sábado, 11 de noviembre de 2017

SOBRE LA ESTUPIDEZ

SOBRE LA ESTUPIDEZ Joaquín Córdova Rivas «¿Cómo es posible que los estúpidos lleguen a alcanzar posiciones de autoridad? Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) permitieron un flujo de poder constante de personas estúpidas a los puestos de poder en las sociedades preindustriales. Ese puesto lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. Las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción ε (esta letra ε es una constante en el planteamiento del ensayo) entre los poderosos: pueden perjudicar a todos los demás sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Carlo Maria Cipolla. Allegro ma non troppo.» https://koralieucm.files.wordpress.com/2010/09/carlo-m-cipolla-allegro-ma-non-troppo.pdf Tendremos que agradecerle a la escritora Rosa Montero la recuperación del ensayo de donde salió la cita anterior. Carlo Maria Cipolla escribe un divertido e inteligente texto entre histórico y tipológico, primero, porque a su manera explica la transición europea entre diferentes etapas de su desarrollo: Edad Media y Renacimiento, atendiendo al comercio de las especias “de la pimienta en particular”, y en una segunda parte, establece las leyes de la estupidez, con gráfica incluida, para medir que tan incauto, inteligente, malvado o estúpido es uno mismo o alguien más. Quizás aquí tendría que retractarme, una cualidad del estúpido es que ignora que lo es. Hasta Cipolla lo advierte: «al contrario que los malvados, inteligentes o ingenuos, que tienen constancia de su posición, el estúpido no sabe que es estúpido, y te causarán pérdidas sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.» Regresemos a Rosa Montero para que nos sintetice las “Leyes fundamentales de la estupidez humana”: «Primera, siempre subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en el mundo. Segunda, la estupidez es una cualidad independiente de cualquier otra, no está asociada ni al dinero que se tenga o a la clase social o a la educación recibida, los estúpidos lo son de manera absoluta y democrática y siempre habrá en la Tierra un determinado porcentaje de imbéciles (que siempre tenderemos a subestimar). Tercera, un estúpido es alguien que causa daño a los demás sin obtener con ello ningún beneficio e incluso perjudicándose a sí mismo: y tengo la impresión de que esta ley está de rabiosa actualidad en España. Cuarta, por desgracia también subestimamos la inmensa capacidad de los estúpidos para hacer daño (sobre todo, añado yo, cuando a la estupidez se le suma redundantemente el fanatismo). Y quinta: el estúpido es, pues, el individuo más peligroso del mundo. De hecho, los estúpidos son mucho más peligrosos que los malvados.» http://elpaissemanal.elpais.com/columna/rosa-montero-peligrosa-estupidez/?id_externo_rsoc=FB_CC Rosa se queja de la situación en la España actual, pero ¿qué podríamos decir del México del presente? Al parecer el escenario no es mejor, aquí los malvados se sirven de los estúpidos para mantenerse en el poder, que tampoco sería algo muy mexicano, porque es una “cualidad” de la democracia liberal que vivimos asociada al capitalismo de compinches o neoliberal. Lo que sí es que nos pasamos de incautos (según la RAE: Que no tiene cautela. Ingenuo, cándido, que no tiene malicia.), acabamos de pasar por desastres naturales que provocaron víctimas y daños considerables por mucho tiempo, y los medios de comunicación se encargaron de ensalzar y neutralizar esa loable solidaridad ciudadana, diciéndonos que solo nosotros, los mexicanos, nos mostrábamos así ante esas circunstancias, lo que es falso, en todos los lugares donde ocurren ese tipo de eventos, y hasta otros más catastróficos, los humanos nos movilizamos para ayudar a los demás. Pasar del yo individual al nosotros colectivo de forma casi masiva e instantánea, sucede en cualquier país del mundo. Tampoco somos excepcionales en otras muchas cosas, todos creen que su país es el más bonito, el que mejor gastronomía tiene, el que hace la ropa más elaborada y colorida, el que es más feliz. Los estúpidos repiten la cantaleta, los incautos se la creen y siguen votando, los malvados se aprovechan. Diario conocemos de actos de corrupción —los Panama Papers, los Paradise Papers, las casas de colores, las haciendas en Malinalco—, sabemos de instituciones diseñadas para propiciar las fortunas indebidas, aunque sean “legales”, nos percatamos de la absurda impunidad que protege a los poderosos, vemos como los medios de comunicación masiva se desgañitan denunciando la porquería para terminar justificándola: «estamos mal pero así son las cosas». Seguimos cayendo en la mentira de que “ahora sí, en las elecciones, podremos arreglarlo casi todo”. Cipolla es concluyente, no deja lugar para refugiarse en la indiferencia o en la falsa esperanza de que el simple paso del tiempo remediara los entuertos: «en la sociedad en declive: Los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.» ¿Hasta cuándo se los seguiremos permitiendo?

jueves, 2 de noviembre de 2017

COMPARACIONES INCÓMODAS

Joaquín Córdova Rivas Hay algunas instituciones que, todavía, quieren justificar su existencia y presupuesto, una de ellas es el polémico Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que, para este 2017, tardecito porque está por terminar, presenta un análisis necesario sobre los “Resultados Nacionales de Logro 2017” en Educación Media Superior. http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P2/A/328/P2A328.pdf Ni que decir que dichos resultados siguen reflejando, desde la óptica de una prueba masiva y estandarizada, el fracaso de nuestro sistema educativo, por más reformas bien o mal hechas que se han estado implementado desde hace algunos años. Con todo y que nuestro país ha sido cuna y refugio de brillantes pedagogos, seguimos importando modelos que ignoran nuestro contexto histórico y cultural, también pretenden pasar por alto las enormes desigualdades sociales generacionales que no favorecen tener un entorno adecuado para los cambios que se pretenden, o más bien los que serían deseables si tuviéramos un proyecto de sociedad y de país, igualitario, diverso y tolerante. Primer cambio en la mirada, ya no se habla de contenidos, de seguir poniendo el acento en la enorme cantidad de datos sin sentido que todavía contemplan nuestros planes de estudio, ya se refiere a “aprendizajes clave”, que según el INEE: «Son relevantes para la adquisición de nuevos aprendizajes en distintos campos de conocimiento. Son fundamentales para el dominio del campo curricular. Prevalecen en el tiempo con cierta independencia de los cambios curriculares.» Los puntajes se agrupan en 4 niveles, desde el más básico y notoriamente insatisfactorio para un egresado del bachillerato o preparatoria, el malo, el llamado bueno y, finalmente, el excelente. Si las expectativas de los planes de estudio se cumplieran y hablando de aprendizajes clave, todos los estudiantes que salen del nivel medio superior debieran estar en los dos niveles superiores (III y IV), sin excepción. Porque, según lo especifica la propia autoridad educativa: «Los niveles de logro son acumulativos: aquellos estudiantes que han adquirido los aprendizajes de un determinado nivel de logro poseen los del nivel previo (por ejemplo: quienes se ubican en el nivel II, ya tienen los aprendizajes del nivel I; quienes se ubican en el nivel III, poseen los del II y los del I, y así sucesivamente).» Vamos a algunas de las conclusiones, quien quiera consultar los datos pueden complementarlos en la liga electrónica señalada al principio de este texto. En los promedios nacionales, los resultados son consistentes y confiables en la evaluación de los niveles de logro para Lenguaje y Comunicación, y Matemáticas. En los puntajes más altos aparecen los llamados bachilleratos autónomos, es decir las escuelas asociadas con las universidades públicas estatales. Lo que es una paradoja, pues son el sector educativo más golpeado presupuestalmente y más desprestigiado apelando a supuestas razones de disciplina —no llevan uniforme, el control de asistencia a clase no es tan estricto, no se penaliza o se es más tolerante con la apariencia de los estudiantes (no se les está fastidiando con lo largo o corto del cabello, con que si traen piercings o perforaciones “fuera de reglamento”, con que si se ven “extravagantes” a juicio de quién sabe quién, con el color de las calcetas, lo largo de la falda y demás), o a lo variado de su origen económico y cultural. Uno de los muchos factores que podrían ayudar a entender sus mejores resultados, es la expectativa que tienen sus estudiantes, parece lógico imaginar que, quien de inicio prefiere ingresar a un bachillerato asociado a una universidad pública es porque pretende seguir sus estudios en la misma, ya tiene un proyecto de vida que trasciende la educación media superior y en esa dirección enfoca sus esfuerzos, otro, es que el clima de tolerancia los vuelve más autónomos en sus decisiones, ya piensan por sí mismos sin tener encima una “autoridad” que les diga cómo deben verse, qué deben pensar y cómo comportarse. Para los que pagan alguna de las muy caras preparatorias, cuya finalidad principal es el lucro, no la educación, pueden conformarse con un segundo lugar, aunque no muy lejos del resto de las instituciones públicas con administración y financiamiento federal o estatal. Y hasta se puede matizar más, en matemáticas, los bachilleratos de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), tienen un promedio en el puntaje de matemáticas (515) igual al de las preparatorias particulares, aclarando que el máximo es de 800 puntos, así que están igual de mal, aunque arriba del promedio nacional. El capital económico de los estudiantes también influye, entre más acceso a bienes y servicios mejores son los puntajes, pero, los bachilleratos asociados a las universidades autónomas siguen obteniendo los mejores resultados, por arriba de las particulares que concentran a la población con mayores ingresos, así que el tipo de educación cuenta y puede borrar, en algo, las diferencias. Quienes obtienen los puntajes más bajos, prácticamente sin importar el capital económico de sus estudiantes, son los bachilleratos con administración estatal; es lógico si consideramos que a los gobernadores les interesa más utilizar a su sistema educativo como “caja chica”, como lugar dónde depositar a parientes, compadres, ahijados y demás familiares, aunque no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto directivo en ninguna parte. Continua la tendencia cultural de que las estudiantes obtienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación, y los varones en Matemáticas, la diferencia en el promedio nacional es de 20 puntos en el primer caso, y de 30 en el segundo. Hay una parte en que vale la pena acudir a la cita textual, es esta: «En Lenguaje y Comunicación, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 112 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. En Matemáticas, los alumnos con madres que estudiaron una licenciatura o posgrado obtuvieron un puntaje promedio 87 puntos mayor, en contraste con los alumnos cuyas madres no cuentan con estudios formales. [...] Diversos autores coinciden en que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con la acumulación de bienes, servicios y recursos que se asocian a la permanencia en la escuela y al desempeño educativo de sus hijos. Además, impacta en la expectativa y el acompañamiento académico que les proporcionan, lo cual puede reflejarse en mejores resultados académicos.» Ese “capital cultural” es importante, influye de manera significativa, pero es generacional y llevará años revertirlo, lo que no se toma en cuenta a la hora de evaluar a los docentes, que tienen un trabajo cuesta arriba desde el inicio de la vida escolar de sus estudiantes. Hay otras comparaciones y conclusiones interesantes, pero se acaba el espacio, basta mencionar, otra vez, que los estudiantes queretanos obtienen el cuarto mejor promedio a nivel nacional en lenguaje y comunicación, y el tercero en matemáticas; dentro de lo malo no estamos tan peor.

NUESTRA UNIVERSIDAD PÚBLICA

Joaquín Córdova Rivas Antes de que se acabe la semana habrá definición en quién recaerá la rectoría de nuestra universidad pública, esa que es casi la única esperanza para acceder a estudios superiores para muchos queretanos cuya situación económica no es, precisamente, boyante. Pero, además, por ser pública, por tener como fuente principal de ingresos nuestros impuestos, se puede dar el lujo de responder a intereses más generales, a tener mayor margen para cuestionar las ideas y suposiciones que sustentan un sistema político y económico cada vez más depredador e injusto. A proponer soluciones que están fuera del horizonte de instituciones educativas cuya tarea principal es el lucro. Tomando como referencia los documentos uniformemente titulados: Proceso Electoral Rectoría 2018 – 2021, va una opinión a vuela pluma, muy apretada y personal. Afortunadamente, la aparición pública de este texto será después de la elección, dado que no hay intención de influir en lo más mínimo en el mismo. Siendo una institución académica, cargamos la atención hacia ese lado, además de que parece haber cierta coincidencia en el ajuste a estructura administrativa, asunto que no es menor puesto que sería la encargada de lograr que lo deseable sea posible. En ese tenor, nos ocupamos en buscar aquellos puntos que insinuaran una búsqueda o apertura a posiciones consideradas actualmente de vanguardia. Ni modo, nuestro cientificismo racionalista está en crisis, el humanismo resultó contraproducente pues al considerarnos los amos de la creación, hemos devastado el planeta a grado irreversible, poniendo en riesgo de corto plazo la sobrevivencia de nuestra especie y de todas las demás que no vacilamos en extinguir. Primera pista, la Dra. Blanca Gutiérrez Grageda anuncia una fusión de fondos cuya denominación parece indicar que se toman en cuenta esas Epistemologías del Sur que están resurgiendo como alternativa al neoliberalismo depredador actual: «Solicitaremos a Consejo Universitario la fusión de los fondos existentes (Fondo de Proyectos Especiales de Rectoría, FOPER; Fondo de Vinculación, FOVIN; Fondo de Fomento a la Investigación, FOFI) en uno solo, que busque incentivar el desarrollo de proyectos que impacten directamente en la formación de los estudiantes y en la capacidad docente. El fondo se denominará Semillas para el Bien Vivir, y estará orientado a promover la colaboración entre docentes y estudiantes en trabajos multidisciplinarios, donde dialoguen e interactúen las diversas tradiciones disciplinarias. Se trata de sentar las bases desde la ciencia, la cultura y la tecnología, para la construcción de nuevos paradigmas que nos posibiliten incidir en la mejora de vida de los sectores de la población afectados por problemáticas complejas.» Multidisciplina y nuevos paradigmas, sacudirse las inercias, buscar soluciones diferentes a problemas complejos y novedosos, habría que saber hasta dónde llega el atrevimiento. Otra pista que apunta a que se está al tanto de formas diferentes de hacer ciencia: «Se impulsará una colaboración cercana con el Centro de Estudios de la Complejidad de la UNAM, institución de vanguardia en nuestro país, para detonar proyectos de colaboración que promuevan el diálogo interinstitucional e interdisciplinario.» Hay información que debiera ser pública, la educación formal no puede seguir desvinculada de un entorno complicado, hay que salir de las cavernas de los laboratorios y cubículos, la realidad está afuera y hay que incidir en ella, cambiarla para bien de la mayoría o de las muchas minorías: «De igual manera, se promoverá la divulgación y difusión de los saberes y quehaceres universitarios como dos tareas importantes de la Universidad. [...] Daremos un importante impulso al fomento del pensamiento crítico-propositivo y a la lectura. Se creará el programa Libros e Ideas Libres, que buscará fomentar entre los universitarios la reflexión sobre las problemáticas y preocupaciones en torno al mundo contemporáneo, detonar procesos creativos, así como facilitar el acceso e intercambio de libros, ideas y todo aquello que contribuya a fortalecer el pensamiento crítico y la lectura.» Eso es importante, la lectura no es solo descifrar signos y sonidos, es recrear el mundo, construir nuevos significados, apropiarnos de la realidad de formas diferentes. Si acaso la crítica principal es que toda la propuesta viene con el freno de mano puesto, esa fetichización del consenso a toda costa no funciona, la racionalidad no se puede imponer porque le falta el otro componente, el afectivo-emotivo, somos seres sentipensantes como dice Eduardo Galeano que le dijeron ciertos pescadores colombianos. Y toda la propuesta está condicionada a un consenso imposible. Por su parte, la Dra. Teresa García Gasca se percibe como más cercana a las propuestas de la Reforma Educativa en curso en la educación básica, con sus novedades, hasta la forma de plantear las cosas se siente “tecnocrática”: «Además de la formación disciplinar, es necesario asegurar la formación integral que permita la adquisición de habilidades, competencias y valores. La enseñanza de una segunda lengua es fundamental para aumentar la competitividad en un mundo globalizado. Nuestras lenguas nativas también deben ser consideradas como criterio en la enseñanza de una segunda lengua. [...] La UAQ como Universidad Responsable y Comprometida con la Sociedad, debe contribuir a solucionar los problemas que afectan a los diferentes sectores a través de acciones de vinculación social, tecnológica, científica y cultural. Debe privilegiar la formación integral de los estudiantes, la autosuficiencia de las comunidades, el desarrollo de tecnología, la divulgación del conocimiento y la producción y la preservación de la cultura. [...] Como todo proceso, el modelo administrativo debe ser sujeto de evaluación para conocer su eficiencia y capacidad resolutiva. Es por ello que cada uno de los componentes debe pasar un proceso de evaluación, certificación y por los respectivos indicadores de calidad, tales como los sistemas ISO.» De lo más rescatable, aunque es más político que académico: «Realizar la gestión para lograr el del 3% del presupuesto estatal para Universidad.» Si mal no recuerdo, por allí hay alguna mención a la transdisciplina, pero como simple enunciado y no como recuperación del Manifiesto de Arrábida. El Dr. Arturo Castañeda Olalde va a la segura, recupera algunos de los planteamientos de documentos de la UNESCO, pero curiosamente se olvida de otros, como de la fuerte corriente de la Multidisciplina y el Pensamiento Complejo, su diagnóstico está bien, aunque ya resulta obvio: «Se pueden apuntar como rasgos de nuestro tiempo: la globalización neoliberal y su impacto en el mercado mundial, tanto como la búsqueda incesante de los pueblos por establecer gobiernos democráticos. Sin embargo, a la par que se avanza hacia la “sociedad de conocimiento”, se profundiza la desigualdad económica, la marginación social y el deterioro ambiental, hasta niveles que ponen en riesgo la viabilidad de toda la humanidad.» Bueno, se nos olvida que todas las sociedades, en su tiempo, a su modo y velocidad han sido “sociedades del conocimiento”. Después sigue una larga serie de citas de documentos de la UNESCO con los que difícilmente se puede estar en contra, y aun así hay quien los abomina, los que se resisten a los cambios, los que creen que el inmovilismo es lo mejor mientras les convenga, bueno, va una de las citas que parecen más importantes: «Hacer avanzar nuestra comprensión de problemas polifacéticos con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, así como nuestra capacidad de hacerles frente. La educación superior debería asumir el liderazgo social en materia de creación de conocimientos de alcance mundial para abordar retos mundiales, entre los que figuran la seguridad alimentaria, el cambio climático, la gestión del agua, el diálogo intercultural, las energías renovables y la salud pública” (UNESCO, 2009: 2).» Aunque luego se clava en el eficientismo, porque lo que hay que procurar es: «la generación de conocimiento socialmente útil», todavía muy en la línea de la separación entre ciencia pura o teórica y ciencia práctica, como si fuera cierta. También se casa con el rollo ese de la educación “de calidad”, sin cuestionar el fondo ideológico del concepto. La virtud del proceso de elección de Rector de nuestra Universidad pública es que permite conocer y contrastar las propuestas, allí está el acento y no en las descalificaciones, hay que cuidarlo, garantizarlo con la suficiencia académica y ética de los contendientes, apoyar siempre frente a los intereses que pretenden domesticarla, volverla el semillero de una casta política ineficiente y corrupta. Ya no estamos para eso.

INVENTANDO AMÉRICA

Joaquín Córdova Rivas Todavía en mi infancia se conmemoraba como el día del “Descubrimiento de América”, después el nombrecito cambió queriendo zafarse de una amplia corriente de repudio. “Día de la Raza”, “Encuentro de dos mundos”, pongámosle el nombre que sea, la vieja Europa tenía la necesidad de sacudirse caducas formas de pensar, a la vez que encontraba una manera de justificar el peculiar salvajismo de la conquista y colonialización, algo que permitiera el genocidio, la carencia absoluta de piedad y misericordia, cualidades tan cristianas que solo se practican cuando resulta política y religiosamente conveniente. Esa vieja Europa, necesitada de algo que revitalizara sus desgastadas utopías, al grado de necesitar construir otra que les diera sentido a años de guerras sin más pretexto que las ambiciones de monarquías con diversos grados de locura. O quizás, siguiendo la pista que sugiere Carlos Fuentes, encontrada en los escritos de Edmundo O’Gorman, América no fue “descubierta”, sino que fue “inventada” por los europeos, porque la necesitaban para sacudirse esos viejos moldes que les impedían transitar de la Edad Media al Renacimiento, hacía falta una utopía que le diera ese impulso definitorio. Ni qué decir, que esa invención de un territorio que siglos antes ya había sido “descubierto” por las diversas culturas indígenas, que ya la habitaban, y en la que habían construido verdaderas formas, diferentes a la europea, de relacionarse con su ambiente y hasta con las ciencias y el universo, tenía que pasar por un proceso de destruir o al menos “invisibilizar”, esas culturas, tan poderosas, que siglos después emergen como una alternativa, quizás tardía, a la destrucción de lo que hace que este planeta sea amigable con la especie humana. Sin embargo, esa invención de “América”, como una especie de paraíso perdido y finalmente encontrado, pasó por un largo proceso de fabricación, porque había que hacer compatible el hallazgo de esas tierras ignotas con la idea predominante de la forma y extensión de la tierra, había que comprobar que eran algo diferente a la Asia que describía Marco Polo, y que era accesible por vía marítima, dado que la ruta de la seda seguía siendo larga, peligrosa y sujeta a cambios frecuentes de dominio territorial por la guerras, invasiones y expansión de tribus guerreras, muchas desconfiadas de esos bárbaros que tenían creencias totalmente diferentes, pero destructoras para ellos. Todavía en 1500, siete años después del primer viaje de Cristóbal Colón, seguían existiendo serias dudas acerca de lo encontrado. Dejando la reputación del genovés en vilo. Ese llamado “orbis novus” por Pedro Mártir, todavía no era la necesitada y anhelada América. Hizo falta que, en 1502 Cristobal, hiciera otro viaje a la vez que Américo Vespucio hacía 4 travesías más para que, en noviembre de 1504, se vislumbrara, sin asegurar con certeza, que se estaba a la vista de algo diferente a lo propuesto y defendido por Colón. Para dar una idea de las creencias que implicaba reconocer que se encontraban ante tierras desconocidas para la cristiana Europa, O’Gorman explica que: «El pensamiento de Vespucio es bien claro si lo referimos al horizonte cultural que le presta su significación. En efecto, para él, como para cualquier contemporáneo suyo, la palabra "mundo" aludía, según ya sabemos, al orbis terrarum, a sólo la Isla de la Tierra, o sea a aquella porción del globo que comprendía a Europa, Asia y África y que le había sido asignada al hombre por Dios para que viviera en ella con exclusión de cualquier otra parte. Es así, entonces, que si a Vespucio le pareció lícito designar a los países recién explorados por él como un "nuevo mundo", es porque los concibió, según ya los había concebido hipotéticamente antes Cristóbal Colón, como uno de esos orbis alterius admitidos por los paganos, pero rechazados por los autores cristianos en cuanto que podía implicar una inaceptable y herética pluralidad de mundos.» http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libros/166.pdf ¿Cómo explicar ese “descubrimiento” sin confrontarse, momentáneamente, con los dogmas religiosos de la época? Una manera provisional fue a través de un documento: «el célebre folleto intitulado Cosmographiae Introductio, publicado en 1507 por la Academia de Saint-Dié, que incluyó la Lettera de Vespucio en traducción latina, y la no menos célebre y espectacular carta geográfica destinada a ilustrarlo, el mapamundi de Waldseemûller, también de 1507. En la Cosmographiae Introductio se dice: a) que, tradicionalmente, el orbe, es decir, la Isla de la Tierra en que se alojaba el mundo, se ha venido dividiendo en tres partes: Europa, Asia y África; b) que en vista de recientes exploraciones, ha aparecido una "cuarta parte"; c) que, como fue concebida por Vespucio, no parece que exista ningún motivo justo que impida que se la denomine Tierra de Américo, o mejor aún, América, puesto que Europa y Asia tiene nombres femeninos, y d) se aclara que esa "cuarta parte" es una isla, a diferencia de las otras tres partes que son "continentes", es decir, tierras no separadas por el mar, sino vecinas y continuas.» Tiene razón Carlos Fuentes, la “invención” de América no solo pasó por las carabelas de Cristóbal Colón, o por los viajes del resto de los navegantes españoles y portugueses, sino que también confrontó corrientes filosóficas, algunas que impedían el paso de una época histórica a otra significativamente diferente, y otras, que pregonaban la necesidad de deshacerse de formas viejas de ver al hombre y su relación con el universo. Carlos Fuentes. Espacio y Tiempo del Nuevo Mundo en descargacultura.unam.mx Mientras, nuestros pueblos originarios se enfrentaron a mecanismos desconocidos de exterminio, que nunca imaginaron.

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA

IDEOLOGÍA RECONSTRUCTIVA Joaquín Córdova Rivas Es cierto, en un primer momento nuestros sentidos son indispensables para apropiarnos de la realidad que nos rodea. Pero, si nos quedamos allí nuestro mundo se hace chiquito, del tamaño de nuestros brazos, de lo que alcancen a tocar nuestras manos, de lo que vean nuestros ojos, de lo que huela la nariz, de lo que oigan los oídos, de lo que pruebe nuestra lengua, y aun así, nada garantiza que mi agudeza visual sea la misma de los demás, tampoco que sienta, huela, saboree o perciba las texturas igual que el resto de mis semejantes. Cada uno tiene su forma de relacionarse sensitivamente consigo mismo y con lo que tiene al alcance. Y no hay forma completa de saber lo que siente cada quien. Agreguemos una cosa más, todo lo que sentimos está mediado por nuestro cerebro, allí se concentran todas las estimulaciones sensoriales y se interpretan. Y esa interpretación también es muy personal. Aprendemos que ciertos olores son desagradables porque indican que hay cierto peligro en tocar o comer lo que nos puede dañar, pero ese aprendizaje depende de los otros, de los que nos acompañan en nuestra tierna infancia, pero lo que para algunos puede ser un contacto amoroso, para otros, eso mismo, puede ser parte de una agresión mayor; lo que alcanzamos a ver tiene también sus efectos, para algunos será arte, para otros simples trazos al azar; hay quien se deleita con un buen vino tinto, otros que no aprecian una bebida de otra, y así podemos seguir con el resto de los sentidos, y aun así faltarían los interoceptivos, esos que nos avisan cómo nos sentimos o en qué posición y distancia estamos con respecto al suelo, o los que cuidan nuestros pasos y equilibrio, o los que sienten las lejanas miradas. Pero no nos conformamos con eso, para salirnos de la limitada cercanía sensitiva inventamos los conceptos, las palabras, el lenguaje. Y entonces, como dicen los clásicos, nuestro mundo, el de cada uno, es del tamaño de ese lenguaje, porque nos apropiamos de lo que nombramos, lo que no tiene nombre para mí, no es parte de mi mundo. Aprendemos a amar y a odiar, a vengarnos o a perdonar, encelarnos o confiar, a pensar y creer que en colectivo podemos vivir mejor, o, al contrario, que el individuo está por encima de todas las cosas y que su libertad vale más que el bienestar de todos, por eso nos agrupamos alrededor de ideologías, de formas de ver e interpretar lo que somos y queremos ser. Por eso, predicar que las diferencias ideológicas ya se sobrepasaron, que ya no existen, que no son necesarias, solo sirve para legitimar e imponer el estado actual de las cosas, fomentar el inmovilismo, el conformismo como bandera social. Así, el discurso del engaño se instala y se normaliza, como muchas cosas indeseables en nuestras vidas. Parece que todos queremos lo mismo, pero la forma de lograrlo puede hacerlo posible o imposible, puede facilitarlo o eternizarlo con las consecuencias sociales —pobreza, muertes por abandono y enfermedad, simple sobrevivencia en lugar de una vida digna— que todos, bueno, casi todos, vemos. No, no es lo mismo la izquierda que la derecha. No es lo mismo establecer políticas sociales para distribuir la riqueza que producimos todos, a creer que hay que concentrar la riqueza en pocas manos para después distribuirla —lo que nunca ocurre, pero es que hay que tenerles paciencia—. No es igual promover y reconocer los derechos de todos, incluso los de las llamadas minorías, que imponer, por la coerción y fuerza del Estado, lo que piensa y cree un pequeño grupo de iluminados que expropia la capacidad de pensar que tenemos todos, disque por nuestro bien, o un hipotético “bien común” que curiosamente nunca se alcanza. Hasta llegamos a justificar políticas de combate a la pobreza que producen más pobres, perdonar deudas fiscales de grandes corporativos que tienen dueños específicos, y ahorcar a los miserables contribuyentes cautivos quienes además “gozan” de salarios miserables y cada vez menos derechos laborales. Pregunta impertinente: ¿por qué las fundaciones de los ricos esperan a que se les done para ellos donar a los damnificados de los desastres naturales, no podrían hacerlo y ya? ¿o es que así duplican sus deducciones fiscales? Pruebe su ideología. Hay maneras diferentes de interpretar la realidad. Nos arrojan el anzuelo de “renunciar” al dinero de las campañas electorales, a cambio de retroceder unas décadas en la representación política equilibrada, que se logra, o al menos se hace posible, con las posiciones plurinominales. Regresar a que la minoría menos pequeña se lleve todo, beneficia al voto duro, corporativo, comprado, que ya sabemos quién tiene. Mientras, las consecuencias de la corrupción aparecen en nuestras carreteras, libramientos viales, calles y edificios mal construidos, nos quieren cambiar unos hipotéticos 9 mil millones de pesos para la reconstrucción del país, que requiere de todo lo que se han robado, a cambio de que nos olvidemos que uno solo de sus gobernadores “desvió” 35 mil millones, buen negocio. Pero habría que olvidarse de los 3 años del crimen impune de Ayotzinapa, de Tlataya, de las redes de trata que cruzan nuestros territorios, de chupaductos y huachicoleros, del acoso y espionaje a dirigentes sociales que buscan desenmarañar las redes de corrupción que invaden todo, de los periodistas que investigan y encuentran lo que otros quieren mantener oculto e impune. La reconstrucción no requiere solo de dinero, que también buscarán “desviar” a sus bolsillos y cuentas bancarias, también de coraje, impaciencia, organización y resultados.

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA MANCHA Y LA PUREZA

Joaquín Córdova Rivas Estamos obsesionados con el orden, con inculcar una disciplina que forje al carácter, con educar para imponer principios y virtudes que niegan parte de nuestra naturaleza, con encontrar lo simple en medio del caos que nos rodea. Pero la realidad parece que no es así, que no se domestica a nuestro deseos y afanes de sobrevivencia, que la complejidad está por encima de nuestro entendimiento, que lo simple es una ilusión pasajera. Diferenciar el bien del mal puede que no sea tan fácil como parece, aunque llevemos milenios intentándolo; desde diferentes aproximaciones tratamos de convencernos de que lo que es, y lo que debe ser, puede ser separado sin trauma alguno. Pero no todo es como queremos hacerlo parecer. En una provocadora reseña de Fernando García Ramírez se focaliza el origen del problema: «Desde su panóptico, Hans Magnus Enzensberger observa todo. Se pregunta por las cosas de las que no solemos ocuparnos. Entre ellas, la mancha. “¿Por qué los filósofos han omitido el problema de la mancha?” Basta con que dejemos algo a la intemperie para que se manche. Salimos de casa limpios por la mañana y por la tarde regresamos cubiertos de manchas. Salimos de la juventud impoluta al mundo, y la vejez nos va imponiendo manchas en el rostro y en las manos. ¿De dónde salieron? La realidad ensucia. El tiempo mancha. Hacemos todo lo posible para quitárnoslas, pero es inútil. Gastamos mucho dinero y esfuerzo en tratar de borrar las manchas de la ropa, en limpiar el cuerpo con jabones y afeites; en trapear el piso y fregar los trastos, en lavar el carro y barrer las calles. Todo esto es muy extraño porque en la naturaleza no existe la pureza. “La normalidad –señala Enzensberger– significa mezcla, desorden, desbarajuste, polución, cohabitación, metabolismo, mixtura.” Y sin embargo, en vano limpiamos, tallamos, pulimos sin cesar: puntual, la mancha reaparece siempre. En el mundo se emplean al año veintidós millones de toneladas de detergentes. Nuestro afán permanente de limpieza ensucia el mundo. Esas toneladas de limpiadores terminan en el mar. No nos importa. No nos damos cuenta, como apuntó Philip Roth en su novela, de que la mancha es humana. Como Lady Macbeth, nos lavamos interminablemente las manos porque no soportamos las manchas de sangre, en nuestro caso, de los animales que nos comemos, de la grasa con la que los freímos, de la mierda que nos limpiamos.» Fernando García Ramírez 16 Julio 2017 http://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-dificultad-explicar-lo-normal Paro hay de manchas a manchas. Exhibimos la corrupción y a los corruptos, cuando se descuidan y se quedan sin parte de la protección que los multiplica, creemos que eso será suficiente como represalia y castigo, desnudamos esa mancha que afea su humanidad y la sometemos al escarnio público, pero si el filósofo alemán tiene razón, quizás nos identifiquemos con el corrupto, secretamente lo justifiquemos —“está mal pero yo habría hecho lo mismo”, “el que esté libre de corrupción que tire el primer fajo de billetes”—, y en el extremo, hasta lleguemos a envidiarlo. «Lavamos y limpiamos porque, como ningún otro ser en el planeta, aspiramos a la pureza. A vivir sin mácula. Para eso sirve la religión, para lavar el pecado a través de la confesión, comunión, expiación, sacrificio. Para eso sirven las leyes: para mostrarnos qué mancha y qué no. El problema con la obsesión de limpieza, más allá de la contaminación que genera, se da cuando “trasciende el ámbito privado y se convierte en la idea fija de un colectivo”. El afán de limpieza colectiva señala y condena al que le parece sucio, manchado, oscuro, pecador, de sangre impura. “Es en la limpieza de justificaciones éticas o ideológicas donde el lavado obsesivo muda en genocidio”, sentencia y advierte el pensador alemán.» Claro que no hablamos de esas manchas que discriminan al que nos parece extraño a nosotros, por el miedo de reconocernos en él. Hablamos de los malos, los que atentan contra un orden que suponemos sirve para reforzar nuestra pacífica y equitativa convivencia. Sabemos que, si alguien abusa de un poder que no le es propio, atenta de alguna manera contra todos. Ese que se mancha voluntariamente, que se mete en el fangal moral o ético puede salpicarnos a todos, más si nos percatamos que los límites de la pocilga no están tan definidos como creemos. Con todas nuestras dudas, con las manchas que aparecen sin cesar ni dar tregua a nuestros afanes de pureza, sin negar lo que somos y aspirando a lo que podemos ser, vale la pena señalar y castigar a los que ensucian esta humanidad eternamente incompleta. «El mundo es una mancha, sí. El caos siempre vence, las dudas son interminables, los sistemas complejos son imprevisibles, los engranajes nunca son perfectos porque los perturba la gente, ningún pueblo es el elegido de Dios, los ideales de la Ilustración han perdido su razón de ser. Todo esto es cierto, pero estamos aquí y hay que disfrutarlo. “La verdad debe ser buscada por todos”, dice Enzensberger.»

GRADUADOS Y ATURDIDOS

Joaquín Córdova Rivas Fuente de satisfacción personal, orgullo familiar, esperanza social. Los logros educativos pueden ser eso y más, pero también menos. Temporada de graduaciones, nuestros jóvenes celebran el término de la ahora llamada “educación básica obligatoria” que legalmente abarca desde lo que conocemos como preescolar, pasando por primaria y secundaria, para rematar con el bachillerato o preparatoria. En términos legales y de desarrollo, es un tránsito desde la infancia hasta la mayoría de edad. Por eso el trayecto escolar es importante. No solo la escuela educa, también lo hace y de manera determinante la familia, también la iglesia —cualquiera de ellas—, los medios de comunicación, las ahora omnipresentes redes sociales, el entorno urbano o rural y sus costumbres y tradiciones, la vida misma que engloba todo lo anterior y lo que haga falta. La educación formal debiera aspirar a formar ciudadanos críticos, reflexivos y bien informados, además de hacer posible la adquisición de conocimientos necesarios en un contexto histórico actual, y de desarrollar habilidades para aplicarlos para un beneficio colectivo y personal. Muchas veces remará contra la corriente enfrentándose a prejuicios, discriminaciones, intolerancias, imposiciones, supersticiones, desidias, impunidades y corrupciones; con el riesgo de normalizar y legitimar un desorden social injusto y represivo. Pero los riesgos siempre están allí y hacer nada no es una opción. Hay que celebrar con gozo y con cautela, no son cualidades contrarias, menos en estos tiempos convulsos y acelerados. En una sociedad tan desigual como la nuestra todo parece irse a los extremos sin encontrar un equilibrio que disminuya las tensiones sociales, que de tan fuertes llegan a romper un tejido social ya muy dañado. «Se ha generado desde arriba y en torno nuestro una violencia ambiental que todo lo permea y se vuelve lo usual, y que paulatinamente va reduciendo también lo poco que va quedando para vivir sin temor. Y esto es sumamente grave porque va contra los espacios que siempre han sostenido la carga más pesada para que los conflictos no se salgan de cauce, para que tengan contención (en su sentido de algo que acoge y repara): lugares como la pareja, la familia, el grupo escolar, la escuela, la comunidad, los vecinos, el barrio, la unidad habitacional. [...] Crecientemente estos espacios pequeños pero vitales, también están bajo acoso. Es el efecto de las grandes políticas y, sobre todo, de las grandes decisiones que han trastocado la ecología social y que se han convertido en el medio denso y opaco que todos habitamos y respiramos sin importar donde estemos. Es la atmósfera que crean las políticas neoliberales del Estado, los medios y una economía capitalista feroz, nutrida por el narcotráfico y la corrupción. De ahí surgen y se nutren los procesos de desmembramiento de familias y comunidades, la migración y el reforzamiento de la atmósfera violenta. Los promotores del rompimiento de las normas de la convivencia económica antes regulada por la política social, desmantelaron los grandes acuerdos sociales que a su vez alentaban y reforzaban a esos millones de acuerdos pequeños de la malla fina que sostiene la sociedad. Ese es el gran error de un Estado que no promueve el bienestar sino, primordialmente, busca ofrecer condiciones competitivas a la inversión y al comercio internacional. Cuando la mitad de la población económicamente activa no tiene un trabajo formal y sigue estancada en la pobreza, cuando millones viven del subsidio oficial y no de fuentes dignas de trabajo, cuando las escuelas superiores son escasas, se vuelve difícil argumentar que la violencia social generalizada y difusa se debe a que como sociedad no somos suficientemente represivos.» Hugo Aboites. Violencia contra la educación. http://www.jornada.unam.mx/2017/06/24/opinion/016a2pol Allí están presentes las desigualdades sociales, no es lo mismo graduarse en un Colegio de Bachilleres, un CONALEP o cualquier otra escuela pública, que hacerlo en una privada para familias de altos ingresos. Las primeras, atendiendo a las mayorías que muestran los efectos generacionales de esa desigualdad, de la incertidumbre en el futuro y luchando por compensarlos, y las segundas, necesariamente selectivas y discriminadoras, sumidas en la autocomplacencia de los privilegios heredados, de las certezas inmerecidas. El académico, periodista y escritor Ricardo Raphael utiliza como metáfora social un edificio de 10 pisos para explicar la desigualdad y escasa movilidad social: «En México, sólo 4% de quienes se encuentran hasta arriba empezaron la vida en la planta baja de la construcción social. 1 de cada 2 personas nacidas en los dos primeros pisos de abajo tendrá hijos que vivirán ahí mismo. La niña mazahua que vende chicles en la esquina de un barrio elegante tendrá antes de los dieciséis años una hija cuya historia repetirá de manera casi idéntica los pasos de su progenitora; el azar jugará para ella un papel menor porque su biografía ha sido determinada de antemano. Si se coloca la cámara en el otro extremo, resulta que los habitantes de los pisos 9 y 10 son muy afortunados: únicamente 4 de cada 10 llegan a descender al piso 8 y sólo 2 de cada 10 caen más abajo. Mientras los residentes del edificio mexicano la tienen muy difícil cuando quieren subir, quienes están alojados en los pisos superiores corren pocos riesgos de descender. La oportunidad la asigna la cigüeña y después de ello hay poco más que hacer. La razón principal de pertenencia al estrato social deriva del nacimiento, no del mérito, el esfuerzo o las oportunidades.» https://cursosespeciales.files.wordpress.com/2011/07/3-1_raphael_mirreynato_vii.pdf En esas condiciones, una reforma educativa que pretenda una mayor movilidad social topará con las resistencias de quienes ya se apropiaron, de manera exclusiva, de los pisos superiores de este imaginario edificio. Hay que demostrar, por si hiciera falta, que pobreza generacional no es destino y que riqueza heredada o ajena tampoco es garantía de éxito.

EL ESTILO DE GOBERNAR

Joaquín Córdova Rivas No recuerdo que en la historia reciente de Querétaro sucedieran varios hechos que, relacionados, llevaran a pensar en un rompimiento irreparable en la comunicación política entre ciudadanos y gobernantes. Ha habido desencuentros y francas confrontaciones, hasta se ha utilizado a la fuerza pública contra sectores vulnerables de la población con el pretexto de “poner orden” o siguiendo —siquiera como coartada— polémicas resoluciones judiciales. Pero que profesionistas, habitantes o usuarios frecuentes del centro histórico expresen inconformidades por la falta de consenso en la construcción de obra pública, y que por no sentirse escuchados y tomados en cuenta decidan manifestarse hasta ser desalojados por la fuerza, eso sí no se había visto. La verdad, resulta asombroso que en pleno corazón del conservadurismo queretano, exista cuestionamiento e inconformidad contra un gobernante cuya principal característica sea personificar esa forma de pensar y actuar. Como que algo no cuadra. El enojo, la impotencia, la extrañeza por lo que se percibe como un uso desmedido de la fuerza, puede llevar a culpar a una persona, en este caso al presidente municipal de la capital queretana, de tener ciertos rasgos de personalidad que lo lleven a la cerrazón o al autoritarismo, hasta el momento no se ha escuchado que la indignación se dirija a su partido, al resto del gobierno municipal —por ejemplo los regidores, al encargado de seguridad pública, al secretario de obras públicas, a los concertadores políticos, a los encargados de comunicación social cuya tarea sería proveer la información suficiente y poner al alcance de los ciudadanos los argumentos de las acciones de su gobierno—, sino que las quejas y denuncias se enfilan directamente al munícipe. Podemos encontrar la razón de lo anterior en dos características de nuestro sistema político, primero, una debilidad institucional extrema, donde no existen controles a lo que se percibe como caprichos personales, o la simple satisfacción de intereses del mismo tipo. Y segundo, a que la debacle de nuestra democracia empodere a cualquier autoridad —en este caso del poder ejecutivo de un municipio—, por encima de lo que está políticamente pensado. Vamos, que nadie se atreva a pedirle cuentas o ponerle freno cuando se requiera, menos una ciudadanía que, desdeñada y sin voz que sea escuchada en las alturas del poder, inaugura formas diferentes para hacerse oír encontrándose con la fuerza como única razón de Estado. El estilo personal de gobernar —como dijera Daniel Cosío Villegas— era de uso presidencial, pero la atomización, producto de varias reformas políticas mal aplicadas, ha hecho que este término también se tenga que aplicar hasta el nivel de gobiernos municipales. Don Daniel lo explicaba así: «tomaré como punto de partida de este ensayo, una idea bastante obvia, puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le dé a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias, la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por lo tanto, en todos sus actos de gobierno». Cosío Villegas se refería en específico al sexenio echeverrista y a la forma de gobernar de dicho señor, siempre satanizado por, en primer lugar, la derecha política, por eso resulta extraño que esa corriente ideológica, tan refractaria al echeverrismo, haga lo mismo cuando ocupa cualquier puesto gubernamental, y que la “inmensidad” de ese poder quepa en los estrechos márgenes geográficos de un municipio. El 4 de mayo de 1995 Lorenzo Meyer —El estilo impersonal de gobernar, diario Reforma— escribía: «Daniel Cosío Villegas en El estilo personal de gobernar (Mortiz, 1974), y tras examinar el gobierno de Luis Echeverría, formuló una hipótesis: en nuestro país, una parte sustantiva de la política se explica más por las características personales de quien concentra y ejerce en grado desmedido el poder —el presidente—, que por las condiciones estructurales del sistema en que ese poder se ejerce. Otra forma de decir lo mismo es esta: la institucionalización política en México es deficiente y las personalidades importan mucho. Para don Daniel, no había duda que las características más desafortunadas del echeverriato —incongruencia, contradicción, improvisación, desmesura o ignorancia— coincidían con las peores características del propio Luis Echeverría Álvarez. En virtud de lo anterior, y según don Daniel, la esencia de la vida pública en México depende en alto grado de las características individuales de sus presidentes.» Vamos al meollo del asunto. Una céntrica avenida, que sí requería de reparaciones, es cuestionada por la excesiva tardanza en realizarlas y por el método absurdo de ensayo y error hasta para poner los adoquines. Otra calle importante del centro histórico intervenida sin que parezca existir una necesidad manifiesta, más bien parece simple capricho. Para colmo, se utiliza maquinaría que con su peso y excesivas vibraciones está afectando las viejas construcciones que le dan ese sello característico a un lugar catalogado como patrimonio cultural de la humanidad. Lo malo es que la información presentada en la página electrónica del municipio en cuestión, nos regala una ficha técnica que da por terminada la obra en el mes de enero de este año, siendo que el 25 de julio, fecha de la consulta electrónica, eso no era cierto. Más, la ficha técnica de la obra en la avenida Ezequiel Montes no aparece ni georeferenciada —http://www.municipiodequeretaro.gob.mx/transparencia_obraspublicas.php—. Otro detallito, la misma página advierte que está “actualizada” hasta febrero de este año. Como que es mucho desorden para ser accidental. De plano nuestra “institucionalidad democrática” está por los suelos, no hay quién les pida cuentas a nuestros gobernantes, ni su partido, ni una autoridad superior del mismo poder, y tampoco funciona la vigilancia de los otros poderes entre sí, cada quien hace lo que se le pega la gana sin más criterio que su propio capricho, por eso la corrupción está metida hasta el tuétano de nuestro sistema político. Ya se multiplican las voces de alerta, hasta los organismos empresariales están asustados del monstruito que alimentaron, hasta que creció al punto de amenazarlos directamente. Para la ciudadanía es otra cosa, es el descubrir que no hay casos aislados, que la represión es pareja, que la intolerancia se disfraza de orden público y arrasa con quien se deje.

APOSTAR POR LA MEMORIA

Joaquín Córdova Rivas Sienten que se les quema el tiempo, que los instantes vuelan como cenizas hacia la nada, que la historia ni siquiera los reclamará para un tardío ajuste de cuentas. Nuestros políticos viven en un tiempo paralelo donde los problemas del país y sus habitantes no merecen atención alguna. Es más, apuestan al olvido. Se arman y se desarman “frentes políticos, amplios, democráticos, necesarios e imprescindibles”, se cierran o abren posibilidades para candidatos externos o “ciudadanos”, en su tonta existencia temen descifrar lo que parecen indicar las encuestas elevadas a crípticos oráculos. No alcanzan a entender que las cosas no son lo que parecen, que los datos duros se interpretan, se les da significado. Después de la estupidez de los “daños colaterales” están empeñados en creerse una narrativa que los exculpa de cualquier complicidad, de cualquier omisión, de cualquier responsabilidad, de su propio olvido. Creen que el afán por construir una amnesia propia puede contagiarse y volverse colectiva. Pero pierden de vista lo básico y hasta con un verso se les puede desbaratar la falsa ilusión que los anima a caer en la ignominia: “Cómo voy a olvidarme/ si el olvido es memoria, / de qué debo olvidarme / están hablando en broma.” El cantautor Víctor Manuel San José sabe de viejas heridas, igual que toda su generación y las que siguieron a la Guerra Civil Española. Sabe, como nosotros estamos aprendiendo, que las catástrofes colectivas son tan amplias y profundas que no cabe el olvido, aunque estén “dosificadas” y formen parte de un paisaje que apuesta por la normalidad. Un ejecutado por aquí, un descuartizado por allá, una desaparecida por cualquier lado, un extorsionado que por temor calla, cualquiera que es despojado de parte de su vida, otro a quien le secuestran la tranquilidad familiar, pero son tantos y por todas partes que sin querer se van entrelazando, son tan profundas las heridas que no cabe la distracción, ni la negación duradera, mucho menos el olvido. También desde el arte, en este caso la fotografía, desde el ser una mujer mexicana sabedora de pertenecer a un país y una sociedad que se desmorona sin que parezca reaccionar, desde una exposición de su obra titulada Pista de Baile, Teresa Margolles, dicen sus reseñas «Además de ecléctica creadora, se formó como técnico forense en México. Así empezó, poniendo ciencia y luz sobre las causas del fallecimiento. El crimen como ventana. Por eso, su obra pone siempre su aliento en la violencia. Lo posa sobre su cruel naturaleza como si la frotara. Crisis y desmembramiento. Política y descomposición. Violencia y muerte. A estas trágicas presencias destructoras saca de su espacio oculto y periférico y las instala con piel y fluidos en el nuestro para que obren y respiren como denuncia y huella. La íntima comprensión de lo terrible se deja sentir. También su furia. Su obra grita al silencio y al trauma de la desaparición y su arbitrariedad. Y por derecho, acusa y enfrenta al poder político con esa realidad de luto y duelo que ha creado y que, además, fomenta. Cuestiona también nuestra comprensión y hasta nuestra sensibilidad farisea. Nos pone en entredicho por no ver ni tomar conciencia ni posición ante la injusticia social o de género y la agresividad que le pertenece”.» http://www.plataformadeartecontemporaneo.com/pac/pista-de-baile-de-teresa-margolles/ Si nuestros medios de comunicación masiva están apañados y empeñados en crear esa falsa normalidad macabra: “si lo desaparecieron, ejecutaron, levantaron, descuartizaron, asesinaron, robaron es porque andaba en malos pasos”, todo se justifica enlodando a las víctimas sin perseguir a los victimarios. Pero ni así les alcanza, la valentía y terquedad de los familiares, amigos, compañeros y ciudadanos solidarios, saca a la luz las falsedades del discurso oficial: «México se acerca a su momento más mortífero en décadas: más de 100.000 muertes, 30.000 desaparecidos y miles de millones de dólares en la hoguera de la lucha contra el crimen organizado, y las flamas siguen vivas. En los primeros seis meses de este año ya se han dado más homicidios a nivel nacional que en el mismo periodo de los últimos veinte años, cuando empezaron los registros.» https://www.nytimes.com/es/2017/08/04/violencia-mexico-homicidios-tecoman/?mc=adglobal&mcid=facebook&mccr=ES&subid=LALs&subid1=TAFI No, no nos olvidamos que todas y cada una de las víctimas tienen un nombre, una familia, una historia; que esta supuesta guerra contra el narcotráfico, contra la delincuencia organizada en complicidad con las esferas del poder formal, tiene como principales víctimas a los ciudadanos comunes y corrientes: «La camioneta se detiene bruscamente frente a un grupo de hombres que platican bajo los escupitajos solares del mediodía, quienes ven la escena de lejos se vuelven espectros que desaparecen. Del auto baja un comando armado de encapuchados, pueden ser sicarios del narco o policías: saben por quien van aunque a veces el elegido sea inocente, un miserable con la suerte podrida. A puñetazos, patadas y empellones lo suben a la camioneta, vociferan, se burlan y con un odio tremendo lo sentencian. Suben al automóvil y con la misma violencia se alejan para dejar en el ambiente un olor a sangre, impunidad y terror.» Javier Valdez Cárdenas, Levantones, historias reales de desaparecidos y víctimas del narco. México 2012. Mientras esto pasa, nuestros dioses aztecas, mayas, o de cualquiera de nuestro amplio abanico de pueblos originarios reclaman a sus guerreros, dos de los más recientes, entrañables para nuestra generación de chavo rucos: Eduardo del Río Rius y Jaime Avilés, representantes dignos de esa izquierda socarrona que todo ponía en duda y que no dudaba en denunciar lo que consideraba injusto o falso. Nuestros políticos jugando entre ellos a decidir nuestro futuro, o más bien cómo robárselo, nosotros apostando por la memoria a la que le canta Víctor Manuel: «Cómo voy a olvidarme / ya sé que les estorba / que se abran las cunetas / que se mire en las fosas / y que se haga justicia / sobre todas las cosas / que los mal enterrados / ni mueren ni reposan.»

A LOS HÉROES

Joaquín Córdova Rivas Somos las historias que contamos, con las que nos sentimos identificados con los demás, las que nos unen porque simpatizamos con quienes las protagonizan, porque odiamos a quienes se nos oponen. Existe una narrativa oficial, creada desde el poder que a los héroes y villanos los pone en blanco y negro, sin matices, como condenados a padecer en un inframundo descolorido. Es la historia de mármol, de los héroes que pueblan las glorietas, las avenidas, las escuelas abandonadas a su suerte en los lugares más inaccesibles y miserables, los de los nombres de las calles que se repiten a lo largo y ancho del territorio, las figuras en poses imposibles e impasibles de nuestros billetes y monedas. Nada hay de malo en recordar a “los héroes que nos dieron patria y libertad”, siempre y cuando no se olvide que representan mucho más de lo que fueron individualmente, que la remembranza alcance los cientos o miles que estuvieron junto con ellos, que le digamos a nuestros jóvenes y niños que además de personas de carne y hueso representan valores que consideramos vale la pena practicar: la Independencia, la Libertad y autodeterminación, la idea de una Patria que nos diferencie, sin separarnos absolutamente, de aquellas que nos precedieron. Pero nuestra historia, como parte importante de nuestro presente, no puede permanecer inmutable. No se trata de entrarle al revisionismo, de esculcar bajo sus faldas, entre sus sábanas o en las cantinas, los héroes ya cumplieron con su reto histórico y lograron deshacerse de sus miedos y pensar, proponer y pelear por algo en que creían, no solo para ellos, principalmente para un colectivo que necesitaba el motivo para aglutinarse alrededor de alguien que simbolizara las necesidades de cambio. Sí se trata de actualizar nuestros héroes, reconocernos en personajes que enfrentaron las injusticias de nuestro tiempo más reciente, identificarnos con quienes han dado más que su vida luchando contra la corrupción y la impunidad, con quienes representan la lucha por los derechos humanos, los que simbolizan y defienden a la diversidad social, a la pluralidad ideológica, a la tolerancia como forma de convivencia, a quienes rechazan y señalan la discriminación, a quienes desvelan los engaños y desnudan a los falsos profetas, a quienes se resisten a ser las víctimas de siempre y buscan a sus desaparecidos, a quienes piden justicia por sus ejecutados o levantados, a quienes exigen seguridad y se resisten a la delincuencia, a quienes denuncian públicamente a los omisos y cobardes. Entonces nos sobran héroes. Lo que no es necesariamente bueno porque indica que hay mucho que requiere corregirse de manera urgente, porque señala que no estamos cumpliendo como sociedad para protegernos entre nosotros y estamos a la merced de una autoridad omisa o cómplice. Porque lo heroico de muchos corresponde a la cobardía, indiferencia, victimización, falta de solidaridad de miles o millones, que pretenden pasar, inútilmente, desapercibidos para que “no me pase nada malo”. Esperar que otros hagan lo que muchos no hacemos, que pocos se sacrifiquen por los que no nos esforzamos, que algunos se jueguen la vida por principios que todos compartimos pero que casi nadie sigue hasta sus últimas consecuencias. No hay héroes anónimos. Es una contradicción. Sí existen las mayorías que hablan con sus acciones cotidianas, que enaltecen la humanidad sin querer ni buscar votos o reconocimientos, que dan esperanza porque son como nosotros, igualitos pero congruentes, decididos, incorruptibles, honestos. Que nos inspiran a ser todos mejores por el simple gusto de serlo, porque así vivimos mejor y podemos soñar sin remordimientos. Necesitamos héroes, pero que sean poquitos porque no sean tan necesarios, porque nos encargamos y cuidamos de los otros. Porque no haya tantas víctimas por salvar ni tanto corrupto por exhibir y castigar. ¡Que vivan los héroes! Que vivamos todos sin tener que necesitarlos tanto.

TEMBLAMOS - EL AMOR COMO COARTADA

Joaquín Córdova Rivas Todos lo sabemos, nuestro planeta está vivo y no se queda quieto, a pesar de que lo habitamos los que creemos ser los reyes de la creación. Esta esfera azul no responde a deseos humanos, pero sí a la devastación que sufre por ellos. Las sacudidas en su corteza pretenden aliviar tensiones profundas y no se anuncian, a pesar de las teorías conspiratorias, de los apocalípticos de la posverdad que siguen cosechando “likes” en las redes sociales, la Tierra tiene su forma propia de reaccionar y de acomodarse en este brevísimo lapso universal. Apenas nos alcanzan el conocimiento y la experiencia, para prever que existen lugares más vulnerables a fenómenos naturales que otros: los lechos de los ríos, las costas que por kilómetros apenas rebasan el nivel del mar, la cercanía con volcanes activos, las laderas de cerros y montañas empinadas o deforestadas, los enormes espacios abiertos para que los vientos y tormentas jueguen a placer, prácticamente no hay sitio sin riesgo, y aun así, la tragedia —como conjunción de los fenómenos naturales y las desigualdades sociales humanas— se ceban con los más débiles, los más pobres, los desprotegidos. Y la debilidad, la pobreza y la desprotección son factores provocados por nosotros mismos. Se derrumban edificios de departamentos o antiguas iglesias y monumentos, escuelas viejas y algunas no tanto, pero con pegotes mal construidos. Aparece la cara de la corrupción por los materiales baratos cobrados caros, por las fallas de diseño para incrementar las ganancias, por la mordida a la autoridad para que permita construir en lugares inadecuados. Y los jodidos de siempre sufren más que los ricos. Aparece la solidaridad para paliar la tragedia, para salvar a quien se pueda, para rescatar lo que quede. Los jodidos —que somos casi todos— ayudando a los semejantes, compartiendo lo que se tiene: las energías del cuerpo, los alimentos que se puedan conseguir, el material de curación que ni siquiera guardamos en casa porque esperamos nunca necesitarlo, las herramientas que milagrosamente encontramos; de repente nos sentimos parte de algo que nos rebasa, nos volvemos generosos, hasta perdemos los miedos que por sexenios nos han inculcado. Los medios de comunicación masiva ahora no sufrieron daños en sus estructuras, pero el parloteo incesante, innecesario, absurdo, le ganó a las noticias; la guerra por el “rating” los hizo trabajar a marchas forzadas, pero su aportación quedó menguada por las redes sociales, más ágiles y por lo mismo imprecisas, a veces alarmistas, incesantes hasta para inventar cosas que no ocurren. Hay que aprender a convivir con ellas, que nos sirvan en lugar de que algunos perversos las utilicen contra nosotros. ¿Y el amor? Creemos que siempre ha estado aquí, acechando el momento más inoportuno para dejarse ver, para adueñarse de los sentidos, para desatar las emociones, para revolver los sueños, para instalarse como el filtro único a través de cual ver u ocultar una realidad que, repentinamente, se volvió monocromática y sin sentido. Nos conviene creer que es un reflejo malhecho de esa relación entre las divinidades, cualesquiera que sean, y sus creaturas primigenias. Que le otorgan sentido a lo que, de otra manera, se quedaría como un capricho ególatra: los dioses hicieron a los humanos para que estos los alabaran, para que les tuvieran agradecimiento eterno, para jugar sádicamente con ellos sometiéndolos a incontables pruebas de fe ciega. No, mejor creer que nos hicieron porque nos querían mucho, porque querían que alguien disfrutara de sus fabulosas creaciones. A diferencia de otras mitologías más amables, menos asfixiantes, con una visión vital más placentera. Nuestra herencia, impuesta, judeocristiana, pierde de vista que el amor, o la idea que tenemos de él y que se apodera de nuestro actuar y pensar, tiene contextos históricos específicos. Que no es lo mismo el amor por conveniencia, ese que aseguraba la sobrevivencia de un grupo humano frente a otros quizás más agresivos, ese que daba certidumbre a la posesión de cosas materiales, incluyendo las mujeres y los hijos, por lo mismo tan en boga hasta tiempos recientes; que el “amor romántico”, ese que queriendo deshacerse de las conveniencias colectivas, ensalza el individualismo y refuerza la exclusividad de las relaciones pasionales del macho frente a su “objeto amoroso”. Además, la versión oficial de nuestros mitos inicia con la creación de la mujer como una parte del hombre, dependiendo su existencia de ese supuesto primer ser originado por el amor divino. No estamos ignorando la otra esquina del triángulo monoteísta: el Islam, pero todavía, religiosamente, nos pesan más los otros dos. Además, ese amor romántico ha servido para alimentar falsas esperanzas en un mundo donde las desigualdades sociales se profundizan y perpetúan. Ese supuesto amor que todo lo puede, que todo lo suple, que todo justifica, hasta conseguir la mezcla de clases sociales o el matar “porque eres mía o de nadie”, encubre las realidades que duelen: los ricos se casan entre ellos, solo en las manipuladoras telenovelas o en las palomeras películas disque románticas ocurre algo diferente. Además, perder el sentido histórico del amor lleva a seguir creyendo que la pareja es propiedad privada, y la violencia se normaliza hasta en el discurso amoroso: te celo porque te quiero, te pego porque te amo —a mí me duele más que a ti—, te controlo para protegerte, violo tu intimidad para que a los otros no te les antojes, ya sabes cómo soy y me provocas, prometo no volverlo a hacer, hasta que te mate el espíritu y la vida.

viernes, 26 de mayo de 2017

EL ESTADO QUE DEJÓ DE EXISTIR

Mis neuronas no lo registran, por más que busco alguna conexión que encuentre una década de mi vida sin la palabra “crisis” en todas aparece, quizás un poco difusa en la primera si nos referimos únicamente a la económica, pero si ampliamos el rango a lo político ni por donde escaparse, allí está el 68 mexicano, poco entendido en su momento por el papel lacayuno de los medios de comunicación, pero persistente y con la suficiente fuerza para poder ser reflexionado e indagado posteriormente. Hay crisis que parece que duran poco y otras que se extienden eternamente, algunas que no se diferencian claramente porque se superponen, se mezclan, se enredan como queso oaxaqueño o charamusca guanajuatense. En las tres décadas más recientes nos hemos pasado parte de nuestra vida —y ahora sí abro la experiencia a toda mi generación—, tratando de explicar qué pasa con este riquísimo y diverso país, y una casta política —incluyendo empresarios, líderes religiosos y criminales desembozados— que se empeña en destruirlo. Que si es la transición a la democracia, que si es una democracia pasmada, que si es un estado fallido, que si es una democracia neoliberal a lo bestia, que si es... lo que sea menos democracia. Como muchos, el académico y analista Lorenzo Meyer ya se cansó de hipótesis fallidas y parece que tocó fondo, en su columna Agenda Ciudadana, en el diario Reforma del 18 de mayo pasado escribe: «Para una escuela de pensamiento, el Estado es una construcción ideológica que pretende que hay un ente político que está por encima de intereses particulares para defender el general pero que, en la práctica, es una máscara que encubre lo que realmente está fallando: los arreglos políticos entre facciones, intereses e instituciones y que nunca han tenido como meta el "interés general" sino apenas mantener la estabilidad y legitimidad de un arreglo que beneficia a unos más que a otros.» De veras, uno creería que el conjunto de instituciones que se mantienen con nuestros impuestos existe para detectar necesidades y resolver los problemas que nos afectan a todos: nuestra salud, seguridad, educación, trabajo digno y salario remunerador, alimentación, cultura, vivienda, vialidad, descanso, lo que tenga que ver con una vida digna y el disfrute de todos los derechos humanos. Pero en México eso está en proceso de desmantelamiento o de plano dejó de existir. «Todos los grupos en control de algunas de las diferentes partes del aparato gubernamental —Presidencia, secretarías de Estado, gubernaturas, municipios, etcétera— y en alianza con intereses privados, incluyendo al crimen organizado, se han lanzado a extraer el máximo de recursos en el menor tiempo posible sin importar el daño que causen al equilibrio histórico —siempre precario— entre clases, regiones, intereses y grupos. [...] el Estado no existe. Lo que ha fallado y de manera dramática no es ese ente fantasmagórico sino la capacidad de la clase dirigente y sus instituciones para autolimitarse, para moderar su desenfreno en la extracción de riqueza. De continuar por ese camino de corrupción, ineptitud, violencia y desigualdad, México, como nación, seguirá perdiendo sentido.» Y esa pérdida de sentido se está acelerando a ojos vista, allí están los procesos electorales, señaladamente el del Estado de México, con su cauda descarada de compra de votos y la intervención de todo el gabinete presidencial y los intereses corruptores que lo acompañan, y parece algo normal o lógico, tanto, que nadie se atreve a declarar que eso ya no sirve, que es un fruto envenenado que podemos negarnos a tragar. Dicen los que saben, que los partidos políticos buscan lo mismo por diferentes caminos, ese “interés general” que menciona Lorenzo Meyer. Como existen diversas formas de interpretar la realidad y de intervenir en ella para cambiarla, o intentar mantenerla si a algunos les conviene, los ciudadanos se organizarán, o simpatizarán y/o votarán por el partido que juzguen tiene la versión más acertada, que coincide con sus intereses para señalar cuál es, en ese momento, el “interés general”. Por eso hay propuestas que son contrarias entre sí, por eso existe la separación entre izquierda y derecha, entre liberales y conservadores, entre demócratas y autoritarios, entre revolucionarios y reformistas, eso es lo que le da sentido a que se reconozca la existencia de partidos políticos diferentes. Y por eso también, sabemos que es un engaño cuando partidos con propuestas o plataformas electorales radicalmente distintas plantean una alianza, coalición, o candidatura común; porque están vendiendo algo que en la realidad no existe: un alebrije político. Lo que sí hacen es contribuir a esa crisis de inexistencia de un Estado que debiera estar allí porque es necesario. Desvelan sus muy particulares intereses y el crónico valemadrismo por ese “interés general”. Dos muestras más, opuestas pero que apuntan en la misma dirección, la boda de la hija del casi eterno líder petrolero Romero Deschamps, con la presencia y participación de priistas, panistas, perredistas y disque independientes, se supone que todos aborrecen la corrupción, el latrocinio, el corporativismo que secuestra las voluntades y conciencias, pero allí estaban como lo que son, la misma casta política autocelebrándose. La otra, la salida de un grupo importante de organizaciones no gubernamentales que reniegan de pertenecer a un mecanismo que trabaja, junto con instancias oficiales, señaladamente la presidencia de la república, en contra de la corrupción y por la transparencia. Misión imposible con los que no entienden que no entienden.

sábado, 20 de mayo de 2017

YA BASTA

Joaquín Córdova Rivas “Si el narco tiene este poderío, es porque el Gobierno lo ha permitido, o porque está sometido, porque no está o porque es cómplice". Javier Valdez. Periodista asesinado el 15 de mayo en Culiacán, Sinaloa. Con el ejército en las calles, en las avenidas, en las carreteras, acudiendo a lugares públicos donde las autoridades civiles terminan por dejar hacer porque no les interesa la seguridad, ni la legalidad, ni resolver problema alguno, solo clavados en saber quién puede ser el más corrupto, quién compra lealtades perversas mientras dura la conveniencia, quiénes se tapan unos con otros para protegerse entre todos. Quien denuncie o intente informar o hacer algo, queda en el blanco de los grupos criminales que no dudan en deshacerse de ellos, lo mismo si es el crimen organizado o los funcionarios corruptos que les dan información, protección, complicidad y tolerancia. Caen periodistas y activistas de todo tipo, todos les estorban, a todos los quisieran eliminar. Acudiendo a la memoria, conviene traer a cuento las advertencias que los demócratas norteamericanos enviaron, con creciente frecuencia, a la casta política mexicana antes de las elecciones internas presidenciales de ese país. Tanto Hillary Clinton como la actual embajadora Roberta Jacobs, aprovechaban conferencias de prensa o clases magistrales en diversas universidades para manifestar su alarma ante la creciente y descarada corrupción de nuestros políticos. Si bien el capitalismo neoliberal es tolerante ante la corrupción que le conviene, en exceso deslegitima esa concentración de la riqueza producto del mal llamado libre mercado. El capitalismo de compinches —donde unos cuantos allegados al centro de poder político son los beneficiarios exclusivos de privatizaciones, de concesiones amañadas, de privilegios fiscales, de una legalidad tramposa y hecha a la medida—, choca de frente, pero no lo hace mejor, al capitalismo donde los más grandes simplemente se tragan a los más chicos. Vamos, para estos últimos, la corrupción excesiva cambia las reglas del juego a un grado que ya no pueden tolerar, porque son desplazados por unos cuantos sinvergüenzas que no pertenecen, ni serán aceptados nunca, en su élite. Por eso el círculo peñista se apresuró a intervenir descaradamente —no lo saben hacer de otra manera—, en las elecciones del vecino del norte tratando a su candidato preferido, el señor Trump, como presidenciable, esperando que la persecución en su contra se detuviera tantito, pero la maquinaria ya estaba echada a andar, y aprovechando que desde sus bancos los egresados del nuevo PRI mueven sus cuentas a otras partes del mundo —Mónaco, Islas Cayman, España, Suiza y demás—, les están cayendo dejándolos a la vista de todos. No están, los norteamericanos, haciendo justicia, ni les interesa la ética o la honestidad, simplemente se están vengando de las “bad hombres” que les hacen trampa. Dicen que las elecciones del Estado de México serán la antesala de las presidenciales del 2018, que los partidos, candidatos, medios de comunicación y grupos de interés están probando límites y su capacidad de movilización y/o compra de votos, pero se les olvida el verdadero protagonista de la historia que también los está observando y probando: la ciudadanía desesperada por un cambio. Si las elecciones locales de este 2017 muestran que la vía electoral no es transitable para arreglar lo descompuesto, esperar que haya alguna esperanza para el 2018 no será creíble, y habrá que explorar otras formas. Por eso la urgencia de algunos para legitimar el estado de excepción que ya vivimos cotidianamente y que no quieren invocar abiertamente. Legalizar el actuar de las fuerzas armadas —ejército y armada—, en las calles, sería su única posibilidad de frenar violentamente cualquier intento de salirse de esa legalidad electoral tramposa. Sería su última carta y están dispuestos a jugársela el todo por el todo. Otra de maestros, pero de Media Superior —prepas y bachilleratos—, porque siempre se habla de educación básica. No se trataba de oponerse nada más por llevar la contraria, con todo y las evaluaciones de la pareja SEP-INEE los profes queretanos están en el sexto lugar de los estados con menos porcentaje de los calificados como “insuficientes” con un 11.6 por ciento, mientras la media nacional es de 17.7. Apenas nos superan con menos “insuficientes” —en porcentaje—, los estados de Quintana Roo, Hidalgo, México, Chihuahua y Campeche. Habría que considerar que los datos publicados por el Servicio Profesional Docente son confusos ya que varían de una tabla a otra y entre gráficas que supuestamente establecen las mismas comparaciones, pero según las cifras disponibles los maestros queretanos de Media Superior lograron en un 19.83 por ciento ser evaluados con los conocimientos y habilidades “suficientes” para tener su materia frente a grupo. El 41.74 se ubica como “bueno”, el 5.79 como “destacado” y el 7.85 como excelente. Los que de plano no se presentaron a ser evaluados por diversas causas, principalmente por no estar de acuerdo con el proceso y la reforma educativa, aunque muchos de los que sí se presentaron tampoco estaban conformes con ello, fue el 13.22, de los más altos después de Michoacán, Chiapas y Guerrero. Así están las cosas.

NO ES LO MISMO

Joaquín Córdova Rivas Cuando algo marcha mal en el proceso de ser cada vez mejores seres humanos, cuando parece que nos hundimos en el fango de la corrupción, de la intolerancia, del individualismo y de la incompetencia, aparece la tabla salvadora de la educación como la mejor alternativa para curarnos de esos y otros males. Ahora que los avances tecnológicos amenazan con volvernos obsoletos, en que la tecnobiología presume saber de lo humano más que nosotros mismos, la singularidad sentimental y emotiva, las infinitas posibilidades de relacionarnos con los otros, nos saca de sus omnipotentes algoritmos y reivindica que somos mucho más que la simple suma e interconexión de células, neuronas, órganos o lo que sea. Sabemos que somos mucho más que la simple acumulación de experiencias, habilidades o técnicas, que ser humanos escapa a las determinaciones de cualquier ciencia. “El hombre llega a serlo a través del aprendizaje. Pero ese aprendizaje humanizador tiene un rasgo distintivo que es lo que más cuenta de él. Si el hombre fuese solamente un animal que aprende, podría bastarle aprender de su propia experiencia y del trato con las cosas. Sería un proceso muy largo que obligaría a cada ser humano a empezar prácticamente desde cero, pero en todo caso no hay nada imposible en ello. De hecho, buena parte de nuestros conocimientos más elementales los adquirimos de esa forma, a base de frotarnos grata o dolorosamente con las realidades del mundo que nos rodea. Pero si no tuviésemos otro modo de aprendizaje, aunque quizá lográramos sobrevivir físicamente todavía nos iba a faltar lo que de específicamente humanizador tiene el proceso educativo. Porque lo propio del hombre no es tanto el mero aprender como el aprender de otros hombres, ser enseñado por ellos. Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos «cultura» sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias.” Fernando Savater, El Valor de Educar. https://www.ivanillich.org.mx/Conversar-educar.pdf Los tecnócratas sueñan con un mundo donde la educación escape de casi cualquier presencia humana —individual o colectiva—, para ellos lo ideal es que cada individuo, conectado al ciberespacio con el cordón umbilical de una computadora, Tablet, o cualquiera de estos artilugios, siendo diagnosticado su “estilo” ideal de aprendizaje, teniendo guardado en poderosas bases de datos sus “preferencias” y las necesidades de los mercados globales, sea “educado” de la manera más conveniente ¿para quién? Y entonces deshacerse de los molestos profesores que, como todo humano está sujeto a contingencias que algunos ven como comportamientos indeseables: se enferman, quieren que se reconozca su labor, se organizan para defender sus intereses, opinan y quieren que se les considere al momento de tomar decisiones sobre lo que hacen o pueden hacer, se solidarizan y empatizan con los niños y jóvenes con quienes conviven cotidianamente, no pueden ser indiferentes y dejar pasar lo que les parece malo o criticable. Pero es que adiestramiento y educación no son lo mismo. “Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento. De todas estas creencias optimistas puede uno muy bien descreer en privado, pero en cuanto intenta educar o entender en qué consiste la educación no queda más remedio que aceptarlas. Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla... y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros.” Ya lo tratamos en otro texto, no cualquiera puede y debe dedicarse a educar. Al contrario de los que no saben de qué va el asunto, la actividad educadora “formal” —para diferenciarla de todas las demás—, no puede medirse por las horas frente a un grupo de estudiantes, tampoco se puede igualar —ahora le dicen homologar— a cualquier otra actividad laboral, no es solo cuestión de tener los conocimientos básicos en varias disciplinas y saberlos relacionar conociendo sus interacciones, también es de actitud, de interesarse por los otros más allá de los números que marcan asistencias, calificaciones, es más que acreditar que se lograron desarrollar conocimientos, que se arraigaron valores, que se está éticamente comprometido con todo y con todos, es —y vale la pena repetirlo— lograr ser mejores seres humanos y eso ningún algoritmo lo puede hacer. Coincido con Fernando Savater: “Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra «valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo e impotencia y por eso la profesión de maestro —en el más amplio sentido del noble término, en el más humilde también— es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a depresiones, a desalentada fatiga acompañada por la sensación de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada.”

NIÑOS EN CRISIS

Joaquín Córdova Rivas No votan, no marchan porque no es su manera de expresarse, pocas veces se les considera para consultarles su opinión, de hecho, infantia “no significa puramente en latín «incapacidad de hablar», puesto que el verbo fari no es simplemente «hablar», sino hablar o expresarse en público, o si se quiere, expresarse de una manera inteligible para otros”. Por lo cual se considera a la infancia como el periodo de tiempo entre el nacimiento y los 7 años, porque a esa edad los niños “comenzaban a acudir a los ludus o escuela de primeras letras, y empieza a tener una expresión pública”. http://etimologias.dechile.net/?infancia Por adjudicarles esa incapacidad de no poder hablar, o de que no se les entiende lo que pueden expresar, los adultos lo hacemos por ellos, o al menos eso queremos hacernos creer. Y entonces el llamado día del niño (y de la niña, por si hace falta aclararlo) es uno en el año, debe ser el 30 de abril y “celebrarse” dándoles dulces, comida chatarra o algún regalo para irlos convirtiendo en consumidores de cosas que ni necesitan, y eso si bien les va. Pero cualquier fecha sirve para repasar la situación de esos infantes mexicanos, que solo están en crisis en las mentes malvadas de los adultos que no creemos en la propaganda oficial. Evitando caer en el fetiche comercial, UNICEF México presentó el 3 de mayo de este año, su Informe Anual 2016, en el apartado inicial con el título “Una oportunidad justa en la vida”, señala que «En México, un tercio de la población —unos 40 millones de personas—, son niños, niñas y adolescentes, de los cuales 21 millones (el 54%) viven en condiciones de pobreza y 1.5 millones sufren desnutrición crónica.» Los números puede que pasen desapercibidos en nuestra mente apabullada cotidianamente por cifras que parecen absurdas si no fueran ciertas, pero saber que más de la mitad de nuestros niños viven en pobreza, contrasta con la campaña oficial que nos quiere convencer que estamos cada día mejor, y que señalar cosas como estas es por ganas de llevar la contraria. Saber que, con todo y la millonada que supuestamente se gasta en programas sociales, en mantener nuestra moneda en niveles “aceptables”, que a pesar de las bondades de las reformas estructurales, que nos están llevando directo al paraíso, tenemos un millón y medio de infantes en desnutrición crónica, constituye un golpe al ego público nacional y un desmentido a los economistas que se desgañitan en los noticieros preguntando “¿cuál crisis?” Muy en su papel, UNICEF presenta las acciones que realiza para disminuir o intentar acabar con esa absurda realidad, nada digna de la decimosegunda economía del mundo. Si alguien quiere saber de esos afanes, convencerse de que hay que hacer algo, o por lo menos convertirse en donador si el tiempo no le alcanza para contribuir de otra manera, puede entrar al sitio www.unicef.org.mx o en http://bit.ly/2ptXJle En el apartado llamado “Protección Integral de Derechos” se menciona que «En México, 6 de cada 10 niños han vivido algún tipo de violencia en el hogar, y la mitad de las y los adolescentes del país, han sufrido algún tipo de agresión psicológica.» Como era de esperarse en un país que padece de una espiral de violencia, el contexto de desarrollo infantil necesariamente refleja sus efectos; ese ambiente de supuesta guerra contra el narcotráfico que se desarrolla en nuestras calles y espacios públicos, y no en las cuentas bancarias de los cárteles y de nuestros corruptos gobernantes, permea los espacios más íntimos, y los niños también son víctimas en ese contexto familiar que debería protegerlos y garantizarles derechos para su desarrollo adecuado. Hay que mencionar que los datos corresponden a cifras oficiales, principalmente de la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el INEGI. Tanto que se habla de la supuesta Reforma Educativa y no hemos podido cumplir con lo más básico. En lo correspondiente a Educación de Calidad para Todos, encontramos que: «En México, más de 4 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera de la escuela. Además, más de 600 mil podrían dejarla si no se crean estrategias para evitarlo.» Esto ya lo conocíamos, cada año más de medio millón de niños y jóvenes mexicanos son abandonados por un sistema educativo que cuida más la disciplina y las formas, que en promover algo tan indispensable y barato como la lectura, y es que leer nos vuelve reflexivos y críticos, y eso a nuestro gobierno no le conviene, no podría comprar votos, ni indigestarnos con su verdad histórica, ni convencernos que la crisis habita en nuestra mente y no en la realidad del día a día. ¿Cuál es el presente y el futuro de esos 4 millones que ni siquiera están en la escuela? Hay que romper con esa definición etimológica de infancia, que más parece condena, organizaciones especializadas en trabajar con este segmento de la población lo tienen bien claro: «Contar con las voces de las y los niños y adolescentes es fundamental para guiar las políticas que tienen impacto en sus vidas, por ello UNICEF apoyó la creación de una Guía nacional sobre participación infantil y realizó foros de participación infantil en Ciudad de México, Coahuila, Guerrero, Nuevo León y Sonora.» Hay que realizar foros de esos en nuestras escuelas queretanas, bien hechos, sin la intención de manipular sus efectos y resultados, con la asesoría y vigilancia de quienes saben hacerlos. Como bien dijo Christian Skoog, representante en México de esta organización: “La visión de UNICEF para los próximos años es un mundo en el que nuestro trabajo ya no sea necesario, un mundo en el que cada niño esté sano, seguro, educado, atendido y protegido. Por ello, cada año continuamos redoblando esfuerzos, para trazar nuevos caminos que permitan colocar en la agenda nacional a la niñez en condiciones más vulnerables.” En eso debemos coincidir todos.

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS?

Joaquín Córdova Rivas Debe haber algo que le dé sentido a la vida, no como simple proceso biológico de nacer, crecer, reproducirse y morir; sino a la existencia de cada uno, que le otorgue significado a los afanes diarios, a levantarse de la cama, ir a la escuela o al trabajo, enfrentarse a los problemas cotidianos y excepcionales, a sentirse satisfecho ante la certeza de morir en cualquier momento. Algunas culturas pregonan la búsqueda de la felicidad, otras el estar en paz con uno mismo y con los demás. El “humanismo”, que quizás tenga mucho de egoísmo, nos proclamó la especie superior en un planeta que parecía inagotable, resistente a todo intento por destruirlo incluidas el resto de las especies no humanas. Pero topamos con que todos estamos relacionados y dependemos de los demás, hasta de los que no identificamos con un colectivo y vaporoso “nosotros”. Entre más trepados en la escala social, política o económica, más daño podemos hacer. Por eso son notorios los casos de grandes empresarios, de presidentes, secretarios de estado, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, que se corrompen, que se “echan a perder”, que se pudren y degradan a los que están a su alrededor. Los grandes ladrones, esos que han sido tan desvergonzados y estúpidos como para ser detectados por una sociedad harta de sus abusos, sin contar todavía a los que nadan de muertito para no llamar la atención, no son monstruos excepcionales, tampoco personajes de gran inteligencia y valentía, apenas son más corrientes y comunes que todos los demás. ¿De qué están hechos? Caigamos en la provocación y personalicemos. ¿Cómo un niño gordito y de voz chillona se convirtió, antes de los 40 años, en otro de los saqueadores —porque los anteriores y el que le sigue tampoco deslumbran por honestos— de uno de los estados más ricos en recursos de todo tipo, pero con una población muy pobre? ¿Sus mayores —padres, abuelos, tíos, profesores— lo maltrataban, se burlaban de él, o le cumplían todos sus caprichos aunque nada se mereciera? ¿Nadie lo previno de que por muchas casas, ranchos, departamentos de lujo tuviera, su cuerpecito solo haría posible que disfrutara —es un decir— uno a la vez? ¿Alguien hizo el favor de decirle que aunque comprara muchas chucherías caras solo podría utilizar una cantidad limitada sin poder cargárselas todas para presumirlas? ¿Alguna alma caritativa, que lo quisiera un poquito, le advirtió que sus corruptelas dañarían irremediablemente la vida de otros y que lo convertirían en un personaje repudiado, digno de burla y odio, parapeto para proteger a muchos otros que han hecho y hacen los mismo que él? La atención mediática ha sigo intensa, mucho más que la de la “justicia” enlodada que se presta a negociaciones nada éticas. Ya le pasó al hijo de Pablo Escobar Gaviria, por mencionar un caso, quien a pesar de cambiarse de nombre, vivir fuera de su país, las acciones de su padre lo alcanzaron desde muy joven y se ha convertido en activista en favor de los principios y valores que su padre desdeñó, teniendo que asumir algunos de los costos de los daños provocados. ¿Para qué arriesgar a los descendientes directos a un proceso similar o más cruel? No es lo mismo ser hijo de fulano de tal, o de cualquiera que quizás no haya destacado en algo más que en ser congruente, amoroso, solidario y honesto, que llevar el apellido por línea directa de alguien que simboliza la corrupción, el agandalle y concentra el repudio social. ¿En eso los corruptos tampoco piensan? Los miles de millones de pesos robados, “desviados” como dicen los cronistas oficiales, no son solo billetes, representan obras sociales que no se hicieron —hospitales, médicos, enfermeras, equipamientos y medicamentos suficientes para que no enfermen y mueran seres humanos; también escuelas, mejores maestros, más libros, menos ignorancia; más autopistas y carreteras para acercar los productos, para detonar el crecimiento de regiones pobres y apartadas; más cultura para saber disfrutar de la vida—. En lugar de eso lo “logros” quedan en más muertes, más fosas clandestinas, más mujeres violentadas, más pobreza y desesperanza, más enfermedad e ignorancia; menos prensa y opinión pública y más periodistas asesinados; más inseguridad y delincuencia. No nos perdamos en los números, en los miles de millones de pesos que no hay cómo gastárselos porque no se puede transar con la muerte, con el repudio de los demás, no se pueden comprar tantas conciencias como para que sirvan de escenografía a una felicidad hueca y estúpida, sus corruptelas —ahora sí en plural—, atentan contra la calidad de vida de todos, y eso no se los podemos permitir.