que desde hace mucho ha dejado de ser aislado y se ha convertido en modus vivendi de nuestra casta política —porque de clase no tiene nada—. ¿En qué parte del cuerpo humano se encuentran la dignidad, la ética, la solidaridad, la responsabilidad, la vergüenza, el aprecio, el amor, la empatía? Si acaso, algunos alcanzarán a deducir que en el cerebro, en ese innumerable amasijo de neuronas que se iluminan cuando entramos en interacción con nosotros mismos o con los demás y el ambiente que nos rodea, sea de manera cercana o virtual, sin que importen las distancias geográficas o temporales menospreciadas por la tecnología actual. Otros dirán, con razón, que no poder ubicar tales cualidades revela los límites de la ciencia actual y que es necesario pensar diferente, encontrar otra forma de conocer y conocernos, que los sentimientos y las emociones no se pueden explicar con un manojo de neuronas titilantes, sino que falta algo más. Mucho de razón tiene el historiador Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus, la idea y necesidad de un dios pierde sentido cuando la ciencia y la tecnología, hermanadas, sienten que ya no lo necesitan para explicar casi cualquier cosa. Es más, para este escritor, estamos en un umbral civilizatorio, donde el homo sapiens dejará de serlo para transformarse en otra cosa, igual que pasó antes en la historia de esta especie que se cree y siente superior a todas las demás. Pero no es lo mismo pensar en un cambio cualitativo producto de avances tecnológicos y de crisis humanista, que postular que Javier Duarte y su numerosa parentela, comenzando por su esposa, son ejemplo de lo que será el Homo NeoPRI, que es más bien, el producto de corruptelas compartidas e impunidades crónicas. Si las llamadas ciencias duras o exactas no pueden responder a las preguntas importantes sobre el hombre como especie, si no aciertan a explicar o encontrar un gen de la corrupción, de la desvergüenza, de la indignidad, del empobrecimiento intelectual voluntario, ¿qué hacemos? «El sentido se crea cuando muchas personas entretejen conjuntamente una red común de historias. ¿Por qué le encuentro sentido a un acto concreto (como por ejemplo casarse por la Iglesia, ayunar en el ramadán o votar el día de las elecciones)? Porque mis padres también creen que es significativo, al igual que mis hermanos, mis vecinos, la gente de ciudades cercanas e incluso los residentes de países lejanos. ¿Y por qué toda esa gente cree que tiene sentido? Porque sus amigos y vecinos comparten también esa misma opinión. La gente refuerza constantemente las creencias del otro en un bucle que se perpetúa a sí mismo. Cada ronda de confirmación mutua estrecha aún más la red de sentido, hasta que uno no tiene más opción que creer lo que todos los demás creen. Sin embargo, con el transcurso de décadas y siglos, la red de sentido se desenreda y en su lugar se teje una nueva red. Estudiar historia implica contemplar cómo estas redes se tejen y se destejen, y comprender que lo que en una época a la gente le parece lo más importante de su vida se vuelve totalmente absurdo para sus descendientes. […] Los sapiens dominan el mundo porque solo ellos son capaces de tejer una red intersubjetiva de sentido: una red de leyes, fuerzas, entidades y lugares que existen puramente en su imaginación común. Esta red permite que los humanos organicen cruzadas, revoluciones socialistas y movimientos por los derechos humanos.» Si atendemos a Harari, ese tejido, esa red que a los sapiens nos permite dominar el mundo está desgarrándose, no solo por los avances técnicos y científicos, sino por la crisis en el conocimiento generado por un modelo único de “hacer ciencia”; pero antes de meternos en la forma de crear o desarrollar esos saberes cuyos límites ya señalamos, habría que advertir que otras redes también se destejen, esas redes que nos permiten acordar y respetar ciertos principios que nos protegen como especie, no de las otras, a las que estamos agrediendo inmisericordemente hasta la extinción, sino de nosotros mismos. Si todos nos comportáramos como los neopriistas —y aquí están incluidos sus miserables discípulos del resto de los partidos políticos— y sus numerosas parentelas, tendríamos que llegar a la conclusión de que mientras tejemos otras redes de sentido que no permitan que se engendren y después se escapen estos grandes depredadores, todo se vale, hasta la violencia revertida en esos que dicen que se merecen la abundancia mal habida. Si los apellidos familiares que se han vuelto despreciablemente populares, y que apenas son una pequeña muestra de lo que en realidad está ocurriendo, se empeñan en destruir el sentido de lo que es “ser humano”, los demás tenemos que ocuparnos en organizarnos mejor que ellos y tejer esas redes que nos devuelvan a un estado de humanidad, tranquilidad, justicia y esperanza. Algo se está haciendo, pero todavía no es suficiente.

REESCRIBIR LA HISTORIA

Joaquín Córdova Rivas Se tardaron y lo hacen mal. Además, reescribir la historia sirve cuando se quiere darle otro significado a la existencia, no para justificar los fracasos permanentes y cotidianos. Las despreciadas culturas indígenas tienen maneras de expresar lo anterior, cuando la mala suerte inexplicable se ensaña con alguien, suelen hacer rituales, no para borrar lo malo que ha pasado, porque no se puede, sino para escribir encima de él. A nuestra derecha política le siguen molestando los derechos sociales establecidos hace 100 años como horizonte hacia el cual encaminar los pasos, y en un lance tragicómico, pretenden enjaretarle los fracasos neoliberales recientes a lo que llaman el gran fiasco constitucionalista, lo que no entienden es que, otra vez, están llegando tarde a la historia. El profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén Yuval Noah Harari, en su polémico pero interesante libro llamado Homo Deus, dice que: “Los movimientos que pretenden cambiar el mundo suelen empezar reescribiendo la historia, con lo que permiten que la gente vuelva a imaginar el futuro. Ya sea lo que queramos que los obreros organicen una huelga general, que las mujeres tomen posesión de su cuerpo o que las minorías oprimidas exijan derechos políticos, el primer paso es volver a narrar su historia. La nueva historia explicará que «nuestra situación actual no es natural ni eterna. Antaño las cosas eran diferentes. Solo una sucesión de acontecimientos casuales creó el mundo injusto que hoy conocemos. Si actuamos con sensatez, podemos cambiar este mundo y crear otro mucho mejor». Esta es la razón por la que los marxistas vuelven a contar la historia del capitalismo, por la que las feministas estudian la formación de las sociedades patriarcales y por la que los afroamericanos conmemoran los horrores de la trata de esclavos. Su objetivo no es perpetuar el pasado, sino que nos libremos de él”. Esa liberación pasa por el conocimiento, no por la ignorancia; pasa por la imaginación, no por la simple aplicación de modelos sociales o económicos como recetas de cocina; se trata de construir un futuro colectivo, no de dinamitarlo queriendo forzar el regreso a pasadas épocas gloriosas para unos cuantos. Como preámbulo ya fue suficiente, las marchas por la unidad —primera contradicción que fueran al menos dos en lugar de la “unitaria”—, con el patrocinio descarado de las grandes cadenas de comunicación masiva, fueron el primer intento fallido por crear un “enemigo común externo” que aglutinara nuestras inconformidades internas y las neutralizara. Por eso, la petición cándida, pero con mucha jiribilla, de utilizar pancartas con demandas “neutras” —lo que también contradice el espíritu y la necesidad de hacer una manifestación pública del tamaño que sea, cuando se sale a las calles a marchar es para exigir algo, no nada más para pasearse o sacar a la mascota a hacer ejercicio—. Al señor Trump le sirvió inventarnos, a los mexicanos, como enemigo común. Conoce, lo mismo que nosotros, nuestras debilidades acentuadas por la aplicación de un modelo económico dependiente y que ha desmantelado nuestra planta productiva —ni siquiera, según estudios recientes, somos capaces de proveer de insumos básicos a la industria maquiladora asentada en nuestro país, la gran ganona es China—, sabe de las múltiples corrupciones de nuestra inepta casta política, de su coloniaje intelectual y falta de identificación con los intereses mayoritarios. Todas esas debilidades nos hacen vulnerables, peor porque sabemos que no tendría por qué ser así. Enfrentar esa visión, que ni siquiera es monolítica, solo se puede hacer desde la diversidad de puntos de vista. Desnudar los argumentos simplones basados en la ignorancia se logra resistiendo y probando formas alternativas de hacer las cosas, no copiando e inventando una falsa unidad que olvide o perdone los múltiples agravios internos. Denunciar a nuestros gobernantes, exhibir sus corrupciones, tratar de frenar sus impunidades, no nos debilita ni nos divide, al contrario, nos fortalece y aglutina para dar la cara ante quienes quieran discriminarnos y despreciarnos. Tal vez nos ha faltado tiempo, reflexión y paciencia para terminar de entender que sufrimos los coletazos de un imperio que sabe que se desploma pero quiere aventar el cascajo a sus vecinos, que ellos —nosotros— compartan los costos del derrumbe y les construyan no un muro que impida el paso, sino uno que impida ver sus miserias: su intolerancia, su discriminación, su machismo trasnochado, su falso puritanismo —¿hay de otro?—, su desprecio por los derechos humanos, todo lo que estuvo enterrado bajo una fina capa de polvo y que el vendaval neoliberal está dejando al descubierto, no para cambiarlo, sino para justificarse y socializar sus cuantiosas pérdidas.

lunes, 6 de febrero de 2017

LA POSVERDAD Y LA MENTIRA

LA POSVERDAD Y LA MENTIRA Joaquín Córdova Rivas «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.» Umberto Eco. La anterior cita, marcada como textual ¿es cierta o es un invento mío para convencer al lector del resto de mis argumentos? Si la dejo como está cualquiera puede dudar y tomarse el tiempo de investigar, si le agrego la fuente de donde salió y resulta verificable entonces la podemos tomar como verdadera. Para salir de dudas puedo dirigir al lector al discurso dado por el genial semiólogo italiano al recibir un reconocimiento académico en “Comunicazione e Cultura dei media” en la “Aula Magna della Cavallerizza Reale a Torino” reseñado en el diario La Stampa el 10 de junio del 2015. ¿Más fácil? Use el navegador de internet de su preferencia y teclee: http://www.lastampa.it/2015/06/10/cultura/eco-con-i-parola-a-legioni-di-imbecilli-XJrvezBN4XOoyo0h98EfiJ/pagina.html Y eso para irnos a la fuente original, porque la misma cita aparece en múltiples textos posteriores traducida a diferentes idiomas. Con eso cualquiera puede tener la tranquilidad de que se dijo lo que se escribe, que lo dijo quien se acredita y hasta saber el contexto del comentario. No hay engaño. Pero vamos al contenido. Umberto Eco advertía uno de los peores efectos que tienen las redes sociales: cualquiera se siente con el derecho de decir cualquier tontería sobre cualquier tema y poner su ignorante opinión a la misma altura de los conocedores del mismo. Como si el simple hecho de poderlo hacer diera la misma autoridad y conocimiento a quien sea, y eso no es cierto. No hay magia, las redes sociales no non hacen más inteligentes por el simple hecho de poder opinar sin consecuencias, sin aportar ningún dato duro, sin apegarnos a ninguna regla, hasta las de ortografía están ausentes. Pero creemos que nos empoderan, que nos ponen en el mismo nivel de sabiduría o conocimiento, y hasta más, de quienes llevan años investigando, conociendo, reflexionando. La ignorancia masiva como sinónimo de sabiduría instantánea democratizada. «Internet puede haber tomado el puesto del periodismo malo… Si sabes que estás leyendo un periódico como EL PAÍS, La Repubblica, Il Corriere della Sera…, puedes pensar que existe un cierto control de la noticia y te fías. En cambio, si lees un periódico como aquellos ingleses de la tarde, sensacionalistas, no te fías. Con Internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan solo en el éxito que tiene en Internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio.» http://elpais.com/elpais/2015/03/26/eps/1427393303_512601.html Pero la cosa se complica cuando a sabiendas se utilizan mentiras para engañar, para sustituir la verdad no como acto re-creativo, sino para manipular y sacar ventaja del desconocimiento ajeno. Ralph Keyes inventa el término posverdad (post truth) en el 2004 y publica un libro acerca del mismo. Posverdad es elegida por el prestigiado diccionario Oxford de la lengua inglesa como la palabra del año 2016 y la define así: es cuando "los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales". El filósofo A.C. Grayling lo desarrolla un poco más: «Todo el fenómeno de la posverdad es sobre: “Mi opinión vale más que los hechos”. Es sobre cómo me siento respecto de algo. [...] Es terriblemente narcisista. Y ha sido empoderado por el hecho de que todos pueden publicar su opinión. […] Todo lo que necesitas ahora es in iPhone. Y si no estás de acuerdo conmigo, me atacas a mí, no a mis ideas. […] Lograr articular una forma de ponerte en primera fila y lograr ser visto te convierte en una especie de celebridad.» http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38594515 En las redes sociales la posverdad está definida, en última instancia, por la cantidad de “likes” —me gusta— o las veces que una supuesta noticia, o comentario, u opinión logra atraer, o es compartido —retweeted—; no por el apego a hechos o datos concretos, Lo peor es que las mismas redes sociales provocan ese fenómeno al “sugerir” temas o supuestas fuentes de información semejantes a las que los usuarios están siguiendo, o marcando las “tendencias” —trending topics— que hay que seguir en ese momento. Se convierten en fabricantes de posverdades. Metidos en este rollo, si alguien quiere envolverse en la bandera nacional para presumir su nacionalismo, cantar el himno nacional en un estadio, hacer llamados a “la unidad” sin saber alrededor de qué o de quién, olvidarse de los continuados y profundos agravios de una casta política corrupta y hacer como si no hubiera pasado nada con tal de enfrentar al temible “enemigo exterior”, que lo haga, yo prefiero creer, por lo que he visto, que: « El verdadero problema de México no es el muro, ni Donald Trump, es la crisis económica que padecemos, el aumento indiscriminado de precios, los minisalarios, los empresarios hambreadores y saqueadores que no pagan impuestos, los gasolinazos, la nefasta reforma energética de Peña Nieto, los casi 200 mil muertos por la supuesta guerra contra las drogas, los 300 mil desparecidos, los 30 ex gobernadores corruptos e impunes que se robaron miles de millones de pesos del erario y andan tan campantes, la inoperancia del nuevo sistema de justicia penal, el estado fallido, los 400 multimillonarios mexicanos frente a los 75 millones de pobres, las multinacionales canadienses mineras que siguen masacrando nuestra tierra y nuestros pueblos, el fracking, los crímenes de estado cometidos por el Ejército y la Marina…» Y respetamos los puntos suspensivos puestos por Sanjuana Martínez en su texto titulado “Mexicanos, a sacar la casta” publicado el 30 de enero de este año en www.websanjuanamartinez.com.mx Con otras partes del mismo no coincido, pero sí en que nuestro problema principal es interno, no es el copetudo del norte, allí está un primer listado de temas a resolver, hay que hacerlo.

HAGAN SU JUEGO

HAGAN SU JUEGO Joaquín Córdova Rivas
La neta sí dan miedo. Encargar las negociaciones comerciales, o las que sean, de este gobierno —a nombre de todos— con el señor Trump, a los neoliberales que han devastado al país en los últimos 40 años, y que han sido y son completamente dóciles a los designios, deseos y ambiciones de nuestros vecinos del norte, es de antemano una derrota completa. No se trata de conocimientos técnicos, que presumen tenerlos aunque no se les noten; se trata de tener dignidad, ética, conducta intachable y un mínimo de afán nacionalista. Ningunas de tales características poseen. Son parte importante de esa generación de norteamericanos nacidos en México a la que se refería en sus escritos Heberto Castillo, cuando daba cuenta de la tendencia de nuestra élite gobernante por mandar a sus juniors a educarse en universidades gringas, con desprecio a las públicas nuestras, inmersas en un contexto histórico propio y congruentes históricamente con el mismo. ¿Qué sabe de patriotismo o nacionalismo aquél que conoce mejor la historia ajena que la propia? ¿Qué intereses puede defender si no los que conoce y cree que lo identifican? Por eso se portan como virreyes, no como producto de un proceso electoral democrático por muy amañado que esté. Volvamos sobre la dignidad, la responsabilidad y la ética. Imaginemos que los negociadores del señor Videgaray se visten de niños héroes y hacen como que defienden intereses nacionales, y del otro lado les salen con los expedientes de sus numerosas rendiciones anteriores, de sus traiciones, de una que otra corruptela o conflicto de intereses. Ni modo que nuestros vecinos no aprovechen la información sacada a los extraditados que les hemos mandado a lo largo de la historia reciente. Que los amenacen con dar a conocer los fraudes electorales, los financiamientos indebidos, las fortunas mal habidas, las complicidades propias y ajenas con el crimen organizado, la ubicación de fosas “clandestinas”, el destino de muchos “desaparecidos”, alguna nómina vergonzante, las cuentas en bancos extranjeros y paraísos fiscales. Ni modo que no firmen lo que sea, primero yo y los demás a joder a México. El señor Trump y su gabinete de multimillonarios hará uso de todo lo que saben de sus corruptos socios del sur, y en ese lodazal ganará el que esté menos embarrado. El problema es que con esas debilidades se someterán y firmarán a nombre de todos, nos harán responsables de desigualdades perpetuas en aras de sus valores “nacionales”: el libre comercio, la globalización, el fin de la historia. Hasta puede que nos encarguen la construcción, mantenimiento y vigilancia de otro muro en nuestra frontera sur, para que la hagamos de sus policías, de su aborrecible migra contra nuestros semejantes centro y sudamericanos. Para descuadrar más las cosas, no se puede esperar ninguna ayuda de los canadienses, ya dijeron que prefieren un acuerdo bilateral con los gringos a cargar el fardo de un tercer socio que no tiene como defenderse, porque malbarató lo que le daba algo de ventaja: mano de obra barata y reprimida, cuantiosos recursos naturales y energéticos, un proyecto de nación con importantes derechos sociales —nuestra maltrecha Constitución—, una historia rica en culturas originarias. Todo a cambio de empleos mal pagados, derechos laborales disminuidos, subordinación científica y tecnológica, inseguridad, corrupción, impunidad. Mientras, nos desgastamos en procesos electorales trucados. Ojalá sirvan para derribar muros mentales. Ya hemos vivido las pésimas experiencias de las coaliciones electorales pragmáticas, el simple quítate tú para ponerme yo, que al fin somos iguales. De nada sirven al ciudadano común y corriente, de todas formas nos va mal. Por eso no hay que padecer que el PAN y el PRD no presenten un solo candidato para evitar que el PRI y sus satélites ganen una elección, a final de cuentas se instalan los mismos intereses amafiados, allí están los penosos sexenios locales de Guerrero, Chiapas y demás. Nada se ganó y sí se perdió tiempo para provocar un cambio significativo en el fondo y forma de gobernar. Eso de que “las izquierdas” solo ganan si se unen también es una mentira, porque lo que se nos ha presentado como “izquierda moderna o moderada” nada tiene que ver con ese concepto político de contenido vaporoso, para algunos. Por lo pronto podríamos coincidir con que: «Hoy, las formas de igualdad se expresan como igualdad de oportunidades, distribución de la riqueza para reducir las escandalosas brechas entre ricos y pobres, eliminación de los privilegios de nacimiento y preparación para estar en la sociedad competitiva. De otra parte, está el tema de la igualdad ante la ley y del propio sufragio universal, que seguramente representan la mayor extensión de igualdad entre los hombres que ha creado la civilización. Es cierto que la izquierda ha privilegiado históricamente un tipo de igualdad que está orientado a la distribución de los recursos económicos y los servicios esenciales y, por tanto, ha privilegiado el contenido material de la igualdad antes que su legalidad formal. Hoy la izquierda interpreta plenamente la legalidad para asegurar los derechos de las personas. La izquierda trabaja con los conceptos de universalidad y una propuesta suya no puede tener sólo en cuenta los intereses de los grupos que históricamente representaba.» Antonio Leal. Norberto Bobbio: Izquierda y Derecha a partir de la democracia. http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2014/03/21/norberto-bobbio-izquierda-y-derecha-a-partir-de-la-democracia/ El espacio se acaba, ya habrá más para reincidir en el tema.

DE REVERSA, MAMI

DE REVERSA MAMI Joaquín Córdova Rivas La globalización y sus promesas incumplidas. En la superficie, los tratados de libre comercio semejan una maraña indescifrable de reglas que pretenden desregular el masivo intercambio de mercancías de un lugar a otro del mundo. En el fondo pudieran simplificarse en un manojo de cuestiones básicas en un intento de tratar de entenderlos. Hay diferentes formas de pensar la globalización, pero se nos ha impuesto una como si fuera la única posible y que tiene que ver con la hipotética capacidad de ser felices a partir de lo que podamos consumir. Hemos pasado rápidamente de una sociedad de productores a una de consumidores, pero el proceso nunca fue parejo u homogéneo. Cuando comenzó a pensarse, luego a “negociarse”, para terminar imponiéndose, el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN por sus iniciales en español, NAFTA por las mismas en inglés) partía de una suposición que al menos parecía un hecho incuestionable. México, con su mano de obra barata y dócil, con sus sindicatos charros, con sus casi ilimitados recursos naturales, con una casta política y empresarial corrupta, educada en el extranjero y con los valores propios de las llamadas grandes metrópolis, se encargaría de proveer los productos necesarios, y no tanto, que requirieran los numerosos consumidores de Estados Unidos y Canadá, a los precios más bajos posibles. A algunos les pareció una relación virtuosa. Los mexicanos, tan necesitados de empleos, nos beneficiaríamos con la llegada de empresas de nuestros vecinos del norte para que les maquiláramos lo que ellos necesitaban para ser felices, o por lo menos que se sintieran así; y ellos consumirían esos productos, diseñados para sus necesidades básicas y superfluas, a precio de regalo. Pero como también requerían de mano de obra para las labores internas que no querían realizar, por extenuantes, poco remuneradas y quizás consideradas poco dignas —cosechadores, jardineros, meseros, niñeras, albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas y demás— lo ideal era una frontera porosa que permitiera su paso, pero suficiente para considerarlos ilegales o indocumentados y evitar pagarles lo justo, o siquiera lo establecido como salario mínimo por hora de trabajo. Mientras, los automóviles, televisores, computadoras, ropa, refrigeradores, aparatos de aire acondicionado y todo lo que necesitaran, les llegaría de aquí para allá, con sus propias marcas y a su gusto. Porque hasta eso, a las diferentes regiones las pusieron a competir para lograr el “privilegio” de instalarse aquí, con exenciones de impuestos de todo tipo, regalándoles los terrenos, el agua y la infraestructura vial o ferroviaria, facilitándoles los fraccionamientos exclusivos para sus directivos y gerentes, sus escuelas, sus centros comerciales, para que no extrañaran nada cuando tuvieran que venir a supervisar o a presionar para lograr ventajas que las empresas de otros países no pudieran tener. Pero, como a la serpiente que se devoró a sí misma porque se encontró con su cola, el maldito modelito resultó ser parte de una crisis mucho mayor que les fastidió sus propios planes. Su felicidad se encontró con el tope de un nivel de vida artificial y basado en pedir prestado hasta no poder pagar ni en abonos chiquitos, sus propias empresas no pudieron crecer a la velocidad que los clientes querían comprar y desechar, y llegaron capitales más frescos de economías en temporalera expansión, y les comieron el mandado. Si antes predicaban, hipócritamente, el libre mercado, la desregulación financiera y el tránsito “libre” de capitales, el debilitamiento de un Estado que se entrometía para limitarles sus “libertades” principalmente consumistas y comerciales; ahora hay que hacer lo contrario: que viva el proteccionismo, un Estado fuerte que se meta en todo y recupere las glorias perdidas, y el cambio metiendo reversa para regresar de una sociedad de consumidores a una de productores, pero sin saber que eso ya no es posible. Para rematar, como el consumismo no hace la felicidad, surgió otro mercado que también quieren acaparar, su población es la que más drogas con prescripción médica consume en el mundo, igual que las ilegales que no controlan ni en producción, ni en distribución, pero sí se esnifan o inyectan con singular desesperación. Pagar la cosecha no tecnificada de productos agropecuarios o un trabajador manual de cualquier tipo con el salario mínimo legal, les elevaría significativamente los costos de cualquier producto, servicio o reparación. Las empresas que muden de domicilio y “regresen” o se instalen por primera vez en territorio norteamericano difícilmente crearán los empleos que —paradójicamente— ahora tanto necesitan, porque son caros, están asociados todavía a una serie de prestaciones sociales amparadas por sindicatos que todavía presumen cierta independencia y combatividad, y además caen en una coyuntura tecnológica específica: la robotización. La principal limitante para robotizar líneas de producción completas es que todavía es más barato tener trabajadores con salarios como los del tercer mundo, incluyendo los mexicanos. Pero si la producción tiene que considerar salarios y prestaciones mucho más altos como los norteamericanos o canadienses, entonces sí resulta rentable hacerlo. Y de ser necesario así será. Desgraciadamente el futuro nos alcanzó antes de lo que pensábamos, en un momento poco oportuno porque ni siquiera tenemos una casta política conocedora y mínimamente nacionalista, a nosotros sí nos va a pegar el desempleo mucho antes de habernos preparado, con el agravante de que desmantelamos nuestro estado de bienestar a lo tarugo junto con las empresas productivas que lo hacían viable —la despectiva “gallina” a la que se refiere el que cobra como presidente—, y que con el proteccionismo trasnochado del copetudo de allá, hasta lo que envían nuestros migrantes puede sufrir una baja catastrófica. Ya ni mencionar que el Trump ese tiene acceso al arsenal militar más grande del mundo, lo que sería motivo de otro análisis. No entienden que no entienden, no saben que no saben, y nosotros que los dejamos disque gobernar.

LO QUE FALTABA

LO QUE FALTABA Joaquín Córdova Rivas Los buenos deseos, las muchas ganas, el querer salir adelante, los hipócritas llamados a la unidad nacional, no sirven de nada si no se reconocen los errores y se aprende de ellos, por lo menos con la intención de no cometerlos nuevamente. Así que hay que reconocer, a la caracterización de nuestra casta política —que incluye a muchos políticos, empresarios y dirigentes religiosos, aunque no a todos, por allí alguno se salvará— como corruptos, rateros y deshumanizados, faltaba la de ineptos. No solo se roban hasta lo que está atornillado al piso o clavado en las paredes, también hacen lo que les da la gana con el producto de nuestro trabajo vía impuestos y se roban la tranquilidad, la seguridad, la salud, la posibilidad de una vida digna y un trabajo seguro, hasta con nuestro futuro engrosan sus estúpidas cuentas bancarias y propiedades nacas, también demuestran que no saben planear con inteligencia cualquier obra o servicio público. El colmo, ahora aceptan cargos de primer nivel sin saber nada sobre su materia de trabajo: Videgaray en Relaciones Exteriores. Algún día se percataron de la necesidad de transitar del norte el sur del país sin tener que atravesar la caótica ciudad de México, como todo lo convierten en negocio, concesionaron la construcción y operación de un “arco norte” a varias empresas de sus cuates. Como estas operan con el exclusivo objetivo de ganar más de lo que gastan tenemos una autopista de las más riesgosas del país, con peligrosas zonas de vados, con pendientes pronunciadas, con partes destruidas y mal parchadas, y con casetas de cobro con un sistema anticuado y pocos trabajadores, el resultado, lo que se ahorró en tiempo y combustible en el peligroso trayecto, se perdió en la tumultuosa salida. Una experiencia: el 23 de diciembre por necesidad tuvimos que salir de Querétaro rumbo a Puebla a las 14 horas, la “estancia” en la fabulosa autopista, que solo tiene dos gasolineras con sanitarios y tiendas, fue de 8 horas. Por lo pesado del tráfico de Querétaro a la entrada del “arco norte” hicimos dos horas, más las 8 horas atorados en sus casetas, más una hora a paso de tortuga para poder pagar en la de San Martín Texmelucan —esta sí de CAPUFE—, más lo que estuvimos parados esperando —inútilmente— que fluyera el cuajado tráfico, llegamos a Puebla a las 2 de la mañana del 24 de diciembre. Doce horas para un trayecto que en condiciones “normales” debiera ser de cuatro. A pesar de las afectaciones a miles de automovilistas y transportes de carga, los medios de comunicación no dijeron nada. Lo malo es que esto lo podemos multiplicar al infinito en cualquier parte, con cualquier servicio, con cualquier trámite. Así como nos están dejando, este país ya no es viable. Otro ejemplo. Las comunidades costeras de Michoacán han decidido, como otras en diferentes geografías, tomar el gobierno. Expulsaron a los partidos políticos, a los políticos y caciques locales con sus impuestos, con sus policías y guardias blancas, sacaron a la policía federal, al ejército y a la marina, fundaron su propio grupo de autodefensa, desde entonces no hay secuestros, ni extorsiones, ni desaparecidos. Sin descuidarse permiten el acceso a turistas y la operación normal de pequeños negocios —hoteles, gasolineras, tiendas, restaurantes y demás—. El proceso no fue fácil ni indoloro, les costó muertos, desaparecidos, enfrentamientos con las fuerzas armadas y la delincuencia organizada —que a veces son los mismos o trabajan cobijándose mutuamente—, pero hoy se autogobiernan y viven mejor que cuando tenían “autoridades legalmente constituidas”, demostrando que en las condiciones actuales tal “legalidad” tramposa es un estorbo y fuente de violencia. Más casos. ¿Cuál es la evaluación ciudadana de las obras públicas de las actuales administraciones locales? ¿Sirvió para lo que se prometió la vialidad de Avenida Universidad y Bernardo Quintana? ¿Los millones invertidos en la Plaza del Estudiante, en el Jardín Zenea, en la Alameda? ¿Mejoró el servicio de recolección de basura? ¿Qué pasa en nuestros aburridos “pueblos mágicos” que se llenan de artesanías “made in china”? Otra millonada anunciada para un eje de transporte público que nacerá rebasado y ni quién ponga orden en lo existente. ¿Son los gobernantes que merecemos? De nuestros vecinos del norte también hay cosas que merecen decirse. Se extrañan que ganara Trump cuando su principal propagandista fue el culto, refinado y académico gobierno demócrata de Obama, que siguió con el mismo programa neoliberal que iguala a ambos partidos —demócrata y republicano—: Siguió la concentración de la riqueza, el proteccionismo comercial, los abusos y tortura en sus casas de seguridad desplegadas en casi todo el mundo, la intromisión violenta en los asuntos de otros países, el espionaje contra cualquiera que tenga o esté conectado a través de un dispositivo electrónico o una red social —recordar las denuncias de uno de sus principales hackers: Snowden—, la deportación de 2 millones de indocumentados y la separación de miles de familias; el asesinato “preventivo”, por simple capricho o sospecha, con drones manipulados desde bases militares ubicadas a miles de kilómetros de distancia —en Las Vegas, Nevada, está la más conocida—. Parece contradictorio pero no lo es, con la bandera de los derechos civiles los demócratas se encargaron de irlos minando, hasta que emergieron los ultras y ganaron las elecciones. No hay rompimiento, es una continuidad descarada, a la vista de todos, quizás es lo que les molesta. Lo que falta es escalar las protestas, bloquear carreteras y tomar las plazas y calles no es suficiente porque no les afecta directamente, les vale. Hay que aprender de los bajacalifornianos que llevan mega ratoneras a los domicilios de los políticos, a sus oficinas. Que se note el repudio, que no puedan vivir tranquilos, eso sí les afectaría. Que si se les encuentra en un lugar público —estadio deportivo, restaurante, campo de golf, hotel, centro vacacional, plaza, calle, escuela— que se les reprenda, se les exhiba, sin violencia. Lo peor es cuando sucumbimos a la estupidez y les aplaudimos o pedimos una selfie con ellos. Dejar en paz a las Rubís quinceañeras y no ser parte de un desmadre colectivo que nos distraiga de lo importante, corregir los errores y deshacernos de quienes nos hacen daño. Cultivar la solidaridad y ser consumidores responsables, no basta con tonterías como consumir lo hecho en México, porque lo que se produce aquí o en cualquier parte responde a los mismos intereses, basta ver el comercial refresquero que presume “industria mexicana de Coca-Cola”, o saber que nuestras empresas cerveceras, tequileras y hasta chocolateras forman parte de conglomerados trasnacionales. O pedir que se compre en la tiendita de la colonia y no a las grandes cadenas cuando ofrecen la misma chatarra, los mismos productos de los grandes monopolios. Falta consumirles a nuestros productores cercanos, a los pequeños, a los que se la rifan sin apoyos gubernamentales, a los que resisten vender sus tierras por centavos, a los que requieren micro redes de distribución. Hay alternativas, allí están las epistemologías del sur, el Buen Vivir de los aymara, las todavía incomprendidas propuestas del neozapatismo, el decrecimiento consciente y responsable, el buscar la paz y la felicidad sin fastidiar al prójimo y al planeta. De eso nuestra casta política no entiende.